miércoles, 6 de julio de 2016

Hidroterapia

TEMA 12: LA HIDROTERAPIA

Antecedentes
Los antecedentes históricos de la hidroterapia pueden encontrarse entre los médicos egipcios, como ya hemos visto, quienes aconsejaban mantener un alimentación saludable, practicar gimnasia y someterse a esta técnica terapéutica; y entre las mujeres macedonias con sus costumbres de tomar baños de agua fría tras el parto con el fin de detener las posibles hemorragias gracias a su efecto vasoconstrictor. Asimismo, Hipócrates, ya en el siglo IV a. C., consideraba la hidroterapia como un método terapéutico eficaz que constaba en baños alternantes, agua marina, baños de vapor y compresas húmedas. Este mismo veía las enfermedades como desequilibrios del cuerpo y el agua era un instrumento para equilibrarlo, tal y como señalamos líneas más arriba.
En la época romana fueron construidas termas públicas, repartidas entre la mayoría de las ciudades. Las técnicas hidroterapéuticas eran similares a las utilizadas en Grecia, es decir, la búsqueda del equilibrio corporal. Es interesante mencionar que una de las aplicaciones más comunes para el tratamiento de las enfermedades reumáticas fue la aplicación de descargas eléctricas de la raya eléctrica, también llamada pez torpedo. Incluso el propio médico del emperador romano Claudio, Escribonio Largo, también aconsejaba esta técnica para tratar la migraña.

¿Qué es la hidroterapia?
Se trata del uso de diferentes técnicas o formas de aplicación del agua con una finalidad de tipo terapéutica. Este empleo del agua desde el punto de vista médico es tan antigua como el hombre, y es que ya era utilizada en los templos consagrados al dios griego de la medicina, Asclepio, de ahí que los balnearios recibieran el nombre de asclepias. Concretamente, fue el griego Hipócrates quien estableció las primeras normas para usar el agua como terapia, es decir, conocer sus propiedades y efectos en el enfermo. Más tarde, Galeno y Celso demostraron, en su caso en Roma, los efectos curativos de esta sustancia. Se puso de moda en aquella época porque, según se cuenta, un reputado médico llamado Antonio Musa salvó al enfermo emperador Augusto gracias a un procedimiento basado en agua fría no solo bebida sino también aplicada por todo el cuerpo. Además, también curó al afamado poeta Horacio, quien padecía una afección en el globo ocular.
Posteriormente, en la Edad Media cayó en desuso debido a motivos religiosos y se utilizó más la fitoterapia. Así, esta técnica no resurgió hasta el siglo XIX de la mano de Vincenz Prießnitz, al cual se le llama padre de la medicina alternativa.
Sin embargo, no es el agua en sí la que produce efectos terapéuticos, sino su capacidad de almacenar y transmitir estímulos térmicos, bien frío, bien calor, a nuestro cuerpo. La capacidad que tiene el agua para almacenar el calor es muy considerable, y también conduce la temperatura incluso mejor que el aire. Por lo tanto, si aplicamos agua caliente a una persona, aumentará su temperatura y su riego sanguíneo. Por el contrario, la aplicación de agua fría produce vasoconstricción, con su consecuente disminución del riego sanguíneo.
A lo largo de la Antigüedad no había no se conocía una distinción entre los diferentes tipos de aguas, tal y como la conocemos hoy en día. Sin embargo, las nociones de los antiguos en hidrología dejaron constancia de que sí se sabía sin problema alguno que hay aguas más suaves que otras, con más sales y con  diversos elementos químicos y peculiaridades. Así pues, el estudio de los escritos de los antiguos permite establecer una clasificación hidrológica del siguiente modo:
·        Las aguas vitriólicas, que son corrosivas debido a su contenido de sulfato de zinc.
·        Aguas ferruginosas, con un importante contenido de hierro.
·        Aguas sulfurosas, que están también dentro de la clasificación actual.
·        Las aguas bituminosas son las que contienen sustancias como betún o alquitrán.
·        Aguas aluminosas. Son aguas que contienen óxido de aluminio.
·        Finalmente, las aguas salinas y/o nitrosas. Es destacable que muchos autores, entre los cuales debemos mencionar a Celso, que las mencionaron, aunque la distinción entre ambas es difícil: destilat autem de capite interdum in nares, quod leve est; interdum in fauces, quod peius est (IV, 5).
Por su parte, Tales de Mileto decía que el agua daba origen a todo y más tarde surgieron filósofos que defendieron que el fuego era el elemento principal del mundo. Después surgió la teoría de que los elementos principales son el aire, el fuego y la tierra. Así pues, la trascendencia del agua llevó a Vitruvio a dedicar el octavo libro de su De Architectura a las cualidades de esta, las formas de obtener la de mejor calidad y sus usos. La idea general que expresaba este autor para obtener el agua era explotar los manantiales donde este líquido preciado brota hacia el exterior o mediante obras donde la ingeniería entra en juego, desde cavar simples hoyos hasta llevar a cabo auténticos desafíos arquitectónicos. No nos pararemos a mencionar todos los lugares donde, según Vitruvio, se puede conseguir agua ni todas sus cualidades, sino que nos referiremos solamente los más destacables. Para esto hemos de establecer una diferencia entre lugares donde se halla una excelente agua de forma escasa y lugares donde se halla de forma abundante:
·         Lugares con agua escasa de gran calidad:
§  Tierra negra. Las gotas estancadas fruto de las lluvias del invierno.
§  Terrenos de grava. Poseen vetas de agua muy suave.
§  Entre rocas ricas en sílice, como el granito y el cuarzo.
·         Lugares con agua abundante de gran calidad:
§  Terrenos de arena gruesa y tierra rojiza. Poseen vetas permanentes, sobre todo entre piedras rojas.
§  Faldas de los montes. En forma de manantiales.
§  Entre valles boscosos.
Uno de los indicadores naturales de la presencia de agua en el terreno es la vegetación, como sugiere Vitruvio (VIII, 1, 3): signa autem, quibus terrarum generibus supra scriptum est, ea invenientur nascentia: tenuis iuncus, salix erratica, alnus, vitex, harundo, hedera aliaque, quae eiusmodi sunt, quae non possunt nasci per se sine umore.
Por otra parte, es lógico que estos yacimientos deben ser completamente naturales, sin que tales plantas hayan sido cultivadas. En este caso, el agua, según el testimonio del autor que hemos mencionado, ha de ser extraída preferiblemente en las zonas donde no haya una exposición directa al sol. Por esta misma razón, el agua de las llanuras no goza de la mejor calidad, y por ello también los manantiales de las zonas con menos luminosidad poseen agua de gran calidad, ya que están orientados en sentido opuesto al curso del sol (Vitruvio, De architectura, VIII, 1, 6)
Vitruvio dedicó, además, un capítulo para hablar concretamente del agua que se obtenía a partir de la lluvia. El ciclo del agua ya se podía encontrar en sus escritos, lo cual es un claro ejemplo de que la ciencia de aquella época concuerda en muchos aspectos con las teorías científicas actuales. Así, el agua de la lluvia que cae en las montañas, al igual que el agua de la nieve fundida, alimenta sus salutíferos manantiales y sus ríos. En definitiva, la mejor agua, según él, es la que procede de las fuentes o manantiales montañosos orientados hacia el sur y poco expuestos a la luz solar, a menos que el recorrido del agua pase por zonas ricas en azufre, metales pesados, alquitrán, etc.
En el campo de la salud, gracias al testimonio de Vitruvio, poseemos la clasificación que empleó este autor para los tipos de agua, atendiendo a los beneficios para la salud, es la siguiente  
·        Aguas sulfurosas, útiles para tratar enfermedades de tipo nervioso.
·        Aguas aluminosas, para tratar la parálisis de las extremidades.
·        Aguas bituminosas, las que eran usadas para tratar las enfermedades internas gracias a su efecto purgante tras ser ingeridas, algo completamente desaconsejado en la actualidad.
Por otro lado, y al margen de la ingesta de agua, podemos dividir la hidroterapia en dos vertientes: la balneoterapia, donde son usadas aguas minero-medicinales, y la talasoterapia, donde la empleada es el agua del mar. Las técnicas para llevar a cabo este tipo de terapia también varían: destacan los baños calientes, los cuales pueden ser parciales o totales, y sus efectos son ideales para la relajación de la musculatura y para tratar cólicos renales e insomnio. Al igual que estos, los baños fríos también pueden ser totales o parciales, y su función va desde la activación de la irrigación sanguínea hasta la producción de calor reactivo pasando por la disminución de la temperatura corporal. El agua fría produce una excitación fuerte en la sensibilidad periférica de forma centrípeta hacia las áreas corticales del cerebro, lo cual causa actos reflejos en la periferia y en los vasos sanguíneos de la superficie dérmica. Ello se traduce en una sensación de reanimación, pues regulariza las funciones nerviosas. Por lo contrario, el agua caliente está asociada a la relajación muscular y a la limpieza de la piel.
La sociedad romana pasó por una época en la que destacaban los baños fríos y, posteriormente, por una época en la que los baños calientes eran la moda, tal y como señala Villavicencio Vargas en su Manual de hidroterapia. Otro tipo de baños, también muy presentes en nuestros días, es la aplicación de vapor de agua, ideal para la eliminación de toxinas, el agotamiento físico y problemas con las vías respiratorias.
Asimismo, una práctica usual desde la Antigüedad ha sido realizar envolturas, lo que consiste en envolver una parte o todo el cuerpo con piel, un paño de lino o una manta de lana. Las envolturas frías tienen la función de absorber el calor, si se vuelven a mojar cuando se calienta el cuerpo, producir calor, si se quita al empezar a sudar, y provocar sudor si se dejan. En cuanto a las envolturas calientes, han sido poco utilizadas.
Otra parte importante de la hidroterapia es también la de los lavados. Este sistema funciona mediante la aplicación de una suave fricción en la superficie cutánea con un paño o toalla, previamente humedecida con agua fría, por las partes del cuerpo, según las necesidades: por todo el cuerpo para casos de enfermedades infecciosas o la fiebre; por el tronco y los brazos para afecciones en el aparato respiratorio; por las extremidades inferiores y la cintura para obtener efectos sedantes. Para aplicar esta técnica, el cuerpo ha de estar caliente antes de recibirla y calentarse después. No se ha de mojar la ropa o la cama del paciente, y la habitación ha de tener una temperatura adecuada para que surta efecto. La causa del éxito es debida a que favorece la eliminación de toxinas, activa el sistema respiratorio y el sistema circulatorio. El lavado debe ser aplicado después de las envolturas.
Aprovechando el estímulo mecánico del agua a una distancia, temperatura y presión adecuada a lo largo de todo el cuerpo, los chorros de agua ayudan a lidiar con problemas circulatorios, con el estrés y con contracturas. A pesar de todo, las contraindicaciones para cada uno de los métodos terapéuticos no han de ser tomados a la ligera si se desea realmente obtener beneficios para la salud. Con ello nos referimos a que hay una serie de requisitos a la hora de someterse a cualquier tratamiento. Entre otras cosas, el paciente no debe tomar un baño caliente si padece hipotensión, pues la relajación producida por el agua caliente empeoraría este problema. Igualmente, si el paciente padece del sistema circulatorio, un baño con agua fría solo agravaría su afección.

La hidroterapia en Roma

Tal y como señalamos unas líneas más arriba,  las termas en Roma fueron introducidas en los espacios públicos. Ahora bien, el desarrollo de estas se debe mayormente a los médicos jonios. En Roma, fueron establecidas en el siglo III a. C. Las construcciones termales más antiguas de la península itálica eran las de Capua, las Termas Centrales de Cumas y las Estabianas de Pompeya. A partir de estas, la posterior diseminación de edificios termales tuvo lugar en todo el Imperio.
Concretamente, la palabra thermae proviene del griego θερμός, que significa “caliente”. Así se llamaba en un principio, en Roma, a los lugares donde había aguas calientes naturales. Los baños, tanto públicos como privados, recibían el nombre de balneum, balineum o balnea. Más tarde, tras el levantamiento de los baños de Agripa en Roma en el siglo I a. C., los cuales fueron el primer gran complejo termal abierto al público, se adoptó el término thermae para designar a los grandes baños públicos. Eran grandes obras de la arquitectura adornadas con mármoles, pinturas, mosaicos y esculturas. En general, eran lugares para practicar gimnasia y tomar baños con agua a distintas temperaturas. Aparte, ofrecían una serie de servicios que variaba de un establecimiento a otro: vestuarios, letrinas, piscinas cubiertas o descubiertas para nadar, salas de masaje, tiendas, bibliotecas, altares e incluso zonas habilitadas para la tertulia, donde los asistentes debatían sobre filosofía y comían y tomaban vino. Por eso mismo, más que un lugar de higiene y salud, era también un lugar de ocio. Destacaba la cella unctaria, donde los usuarios podían darse aceites, perfumes y ungüentos; la schola, lo correspondiente a una sala de espera; y el vestibulum, la entrada.
El recorrido usual en las termas era realizar primero ejercicios físicos, luego introducirse en una sala donde había que darse un baño a temperatura ambiente, el frigidarium, después el individuo debía bañarse con agua templada en una sala llamada tepidarium y, a continuación, con agua caliente en una sala llamada caldarium. Finalmente, tras la sala caliente, se pasaba a un sudatorium, donde se aplicaba vapor húmedo, es decir, vapor que arrastra partículas de agua no volatilizadas, o a un laconicum, que debe su nombre a los lacedemonios, pues estos practicaban muy a menudo estos tipos de baños.  Se trataba de lo siguiente: se exponía uno al calor del vapor seco, o sea, el vapor sobrecalentado cuya temperatura es mayor y su densidad es menor ya que el porcentaje gaseoso es muy superior. Para refrescarse ante tal temperatura, en estas salas calientes yacía una pila de agua fría llamada labrum. Para completar el ciclo, el bañista debía repetir el recorrido en sentido contrario, es decir, primero el caldarium, luego el tepidarium y después el frigidarium, y, por último, se iba hacia los vestuarios (apodyteria). Había termas donde estas tres habitaciones principales estaban repetidas, pero en las más pequeñas era necesario pasar por las mismas salas. La función de este recorrido a la inversa era cerrar los poros con el agua fría después de haberlos abierto en la zona caliente.
Desde el punto de vista administrativo, las termas podían ser estatales o municipales. La entrada podía ser gratuita o tener un precio muy asequible. También había termas privadas, cuya entrada solía ser más cara, según las características que ofertaba y según la gente para la que estaba destinado su disfrute. Hombres y mujeres podían acceder a ellas, pero era muy común que se establecieran rangos horarios para cada sexo o que las salas estuvieran duplicadas para que, así, hombres y mujeres tuvieran su espacio propio y no las compartieran.
Ahora llegamos al punto que realmente nos interesa en nuestra empresa: las termas medicinales. La estructura era similar a la de las anteriores, salvo que estas otras estaban adaptadas para servir como tratamiento médico para todo tipo de enfermedades, en especial las de tipo nervioso y circulatorio. Las primeras termas empleadas con esta finalidad fueron descritas por Vitruvio en su obra ya citada (II, 6, 2)
En definitiva, las termas medicinales se caracterizaban por poseer una cámara central circular cubierta por una cúpula cuyo centro albergaba un orificio, el oculus, que permitía el paso de la luz y del aire, regulados por un escudo sujetado a los muros. En el centro se encontraba una piscina cuya agua de manantial, o bien surgía ahí mismo, o bien era transportada mediante canalizaciones. La cámara central solía estar rodeada por salas más pequeñas con piscinas o bañeras.
Por su parte, Asclepíades de Prusa empleaba tratamientos de curación por inmersión en el agua del manantial, por exposición al vapor de la fuente y por ingestión del agua de la misma. Para el tratamiento por inmersión se necesita, pues, una piscina. Para el tratamiento con vapor es preciso un laconicum cubierto con una de las mencionadas cúpulas con un orificio regulable para así controlar el vapor. Por lo tanto, debido a las capacidades terapéuticas del laconicum, este fue adoptado por las demás termas que servían simplemente como baños públicos mientras que las termas que ya desde sus orígenes habían sido medicinales, como las de Aquae Sulis, se convirtieron en complejos termales que servían tanto como baños públicos como lugar de tratamiento terapéutico.
Esta técnica del vapor fue enteramente tratada por los médicos en la época de Octavio Augusto. Se estableció un sistema donde la alternancia de frío y calor tras la sudoración desintoxicaba el cuerpo y ayudaba a combatir los problemas circulatorios y nerviosos, como así lo indicaba Celso II, 17).
Tal y como sugiere G. Mora (pp. 128-129), Galeno también dejó sus consejos para aquel que se sometiera a la hidroterapia en las termas:
·         Sudar mediante dos opciones: ejercicio o estancia en el laconicum. Con esto, se expulsaría los malos humores y se purificaría la piel.
·         Darse un baño de agua caliente y frotar la piel y exfoliarla con una almohaza larga de metal llamada strigilis.
·         Tomar un baño de agua fría por inmersión para que se active la circulación.
·         Masajes con aceite y unciones de ungüento.

Selección de textos

·        Las fuentes cargadas de salud (Plinio, Naturalis historia, XXXI, 2, 4)

Emicant benigne passimque in plurimis terris alibi frigidae, alibi calidae, alibi iunctae, sicut in tarbellis aquitanica gente et in pyrenaeis montibus tenui intervallo discernente, alibi tepidae, egelidae, atque auxilia morborum profitentes et e cunctis animalibus hominum tantum causa erumpentes augent numerum deorum nominibus variis urbesque condunt, sicut puteolos in campania, statiellas in liguria, sextias in narbonensi provincia. nusquam tamen largius quam in baiano sinu nec pluribus auxiliandi generibus: aliae sulpuris vi, aliae aluminis, aliae salis, aliae nitri, aliae bituminis, nonnullae etiam acida salsave mixtura, vapore ipso aliquae prosunt, tantaque est vis, ut balneas calefaciant ac frigidam etiam in soliis fervere cogant. quae in baiano posidianae vocantur, nomine accepto a claudii caesaris liberto, 31 obsonia quoque percocunt.

·         Beber agua (Celso, De medicina, I, 3; Vitrubio, De architectura, VIII, 3, 19; y Plinio, Naturalis historia, XXVIII, 14, 55, respectivamente)

Post haec omnibus fatigatis aptum est cibum sumere, eoque umido uti, aqua vel certe diluta potione esse contentos, maximeque ea, quae moveat urinam. Illud quoque nosse oportet, quod ex labore sudanti frigida potio perniciosissima est atque etiam, cum sudor se remisit, itinere fatigatis inutilis. A balineo quoque venientibus Asclepiades inutilem eam iudicavit; quod in iis verum est, quibus alvus facile nec tuto resolvitur quique facile inhorrescunt; perpetuum in omnibus non est, cum potius naturale sit potione aestuantem stomachum refrigerari, frigentem calefieri. Quod ita praecipio, ut tamen fatear, ne ex hac quidem causa sudanti adhuc frigidum bibendum esse. Solet etiam prodesse post varium cibum frequentesque dilutas potiones vomitus, et postero die longa quies, deinde modica exercitatio. Si adsidua fatigatio urguet, in vicem modo aquam, modo vinum bibendum est, raro balineo utendum.

Est autem aquae frigidae genus nitrosum, uti Pinnae Vestinae, Cutiliis aliisque locis similibus, quae potionibus depurgat per alvumque transeundo etiam strumarum minuit tumores. ubi vero aurum, argentum, ferrum, aes, plumbum reliquaeque res earum similes fodiuntur, fontes inveniuntur copiosi, sed hi maxime sunt vitiosi. habent enim, uti aquae calidae sulphur alumen bitumen, faecem, quae, per potiones cum in corpus iniit et per venas permanando nervos attingit et artus, eos durat inflando. igitur nervi inflatione turgentes e longitudine contrahuntur et ita aut nervicos aut podagricos efficiunt homines, ideo quod ex durissimis et spissioribus rigidissimisque rebus intinctas habent venarum raritates.

Sol quoque, remediorum maximum, ab ipso sibi praestari potest, sicuti linteorum strigiliumque vehementia. perfundere caput calida ante balnearum vaporationem et postea frigida saluberrimum intellegitur; item praesumere cibis et interponere frigidam eiusdemque potu somnos antecedere et, si libeat, interrumpere. notandum nullum animal aliud calidos potus sequi, ideoque non esse naturales.

·         El ciclo del agua (Vitruvio, De architectura, VIII, 2, 6).

Primumque in India Ganges et Indus ab Caucaso monte oriuntur; Syria Tigris et Euphrates; Asiae item, Ponto Borysthenes, Hypanis, Tanais; Colchis Phasis; Gallia Rhodanus; Celtica Rhenus; citra Alpis Timavos et Padus; Italia Tiberis; Maurusia, quam nostri Mauretaniam appellant, ex monte Atlante Dyris

·         Los baños (Celso, De medicina, II, 17; y (Plinio, Naturalis historia. XXXI, 32, 60, respectivamente)

At balnei duplex usus est: nam modo discussis febribus initium cibi plenioris vinique firmioris valetudinis facit, modo ipsam febrem tollit; fereque adhibetur, ubi summam cutem relaxari evocarique corruptum umorem et habitum corporis mutari expedit. Antiqui timidius eo utebantur, Asclepiades audacius. Neque terrere autem ea res, si tempestiva est, debet: ante tempus nocet. Quisquis febre liberatus est, simulatque ea uno die non accessit, eo, qui proximus est post tempus accessionis, tuto lavari potest. At si circumitum habere ea febris solita est, sic ut tertio quartove die revertatur, quandocumque non accessit, balneum tutum est. Manentibus vero adhuc febribus, si eae sunt quae lentae lenesque iam diu male habent, recte medicina ista temptatur, cum eo tamen, ne praecordia dura sint neve ea tumeant, neve lingua aspera sit, neve aut in medio corpore aut in capite dolor ullus sit, neve tum febris increscat.
Plerique in gloria ducunt plurimis horis perpeti calorem earum, quod est inimicissimum, namque paulo diutius quam balineis uti oportet ac postea frigida dulci, nec sine oleo discedentes, quod vulgus alienum arbitratur, idcirco non alibi corporibus magis obnoxiis, quippe et vastitate odoris capita replentur et frigore infestantur sudantia, reliqua corporum parte mersa

·         Los lavados  (Celso, De medicina, III, 9)

Nonnumquam etiam lentae febres sine ulla remissione corpus tenent, ac neque cibo neque remedio locus est. In hoc casu medici cura esse debet, ut morbum mutet; fortasse enim curationi oportunior fiet. Saepe igitur ex aqua frigida, cui oleum sit adiectum, corpus eius pertractandum est, quoniam interdum sic evenit, ut horror oriatur et fiat initium quoddam novi motus exque eo, cum magis corpus incaluit, sequatur etiam remissio. In his frictio quoque ex oleo et sale salubris videtur.

·         Las primeras termas (Vitrubio, De architectura, II, 6, 2)

Ardores autem esse in his locis etiam haec res potest indicare, quod in montibus Cumanorum Baianis sunt loca sudationibus excavata, in quibus vapor fervidus ab imo nascens ignis vehementia perforat eam terram per eamque manando in his locis oritur et ita sudationum egregias efficit utilitates. non minus etiam memorantur antiquitus crevisse ardores et abundavisse sub Vesuvio monte et inde evomuisse circa agros flammam. ideoque tunc quae spongia sive pumex Pompeianus vocatur excocto ex alio genere lapidis in hanc redacta esse videtur generis qualitatem.

·         El frío y el calor para problemas circulatorios y nerviosos (Celso, II, 17)

Sudor etiam duobus modis elicitur, aut sicco calore aut balneo. Siccus calor est et harenae calidae et Laconici et clibani et quarundam naturalium sudationum, ubi terra profusus calidus vapor aedificio includitur, sicut super Baias in murtetis habemus. Praeter haec sole quoque et exercitatione mouetur. Utiliaque haec genera sunt, quotiens umor intus nocet, isque digerendus est. Ac neruorum quoque quaedam uitia sic optime curantur.

BIBLIOGRAFÍA
The Latin Library: recurso en línea con dirección http://www.thelatinlibrary.com/. Todos los textos en latín han sido tomados de esta página.
Perseus Digital Library: recurso en línea con dirección http://www.perseus.tufts.edu/hopper/. Todos los textos en latín han sido tomados de esta página.
Blánquez, A. (1966). Los ocho libros de la medicina, Barcelona: Iberia.
Codoñer, C. (1997). Historia de la literatura latina, Madrid: Cátedra.
Entralgo, P. (1989): Historia de la Medicina. Barcelona. Manuales Salvat.
Fontán, A. (1998). Plinio el Viejo. Histora natural, Madrid: Gredos.
Hayward, J. A. (1965). Historia de la medicina, México: Fondo de Cultura Económica.
Mora, G. (1981): «Literatura médica clásica y la arquitectura de las termas medicinales», en Espacio, Tiempo y Forma, serie II, vol. 5, pp. 121-131.
Rodríguez Ruiz, D. (1995). Vitrubio. Los diez libros de arquitectura, Madrid: Alianza.
Serbat, G. (2011). Plinio el Viejo, Madrid: Gredos.
Viñas, F. (1994): Hidroterapia, la curación por el agua, 4ª ed. Barcelona. Integral.

Villavicencio Vargas, Ó. (2000). Manual de hidroterapia, [Libro en línea], Lima: EsSalud http://www.bvsde.paho.org/texcom/manualesMEC/hidroterapia/hidroterapia.html

Veterinaria

TEMA 11: VETERINARIA

Antecedentes griegos
En este punto vamos a tratar diferentes autores griegos que ya hacían referencia en sus obras a diferentes maneras de criar y cuidar a los animales.
En primer lugar, tenemos que mencionar la Ilíada y la Odisea de Homero, procedentes del siglo VIII a.C., en las que se pueden hallar testimonios sobre la cría y el manejo del ganado, aunque no hay datos ni detalles acerca de la medicina veterinaria.
Por otro lado, se podría decir acerca de Hesíodo que se puede extraer también información en relación con la cría y los cuidados de los animales en lo que a su utilidad en el campose refiere, concretamente en Los trabajos y los días, obra que marcará una tendencia que seguirían muchos de los autores romanos que se ocuparon de la agricultura y la ganadería, como es el caso de Marco Porcio Catón y su De re rustica, el cual muestra un estilo bastante cercano a Hesíodo. Está compuesta en forma de consejos de todo tipo para quien desea vivir en el campo, dedicado al cultivo de la tierra y a la cría de los animales, como si de una actividad sagrada se tratase.
También coetáneo sería el autor conocido como Simón de Atenas, del siglo V a.C., al cual Jenofonte cita como tratadista de equitación por su obra Sobre la elección del caballo, que trata sobre la doma y el manejo del caballo. Lamentablemente, solo se conserva un fragmento de este tratado.
Por otra parte, hemos de mencionar las obras de Jenofonte, sobre todo las que son conocidas bajo el título de El jefe de la caballería, De la equitación y De la caza. La primera y la segunda son complementarias, y ambas son tratados técnicos de características didácticas, escritas por una persona que tiene una amplia experiencia como jefe de caballería y como jinete. En resumen, consisten en una serie de consejos, que hacen bastantehincapié en la importancia de tener en buen estado a los caballos a partir de una alimentación adecuada, de la estabulación, del entrenamiento, del cuidado de los cascos; todo ello desde el punto de vista de que las posibilidades de la caballería están estrechamente ligadas indiscutiblemente al caballo como instrumento. Concretamente, en De la equitación Jenofonte hace referencia a las maniobras necesarias para elegir adecuadamente al caballo sin ser estafado. Señala que hay que fijarse en aspectos básicos como la conformación, la edad, el tipo de doma. Asimismo, proporciona indicaciones zootécnicas acerca de la mejor elección posible según sus caracteres apreciables, seguido de algunos consejos sobre el inicio de la doma, el manejo, o bien el reconocimiento de un caballo adulto y domado para evitar engaños. En definitiva, ambas obras siguen un mismo objetivo: servir, como si de un manual se tratara, de uso de la caballería con fines bélicos. No obstante, no puede considerarse de ninguna manera como un texto protoveterinario, puesto que no se ocupa de las enfermedades del caballo ni de cómo tratarlas. Finalmente. Con respecto a la tercera obra que hemos citado, De la caza, hemos de decir que contiene un total de trece capítulos, de los cuales cuatro están dedicados a los perros y que abordan aspectos como las razas y sus características para la caza y el rastreo, las mejores características a considerar en los perros, cómo deben ser físicamente y sus capacidades para la caza, el adiestramiento que deben recibir para su mejor aprovechamiento y, finalmente, las cuestiones más importantes en cuanto a cría y reproducción. De esta manera, estas composiciones menores de Jenofonte marcan una vía para las obras que seguirían, en las que, en lugar de temas veterinarios, lo que encontraríamos serían obras de zootecnia, es decir, orientadas a la mejora de los animales para aprovecharlos con un fin económico.
Otro autor que no se nos puede quedar en el tintero es Aristóteles, pues nos ofrece muchos datos a través de su producción escrita conocida, mucho más cercana a la observación biológica que a la veterinaria. Y es que debemos señalar su Historia de los animales en 10 libros, De las partes de los animales en 4, Marcha de los animales, Investigación sobre los animales, Movimiento de los animales, Fisiognómica, Reproducción de los animales. Todo ello, hace que podamos considerar a Aristóteles como fundador de la zoología, anatomía y botánica como disciplinas científicas. En su Fisiognómica, el autor lleva a cabo una relación de los rasgos físicos de los animales con los del hombre, a los que debemos incluir las cualidades y los defectos. A lo largo de su producción, proporciona muchos datos en tanto en cuanto a la nutrición y manejo de los animales, incluso llegando a nombrar enfermedades con sus correspondientes síntomas, si bien tan sólo describe la sangría como modo de paliar alguna de ellas, no todas.
Por su parte, Timócrates realizó un tratado acerca de la epilepsia en el hombre, en la que describe de manera concisa el torneo del carnero, es decir, la centuriosis, haciendo referencia a la opinión, literalmente, de “los expertos”, por lo que podríamos concluir que había médicos para animales.
Por lo que respecta a otras obras perdidas, aunque citadas por otros autores, podemos mencionar a Astrampsico, un mago persa que fue autor de una obra médica en la que hizo una lista de tratamientos para enfermedades de los burros, así como Cteodamas de Acno, de Tesalia, que compuso una obra de equitación, citada por Estéfano de Bizancio.
En definitiva, hemos visto que no hay tratados de medicina animal propiamente dichos que nos hayan llegado a nuestros días, sino, más bien, compilaciones de remedios que pudieron ser fruto de una práctica de carácter empírico, o citas a personas que se dedicaban a la medicina veterinaria. Aun así, entre los temas que hemos visto, destacan el manejo y los cuidados, así como las cuestiones relacionadas con la hipología y la equitación, de tal manera que, no será hasta el siglo IV d.C., cuando lleguemos a estar ante veterinarios en el sentido estricto de la palabra, entre los cuales podemos mencionar a Eumelo, Absirto o Hipócrates.
Los autores latinos más importantes
Como veremos en este punto de nuestro tema, hay un gran número de autores que escribieron obras dedicadas al cuidado de los animales, aunque todos ellos desde diferentes puntos de vista. Sin embargo, para no extendernos en este tema más de lo que debiéramos, abordaremos los más relevantes.
En primer lugar, tenemos que tener en cuenta la obra de Marco Porcio Catón, al cual, como hemos observado, se le incluye, junto con Varrón y Columela como agronomista. Es importante entender que había una clara mezcla entre la medicina propia del hombre y la de los animales, lo cual se mantuvo hasta el siglo IV d. C. En todo caso, el tratado catoniano De agricultura ha llegado hasta nuestros días y, tal y como señalamos líneas más arriba, se trata de la obra en prosa más temprana escrita en latín sobre agricultura a manos de un romano, por lo cual s muy importante en tanto en cuanto nos ofrece una visión panorámica sobre la prevención y el tratamiento de las enfermedades conocidas hasta el siglo II a.C. en el Imperio Romano. Analizando la composición de Catón nos percatamos de que los bueyes y también en ovejas eran muy importantes, junto a la descripción de toda una serie de medidas, a fin de mantener la salud y prevenir la enfermedad de estos animales. Asimismo, destacan los remedios que servían para paliar una enfermedad ya contraída. En ambos casos es clara la utilización de recetas populares, las cuales estaban compuestas a partir de plantas, así como diferentes elementos mágicos y religiosos. Por otro lado, Catón también lleva a cabo una descripción de algunos tratamientos concretos para determinadas enfermedades con algunas connotaciones mágicas, aparte de las típicas ofrendas destinadas a los dioses para evitar enfermedades.
Sin embargo, Catón compone su tratado, no para veterinarios, sino para propietarios que necesiten un manual que les oriente en la gestión y manejo de sus animales.
Por otro lado, otro de los principales agrónomos latinos, como hemos señalado en temas anteriores, fue Marco Terencio Varrón autor de Rerum rusticarum libri III, todo un compendio que contiene el arte del agricultor, los rebaños y la economía rural. Destaca la manera que tiene de mostrar la visión económica de la explotación más rentable de los recursos que ofrece la agricultura y la ganadería, de manera que está dirigido, más bien, a los grandes propietarios en lugar de los pequeños agricultores, ya que atañe a la producción de todo tipo de especies de animales. Ya desde el libro I se hace referencia a la cría de ganado, en el II habla de la labor pastoril, así como de diferentes animales entre los cuales se encuentran ovejas, cabras, cerdos, bueyes, burros, caballos, mulas e incluso perros. Finalmente el libro III trata sobre la cría de otras especies, aves, caracoles, abejas, etc.; pero siempre desde el punto de vista de la obtención de beneficios económicos.
A diferencia que Catón, Varrón nos aporta una obra, fruto de una estructuración pensada antes de ser escrita. Además, su lenguaje es mucho más refinado y es reflejo del uso habitual de quien está acostumbrado a escribir. En la misma línea que aquel, presta más atención a la prevención de problemas mediante el manejo y conservación adecuada de las especies, que la aplicación de pautas médicas para la curación o tratamiento de enfermedades. Por esta razón, estamos refiriéndonos, nuevamente, a un tratado zootécnico y no de un tratado médico, aunque muy sistematizado y ordenado.
Dentro del campo que nos ocupa en este caso, hay que distinguir dos clases de enfermedades: las que, al igual que las del hombre, hacen necesaria la presencia del médico, frente a aquellas que, para su curación, precisan, sin más, los cuidados del pastor. Esta parte abarca otras tres: saber las causas de la enfermedad, los síntomas que las anuncian y el tratamiento que hay que aplicar a cada una. Asimismo es capaz de describir síntomas que indican una enfermedad, como la fiebre, cómo se presenta y cómo tratarla.
Así pues, es posible que nos percatemos de una indiscutible línea argumental entre Catón y Varrón, separada por el tiempo y con diferencias claras a favor de este último en cuanto al estilo literario, la claridad en la exposición y la construcción lógica del contenido. No obstante, vemos que aún sigue siendo más relevante la agricultura frente a la ganadería.
En tercer lugar, Publio Virgilio Marón, más allá de la composición de una obra épica como es la Eneida,  supo plasmar en otra, en sus Geórgicas, un argumento que sienta sus bases en el trabajo del campo y en la cría de los animales. Y es que, como ya sabemos, procedía de Mantua, en donde su familia tenía propiedades en el campo, por lo que tuvo la oportunidad durante su juventud de conocer el sistema de producción que se desarrollaba en las granjas romanas Además, este autor indica que tuvo la posibilidad de curar las enfermedades múltiples y variadas que consumían los establos de Octaviano, con quien discutía sobre caballos y perros.
Por su parte, las Geórgicas es un trabajo de naturaleza didáctica, dividido en cuatro libros, de los cuales el primero y segundo están dedicados a la agricultura, el tercero al ganado y el cuarto a las abejas. Como hemos venido viendo con los dos tratadistas anteriores, el contenido del libro III tiene que ver, más que con la veterinaria como medicina animal, con la zootecnia, la selección y la cría del ganado no solo mayor, sino también el menor. No obstante, cuando se refiere al ganado menor, tiene un apartado dedicado a la lucha contra las enfermedades de las ovejas, aunque breve y que presta a confusión. En este punto de la obra, cita el tratamiento de las úlceras y la aplicación de baños de agua limpia y corriente como medida higiénica ante la sarna, además de algunos remedios mediante ungüentos.
Así pues es evidente que Virgilio, a la hora de explicar estos términos ganaderos, sabía, y además, había vivido todo a lo cual hacía referencia, si bien muestra una indudable capacidad de describir los síntomas que observaba.
En definitiva, hemos contemplado que, a partir de las fuentes textuales se pueden encontrar muchos prosistas y poetas que incluyen en sus textos, desde visiones de la vida rural, hasta consejos en la cría y el manejo de los animales.
Por otra parte, uno de los escritores que se citan a menudo a la hora de tratar el tema de la veterinaria en Roma es Aulo Cornelio Celso, aunque su contribución en este campo no ha llegado a nosotros. Únicamente conservamos, de su Tratado de medicina en ocho libros, la parte que versaba sobre temas como la retórica, el arte militar y la agricultura. A lo largo de los ocho libros, aborda síntomas, enfermedades, remedios y fórmulas, todo ello de manera detallada, dedicando los dos últimos a la cirugía. Sin embargo, esos contenidos guardaban relación con la medicina humana.
Cabe destacar una referencia que hace a los veterinarios en el prefacio del primer libro, simplemente cuando habla de las doctrinas médicas. En este mismo pasaje compara los metodistas con los veterinarios cuando dice que al no poder conocer las sensaciones particulares de los animales, puesto que no hablan, se detienen solamente en los síntomas generales.
Otro autor renombrable en este sentido es Cayo Plinio Segundo, quien compuso, tal y como hemos estudiado, la Naturalis historia. En relación con la veterinaria, es verdad que  se ocupa de los animales en varios de los libros que componen la obra, más concretamente en el libro VIII, dentro del cual incluye los remedios que utilizan los animales para paliar sus dolencias, así como la reproducción de los perros, remedios contra la rabia, y también los caballos, asnos, ovejas, carneros, cabras y cerdos. Además, el libro IX versa sobre los animales acuáticos y el X gira en torno a la historia de los pájaros, teniendo en cuenta también las aves domésticas. Más adelante, en el libro XXVIII, habla de los remedios proporcionados por los animales domésticos, y en el siguiente por los animales salvajes.
Aparte de algunas cuestiones sobre la cría de animales o ciertas enfermedades para las cuales ya había un remedio conocido, Plinio el Viejo ni aporta nada más a la veterinaria. No obstante, destaca su interés hacia la utilización de animales de todo tipo en la farmacopea, algo que aparece en gran medida en su obra.
A partir de aquí veremos dos autores que sobresalieron por sus aportaciones al ámbito de la veterinaria. El primero de ellos es Lucio Junio Moderato Columela, al mismo que hemos analizado en el bloque de correspondiente a la agricultura. Muchos estudiosos afirman que fue un magnifico escritor y un individuo interesado por el conocimiento como pudieron ser también Varrón, Virgilio, entre otros. Sin embargo, han surgido posturas que no lo creen así.
Aun así, su tratado de agricultura nos muestra una práctica agropecuaria que ha llegado incluso a constituir un modelo y paradigma del método científico seguido por la ciencia empírica y, mucho más tarde, sobre este núcleo precursor, los científicos elaboraron el método científico que tanta importancia ha adquirido actualmente. Y es que, sin duda, gracias a que se trataba de un autor que fue copiado innumerables veces hasta el siglo XIX, nos ha llegado su obra de modo más o menos íntegra.
Por otro lado, tenemos que darnos cuenta de que Columela se trata del primero en poner en evidencia la importancia de la medicina veterinaria para el desarrollo de la actividad agroganadera, tal y como indica Mañé Seró (p. 57). En el mismo pasaje señala que el tratado del autor que nos ocupa representa la culminación del saber agrícola y ganadero grecorromano y de toda la Antigüedad, debido a la influencia de los conocimientos cartagineses a partir de la obra de Magón. Del mismo modo, existe una serie de analogías entre la obra de Columela y algunas descripciones semíticas y egipcias sobre las afecciones de los bueyes, aunque el tratamiento de las enfermedades de los animales ha sido el punto más débil de todos los tratados de agricultura y ganadería, no sólo los antiguos y medievales, sino también los más recientes.
Entre otras cosas, gracias al trabajo de Columela es posible conocer la práctica quirúrgica relativamente extensa en la época romana, que no está tan alejada de nuestra práctica actual como pudiéramos creer. Las operaciones que más se describen en todas las especies son la sangría y la castración. Además, Columela recomienda el uso del fuego en las dolencias relativas a los pies, así como para la cauterización como profilaxis antiinfecciosa, teniendo en cuenta que se trataba de un procedimiento repugnante para los romanos, según apunta Mañé Seró (p. 58).
Dentro del tratado en cuestión, nos centramos en los libros VI y VII, ya que tratan, de los bueyes, caballos y mulos por una parte, y por otra, del ganado menor, respectivamente. En este sentido es destacable exposición sistemática que lleva a cabo el autor, el cual, en primer lugar, clasifica al ganado por su importancia en dos grupos, dedicándole un libro a cada uno. Seguidamente, hace referencia a las medidas higiodietéticas y de buen uso por especies, así como a estudiar las distintas patologías. Describe y aporta posibles remediaos, entre otras cosas, para las fracturas cornuales, para las que recomienda la aplicación de un taponamiento con ungüentos; los efectos de las mordeduras y picaduras de animales venenosos, sugiriendo la apertura y la cauterización del abultamiento. Concretamente, el capítulo diecinueve del libro VI trata de la construcción de un potro de contención para grandes animales, con la finalidad de evitar daños al veterinario cuando se quieran administrar remedios, hacer curas, etc., del mismo modo a como lo podríamos hacer hoy mismo. Por otro lado, al referirse a la castración de los becerros cita a Magón el Cartaginés, y no recomienda el corte del cordón testicular sino la emasculación a través de la piel con una caña hendida, método empleado en la actualidad por castradores y propietarios.
Antes de enumerar los aspectos negativos de la obra de Columela, debemos reflexionar acerca de los positivos, los mismos que han sido más o menos utilizados a través de los siglos hasta etapas recientes de la historia veterinaria. Ya en el libro II da unas claras orientaciones sobre cómo se han de cuidar los bueyes después de haberlos desuncido y han dejado de trabajar, consejos muy interesantes para alargar la vida productiva de animales tan imprescindibles para la economía rural y que podrían ser perfectamente válidos aun hoy. Centrándonos en los libros VI y VII, es preciso mencionar el capítulo cinco del primero de ellos, en el que se indican unas medidas muy acertadas de aislamiento para evitar contagios, así como algunos remedios para enfermedades contagiosas. Más adelante trata de la indigestión de los rumiantes con una descripción clara de la sintomatología y tratamiento. De igual modo, el capítulo siguiente trata el dolor de vientre e intestinos con una clara exposición de los síntomas. Siguen capítulos que versan sobre la calentura, la tos, la inapetencia, la sarna, las úlceras del pulmón, las heridas y afecciones oculares, pasaje en el que explica sucintamente los signos de la enfermedad y señala tratamientos médicos ricos en cocimientos, emplastos y brebajes que administra por vía oral o nasal. Curiosamente el capítulo XVI del libro sexto hace mención del tratamiento con sal y puerros molidos para las miasis, y no aconseja la extracción manual de las larvas. Siguen algunos consejos para el tratamiento de vacas, toros y caballos, e incluyen datos como el control de la actividad reproductiva y cómo mejorarla, así como el cálculo de la edad de los caballos a partir del estado de desarrollo de la dentición.
En definitiva, nos encontramos ante un autor muy importante y que marca un hito en la historia de veterinaria.
Finalmente, cabe hablar de Paladio Rutilio Tauro Emiliano, autor que cierra con su Opus agriculturae la tradición de obras agronómicas iniciada en el mundo romano por Catón, tal y como señalamos en el bloque anterior en relación con la agricultura. Sin embargo, más tarde escribiría un resumen sobre medicina veterinaria, además de un poema sobre los injertos. Su tratado de agricultura es, una vez más, un compendio de escritos de agronomía y de construcción de una villa agrícola, dirigidos a un público de nuevos propietarios del siglo IV en adelante. Como vimos, se trata de un compilador de Columela, al que abrevia y reestructura, haciéndolo útil y accesible pero sin aportar nada nuevo. Y es que esto resulta más que evidente en el apartado dedicado a la medicina veterinaria, que no es más que una copia casi literal de Columela, como indica Mañé Seró (p. 63).
Por su parte, Paladio aporta una serie de recomendaciones en relación a la cría y los cuidados de las diferentes especies domésticas de interés zootécnico, haciéndolas coincidir con los distintos meses del año, por lo que recomienda determinados deberes según el tiempo ideal en que se debían realizar. Y así, por ejemplo, en el mes de mayo, que coincide con el libro VI, incluye la castración de los bueyes (VI, 7). Por otro lado, en el libro VII, correspondiente al mes de junio, indica lo que es adecuado para la castración, refiriéndose a lo descrito en el libro anterior.
En relación con su obra de medicina veterinaria, se considera como el libro XIV de su tratado de agricultura y, por ello, continuación del mismo. Sin embargo no goza de la facilidad de lectura de éste. En cuanto a su contenido, en su mayor parte es copia de Columela, con escasos pasajes de otros autores. A diferencia del estilo y organización del tratado de agricultura, aquí Paladio no comienza con un índice de su contenido, pero, una vez analizada la composición, vemos que habla de medicación para los agricultores según los autores griegos y del ganado vacuno; de las enfermedades y tratamientos de las vacas, de la inapetencia, la fiebre, el catarro, las afecciones de las patas y la sarna. Asimismo trata las afecciones en pulmones y cabeza, las lesiones en las patas y otras lesiones y heridas. También hace referencia a las mordeduras de animales, a las enfermedades de los ojos, a las sanguijuelas y las lombrices. • Medicación del ganado equino, del catarro, la sarna, las heridas y otras afecciones de los caballos, así como la medicación de las mulas, de las cabras, de los cerdos y de las ovejas.
En resumidas cuentas, tenemos que darnos cuenta de que estas obras se escriben, no para el veterinario, sino para el pater familias, que es, ni más ni menos que el responsable de la granja romana.

Selección de textos para traducir
  • Sobre las cabras y su medicina (Columela, De re rustica, VII, 7, 1-4)
Atque alia genera pecorum, cum pestilentia vexantur, prius morbo et languoribus macescunt, solae capellae quamvis optimae atque hilares subito concidunt et velut aliqua ruina gregatim prosternantur. Id autem accidere maxime solet ubertate pabuli, quam ob rem, dum adhuc paucas pestis perculit, omnibus sanguis detrahendus nec toto die pascendae, sed mediis quattuor horis intra saepta claudendae. [2] Sin alius languor infestat, poculo medicantur harundinis et albae spinae radicibus, quas cum ferreis pilis diligenter contudimus, admiscemus aquam pluviatilem solamque potandam pecori praebemus. Quod si ea res aegritudinem non depellit, vendenda sunt pecora vel, si neque id contingere potest, ferro necanda saliendaque. Mox interposito spatio conveniet olim gregem reparare, nec tamen ante quam pestilens tempus anni, sive id fuit hiemis, vertatur aestate sive autumnum vere mutetur. [3] Cum vero singulae morbo laborabunt, eadem remedia, quae etiam ovibus, adhibebimus. Nam cum distendetur aqua cutis, quod vitium Graeci vocant hydropa, sub armo pellis leviter incisa perniciosum transmittat umorem, tum factum vulnus pice liquida curetur. [4] Cum effetae loca genitalia tumebunt aut secundae non responderint, defruti sextarius vel, cum id defuerit, boni vini tantundem faucibus infundatur et naturalia ceroto liquido repleantur. Sed ne nunc singula persequar, sicut in ovillo pecore praedictum est, caprino medebimur.
  • Sobre los cerdos y su medicina (VII, 10, 1-4)
Febricitantium signa sunt, cum obstipae sues transversa capita ferunt ac per pascua subito, cum paululum procurrerunt, consistunt et vertigine correptae concidunt. [2] Earum notanda sunt capita, quam in partem proclinent, ut ex diversa parte de auricula sanguinem mittamus. Item sub cauda duobus digitis a clunibus intermissis venam feriamus, quae est in eo loco satis ampla, eamque sarmento prius oportet verberari, deinde ab ictu virgae tumentem ferro rescindi detractoque sanguine conligari saligneo libro vel etiam ulmeo. [3] Quod cum fecerimus, uno aut altero die sub tecto pecudem continebimus et aquam modice calidam quantam volent farinaeque hordeaceae singulos sextarios praebebimus. Strumosis sub lingua sanguis mittendus est, qui cum profluxerit, sale trito cum farina triticea confricari totum os conveniet. Quidam praesentius putant esse remedium, cum per cornum singulis ternos cyathos gari demittunt. Deinde fissas taleas ferularum lineo funiculo religant et ita collo suspendunt, ut strumae ferulis contingantur. [4] Nauseantibus quoque salutaris habetur eburnea scobis sali fricto et fabae minute fresae conmixta ieiunisque prius quam in pascua prodeant obiecta. Solet etiam universum pecus aegrotare, ita ut emacietur nec cibos capiat productumque in pascua medio campo procumbat et quodam veterno pressum somnos aestivo sub sole captet. 
  • La castración de los bueyes (Paladio, Opus agriculturae, VI, 7, 1-4)
Nunc castrandi sunt uituli, sicut Mago dicit, tenera aetate, ut fissa ferula testiculi conprimantur et paulatim confracti resoluantur. Sed hoc luna decrescente uerno uel autumno fieri debere praecepit. Alii ligato ad machinam uitulo duabus angustis regulis stagneis sicut forcipibus ipsos neruos adprehendunt, qui Graece cremasteres dicuntur. [2] His conprehensis tentos testiculos ferro resecant et ita recidunt ut aliquid de his capitibus neruorum suorum dimittatur haerere. Quae res et sanguinis nimietatem prohibet et non omnino iuuencos subducto robore uirilitatis effeminat. Nec admittendum est, quod plerique faciunt, ut statim castratos coire conpellant. Nam certum est ab eis generari, sed ipsos fluxu sanguinis interire. Vulnera uero castraturae cinere sarmentorum et spuma linentur argenti. [3] Castratus abstineatur a potu et cibis pascatur exiguis ac sequenti triduo praebeantur ei tenerae arborum summitates et frutecta mollia et herbae uiridis coma dulciore sagina roris aut fluminis. Pice etiam liquida mixto cinere et modico oleo post triduum uulnera diligenter ungenda sunt. Sed melius genus castrationis sequens usus inuenit. [4] Alligato enim iuuenco atque deiecto testiculi stricta pelle clauduntur atque ibi lignea regula premente deciduntur ignitis securibus uel dolabris uel, quod est melius, formato ad hoc ferramento, ut gladii similitudinem teneat. Ita enim circa ipsam regulam ferri acies ardentis inprimitur unoque ictu et moram doloris beneficia celeritatis absumit et ustis uenis ac pellibus a fluxu sanguinis strictis plagam cicatrix quodammodo cum ipso uulnere nata defendit. 


La medicina en Roma. Preceptos generales

TEMA 10:

Antecedentes
Desde el antiguo Egipto, la medicina ya estaba especializada, había médicos para los ojos, médicos encargados de los dientes, de la cabeza, de las enfermedades abdominales y de las dolencias cuyo origen era más bien incierto, tal y como indica Heródoto en su Historia (XI, 84) . Así, se aseguraban de que hubiera médicos distribuidos por todo el país. Gracias a los testimonios de diferentes autores griegos, sobre todo el que acabamos de mencionar y Estrabón, sin mencionar la traducción contemporánea de nueve papiros y diversos fragmentos que versan sobre la ciencia médica, tenemos constancia de los avances que giraban en torno a la medicina egipcia.
Parece ser que los procesos terapéuticos egipcios estuvieron estrictamente ligados a los místicos rituales mágicos, que gozaban de un importante nivel de prestigio desde mucho tiempo atrás. El primer médico más antiguo conocido en Egipto fue el odontólogo Hesy-Ra, alrededor del tercer milenio a. C. Destacaron igualmente otro dentista llamado Ni-ahkh Sekhme y su ayudante Menkaoureakh, “hombre de dientes”, alrededor del año 1600 a. C. En efecto, la odontología fue, con gran seguridad, la especialidad médica más antigua y, además, avanzada, y es que los propios dientes de las momias que conservamos nos lo ratifican.
Por otra parte, la farmacología también pertenece al ámbito del conocimiento egipcio y abordaba el diagnóstico de las enfermedades, a partir de la descripción de los síntomas, y los remedios para paliarlas. Según ellos, el hombre es un ser que nace sano y las enfermedades son dolencias posteriores que vienen de fuera y se introducen en el cuerpo, ya sea por medio de parásitos, vientos, alimentos en mal estado o espíritus malignos y divinidades.
Por otra parte, la cirugía era una práctica reservada a los sacerdotes, los mismos que compaginaban ambos oficios, manteniendo, como señalábamos líneas más arriba, la magia y la ciencia vinculadas. A sus curas acompañaban invocaciones a los distintos dioses.
En lo que atañe a la civilización griega, en las tablillas micénicas puede leerse en silabario Lineal B el término I-JA-TE, es decir, “médico”. En los tiempos de Homero se hacía distinción entre Ieter e Ieros. El primer término hace referencia al sanador por la gracia de los dioses, mientras que el segundo se corresponde con el sanador que ejerce como tal gracias a una educación previamente adquirida. Ya en una etapa posterior del mundo griego antiguo se denominaría ἰατρεία al arte médico, que estaba ejercido por el ἰατρός. Y es que este vocablo deriva del verbo ἰατρεύω, el cual significa “ser médico”.
Además, tenemos que tener en cuenta que la medicina griega también estaba ligada a la mitología, de tal manera que eran los dioses quienes inspiraban al ἰατρός. Asclepio, hijo de Febo Apolo, fue el principal dios griego de la medicina y de los remedios curativos. Con la devoción hacia este en sus templos se originó el verdadero estudio de la salud.
Entrando ya en materia, fue el gran interés que los griegos mostraron por el cuerpo humano y, en especial,  el empeño que prestaron al bienestar físico de los atletas: dietas, entrenamiento, fisioterapia -donde resaltan los masajes y la hidroterapia- y la cura de dolencias específicas por médicos expertos lo que propició el inicio de una visión racional y científica de la medicina griega. En eta misma línea,  entre los años 600 a. C. y 200 d. C., la medicina en el Mundo Antiguo occidental se puede dividir en ocho etapas:
·        La etapa presocrática, que se corresponde con el inicio del amor por la physis, la natualreza, y su investigación por parte de los physiológoi. Los presocráticos tenían como objetivo encontrar una explicación al origen y la formación del universo, tal y como hemos observado en temas anteriores. Dentro de este concepto de mundo entra también el ser humano, pues este es un microcosmos. Durante esta primera etapa, el conocimiento médico se haciendo cada vez más técnico y racional, dado que anteriormente se trataba de una disciplina totalmente empírica.
·        En segundo lugar destacamos la etapa hipocrática. Ya a partir del año 500 a. C., se afianza y  se enriquece el saber médico de los filósofos presocráticos. Además, surgen además las escuelas, como la de Cos, de donde procede Hipócrates
·         Una etapa que se sitúa a caballo entre hipocráticos y alejandrinos, durante la cual se desarrollan las principales corrientes de la filosofía griega. Por un lado tenemos a Platón con su Academia, por otro, a Aristóteles con el Liceo y a Zenón de Citio con los sucesores de la Stoa. Y es que no podemos olvidarnos de que la medicina todavía forma parte de la filosofía.
·        Etapa de alejandrinos y empíricos, con los que vemos de qué manera se desarrollan las ciencias en la ciudad de Alejandría. Era un momento en el que además aparecen médicos muy reputados, tales como Herófilo de Calcedonia y Erístrato de Ceos. Asimismo, se intenta crear una nueva medicina científica, a fin de rivalizar con los antiguos conocimientos griegos. No obstante, frente este nuevo modelo los empíricos se mostraron contrarios.
·        A partir de esta quinta etapa, entramos en el tema que nos ocupa en cuestión: la penetración de la medicina griega en Roma, si tenemos en cuenta que el primer médico que llegó a la ciudad fue Arcagato de Esparta, en el año 219 a. C., aunque su fama no fue muy afortunada debido a sus métodos, la navaja y la cauterización, lo cual le hizo ganar el apelativo de el Verdugo.  Por otra parte, la medicina local era muy rudimentaria y el carácter conservador y antiheleno de los romanos dificultó la entrada de la ciencia griega, como vimos en otros ámbitos de la ciencia anteriormente con Catón. Aun así, el crecimiento de la ciudad, tanto en el terreno económico como político, así como el prestigio del que gozaba la ciencia griega entre las personalidades más importantes de la época y el deseo de los sabios por obtener beneficios y buena reputación favoreció finalmente la entrada fluida del saber griego.
Asimismo, a esta etapa pertenecieron ilustres médicos, como Herófilo, Erasístrato y Asclepíades, quien se dedicó a crear una nueva medicina. Con él surge en Roma el ars medica, concepto que nos muestra que nos encontramos ante el acontecimiento más importante de la historia universal de la medicina, pues a partir de este punto podemos hablar de la auténtica medicina.
·        Por otra parte destacamos una etapa que se caracteriza por el desarrollo y diversificación de la medicina griega en el Imperio Romano. Y es que, tras la expansión de la medicina helenística en Roma, los romanos la fueron adoptando como suya, es decir, que este arte se romanizó, sobre todo en autores como Celso, Cicerón, César o Celio Aurelio. Este acontecimiento fue posible gracias a varios factores:
Por un lado, la escuela metódica, de la cual formó parte Asclepíades de Prusa. Su idea de salud giraba en torno a la dieta y a la acción terapéutica proporcionada por los ejercicios físicos. El punto más alto de la romanización de la medicina lo encontramos con los fundadores de esta escuela: Temisón de Laodicea y su discípulo Tesalio de Tralles, en la que se consideraba que, ante una afección, el cuerpo completo enferma. Para ellos no existía fuerza natural de recuperación alguna y el paciente debía prestar su colaboración para que la terapia asignada por el médico fuera efectiva. Asimismo, la concepción atomista también entró en juego en esta escuela, ya que, según ellos, la curación se obtenía mediante el movimiento normal de los átomos, el cual se daba con los masajes, el ejercicio, irrigaciones, etc. Cabe destacar que la dietética metodista, en caso de enfermedad, consistía principalmente en el ayuno.
Otros factores fueron los enciclopedistas y los farmacólogos. Y es que hemos visto que hay diferentes autores que recopilaron los conocimientos, no solo los concernientes a la medicina, sino también la de toda la ciencia natural, tanto la aprendida por los griegos como la propia. Ejemplo de estos son  Marco Terencio Varrón, Celso y Plinio el Viejo con su Naturalis historia. Por su parte, la farmacología, representada sobre todo por el griego Dioscórides, también se afianzó.
A mediados del siglo I d. C. surgió la escuela pneumática, cuyo mayor representante fue Galeno, quien, como ya hemos visto, fue médico de los emperadores Marco Aurelio, Cómodo y Septimio Severo. A él se le debe una síntesis que recopila todo el saber médico del que se tenía constancia hasta entonces. Según nos cuentan sus tratados, las enfermedades se explican, desde un punto de vista general, a partir de las alteraciones de los humores del cuerpo y sus cualidades: pituita (fría y húmeda), sangre (caliente y húmeda), bilis amarilla (caliente y seca) y bilis negra (fría y seca). De esta manera, los signos de las enfermedades le permitieron establecer un grupo de diagnóstico para reconocerlas y un pronóstico para anticiparse a su evolución. Su modo de tratarlas fue utilizar muchos medicamentos y aquello que cause el efecto contrario, es decir, si el mal era de causa caliente, debía ser aplicado un remedio terapéutico frío.
Por su parte, la escuela ecléctica de Cornelio Celso fue otro factor que propició la romanización de la medicina. Esta escuela se caracterizaba por rechazar la división del arte médica en distintas doctrinas y, abogando, pues, por su unificación, pues consideraba que todas tienen teorías y conocimientos acertados, como afirmaba Celso (V): omnes medicinae partes ita innexae sunt, ut ex toto separari non possint. Este autor creía que el cuerpo humano poseía una fuerza curativa natural. Así,  su consejo a la hora de evitar una enfermedad se basaba en vivir la vida de acuerdo con las leyes naturales. Asimismo, fue el primero que indicó las formas correctas para la aplicación de la hidroterapia, como veremos en el siguiente tema. Los médicos de esta escuela orientaban su profesión en torno a la dietética, el tratamiento con fármacos y la cirugía. Celso aconsejaba a los sanos con las siguientes premisas: ejercicio asiduo, hidroterapia, ya sea baños tibios y masajes con aceite, o lavados, chorros, envolturas y bebidas, todo con agua fría. Cabe mencionar otras personalidades que firmaron parte de esta escuela, como el caso de Pedacio Dioscórides Anazarbeo, el cual escribió un tratado De materia medica, en la que llevó a cabo la descripción de ,as de quinientas plantas con sus correspondientes funciones curativas. Esta obra fue consultada incluso hasta el siglo XVIII. Sin embargo, Dioscórides abogaba por el mínimo empleo de medicamentos y porque estos fueran sencillos. Prefería, pues, los tratamientos externos, como las unturas y cataplasmas, aunque ello no quita que haya recogido toda la información disponible en su época sobre la farmacología.
·         La penúltima etapa tuvo como protagonista a Galeno. Del mimso modo que Hipócrates, Galeno representó el culmen des saber médico a lo largo y ancho de sus ramas.
·         Finalmente, destacamos una tapa posgaléncia. Y es que, tras Galeno, el desarrollo de la medicina grecorromana se paraliza, ya que, a partir de ese momento, a excepción de ejemplos como Celio Aureliano, apenas surgen figuras importantes.

La medicina en Roma
A estas alturas, nos hemos percatado de que la ciencia en Roma no destacó tanto como la que se desarrolló en Grecia. Ello es debido a que, mientras en Grecia se buscaba dar sentido a la existencia del mundo y del ser humano y su función en este, la ciencia romana tendía a buscar el valor práctico de la vida y del medio en el que se desarrolla. Por esta causa, Roma se desarrolló con un avance imparable en disciplinas como el derecho, la Ingeniería, las ciencias políticas, la arquitectura, la economía y la administración. No obstante, el estudio de la historia sí tenía un peso más considerable, porque conocerla les otorgaba lecciones de conducta, tal y como señalaba Cicerón en su De oratore (II, 36). Esto, como es lógico, no tenía en cuenta la menor o mayor calidad que tuviera, ya que por todos es sabido que la historia puede ser manipulada desde muchos puntos de vista.
Ahora bien, los romanos no se llevan todo el mérito de lo que desarrollaron, ya que también asimilaban los conocimientos útiles de las culturas sobre las que se imponían. El contacto con el mundo griego tras la ocupación de Grecia, que estaba para aquel entonces en manos de Macedonia, en el año 146 a. C., provocó, entre muchas otras consecuencias, el surgimiento de autores que recopilaron y adaptaron el saber griego. Este conocimiento fue reconocido inmediatamente como superior por muchos, aunque ya hemos visto que también había individuos que se posicionaron en contra de este hecho.
Por otra parte, los cuidados personales en Roma, antes de su helenización, eran muy simples y giraban en torno a vigilar la dieta, llevar una vida moderada y realizar ejercicio físico de forma habitual. De este modo, la primitiva medicina de la que hicieron uso los romanos era una medicina basada en el conocimiento popular. Ellos y sus familias se curaban a sí mismos y estos remedios populares, como los cantos épicos, pasaban de generación en generación, sin necesidad de crear una ciencia específica para ello. Dentro de estos remedios cabe destacar el vino. Esta bebida tomó una gran importancia en la medicina precientífica romana debido a sus capacidades para contraatacar el hambre, la debilidad, el agotamiento, etcétera, y su origen agrícola lo hacía asequible en una sociedad rural.
Los romanos tomaron de los etruscos, cuyos tratamientos provenían directamente de los griegos, el saber básico de la higiene pública y el drenaje de los pantanos a fin de evitar la difusión de mosquitos que pudieran transmitir la malaria. En el territorio de la Toscana, lugar en el que nació esta civilización, abundaban fuentes y edificios termales que los romanos convirtieron después en termas para el tratamiento balneoterapéutico.
En definitiva, la medicina de Roma destaca sobre todo por una primeriza técnica proveniente de Grecia y transmitida por los etruscos, los valetudinaria, es decir, hospitales militares que surgieron en Roma durante la República. Estos se encontraban en las casas de los patricios o en las de los mismos médicos y allí se llevaban a los militares heridos o que habían caído enfermos durante la campaña para que fueran atendidos, siempre y cuando la batalla se desarrollase cerca de la ciudad. Si no fuera así, los hospitales se establecían dentro del campamento militar o castra, normalmente a lo largo de las fronteras. Esta zona de atención médica estaba dividida en una sala para heridos y otra para enfermos.
Finalmente, hemos de mencionar una oleada de médicos griegos que se establecieron y llevaron a cabo su profesión en Roma, entre los siglos III y II a. C. La medicina en la ciudad se enseñaba de forma privada y, durante la etapa del Imperio, los médicos, que eran sobre todo de origen griego y judío, estaban exentos de pagar impuestos y de realizar el servicio militar.

Por su parte, la filosofía y la ciencia médica siguieron guardando una estrecha vinculación en Roma. Filósofos romanos como Séneca no pudieron evitar el interés por lograr el bienestar corporal, en tanto en cuanto sugería en sus Epistoale (100, 123) que la comida debe calmar el hambre, la bebida debe saciar la sed, y que las ansias de procrear deben estar dentro de unos límites adecuados. Anima a aprender a valernos de nuestro propio cuerpo, a aumentar nuestra moderación en la satisfacción de los placeres y mantener los goces dentro de unos límites, a buscar la satisfacción de nuestras necesidades naturales a través de medios fácilmente alcanzables. Sugiere que las enfermedades son castigos por desnaturalizar nuestra vida y por tener gustos superfluos como la riqueza o la voluptuosidad y que la desmesura en la alimentación nos trae enfermedades y la fiebre.