miércoles, 6 de julio de 2016

Veterinaria

TEMA 11: VETERINARIA

Antecedentes griegos
En este punto vamos a tratar diferentes autores griegos que ya hacían referencia en sus obras a diferentes maneras de criar y cuidar a los animales.
En primer lugar, tenemos que mencionar la Ilíada y la Odisea de Homero, procedentes del siglo VIII a.C., en las que se pueden hallar testimonios sobre la cría y el manejo del ganado, aunque no hay datos ni detalles acerca de la medicina veterinaria.
Por otro lado, se podría decir acerca de Hesíodo que se puede extraer también información en relación con la cría y los cuidados de los animales en lo que a su utilidad en el campose refiere, concretamente en Los trabajos y los días, obra que marcará una tendencia que seguirían muchos de los autores romanos que se ocuparon de la agricultura y la ganadería, como es el caso de Marco Porcio Catón y su De re rustica, el cual muestra un estilo bastante cercano a Hesíodo. Está compuesta en forma de consejos de todo tipo para quien desea vivir en el campo, dedicado al cultivo de la tierra y a la cría de los animales, como si de una actividad sagrada se tratase.
También coetáneo sería el autor conocido como Simón de Atenas, del siglo V a.C., al cual Jenofonte cita como tratadista de equitación por su obra Sobre la elección del caballo, que trata sobre la doma y el manejo del caballo. Lamentablemente, solo se conserva un fragmento de este tratado.
Por otra parte, hemos de mencionar las obras de Jenofonte, sobre todo las que son conocidas bajo el título de El jefe de la caballería, De la equitación y De la caza. La primera y la segunda son complementarias, y ambas son tratados técnicos de características didácticas, escritas por una persona que tiene una amplia experiencia como jefe de caballería y como jinete. En resumen, consisten en una serie de consejos, que hacen bastantehincapié en la importancia de tener en buen estado a los caballos a partir de una alimentación adecuada, de la estabulación, del entrenamiento, del cuidado de los cascos; todo ello desde el punto de vista de que las posibilidades de la caballería están estrechamente ligadas indiscutiblemente al caballo como instrumento. Concretamente, en De la equitación Jenofonte hace referencia a las maniobras necesarias para elegir adecuadamente al caballo sin ser estafado. Señala que hay que fijarse en aspectos básicos como la conformación, la edad, el tipo de doma. Asimismo, proporciona indicaciones zootécnicas acerca de la mejor elección posible según sus caracteres apreciables, seguido de algunos consejos sobre el inicio de la doma, el manejo, o bien el reconocimiento de un caballo adulto y domado para evitar engaños. En definitiva, ambas obras siguen un mismo objetivo: servir, como si de un manual se tratara, de uso de la caballería con fines bélicos. No obstante, no puede considerarse de ninguna manera como un texto protoveterinario, puesto que no se ocupa de las enfermedades del caballo ni de cómo tratarlas. Finalmente. Con respecto a la tercera obra que hemos citado, De la caza, hemos de decir que contiene un total de trece capítulos, de los cuales cuatro están dedicados a los perros y que abordan aspectos como las razas y sus características para la caza y el rastreo, las mejores características a considerar en los perros, cómo deben ser físicamente y sus capacidades para la caza, el adiestramiento que deben recibir para su mejor aprovechamiento y, finalmente, las cuestiones más importantes en cuanto a cría y reproducción. De esta manera, estas composiciones menores de Jenofonte marcan una vía para las obras que seguirían, en las que, en lugar de temas veterinarios, lo que encontraríamos serían obras de zootecnia, es decir, orientadas a la mejora de los animales para aprovecharlos con un fin económico.
Otro autor que no se nos puede quedar en el tintero es Aristóteles, pues nos ofrece muchos datos a través de su producción escrita conocida, mucho más cercana a la observación biológica que a la veterinaria. Y es que debemos señalar su Historia de los animales en 10 libros, De las partes de los animales en 4, Marcha de los animales, Investigación sobre los animales, Movimiento de los animales, Fisiognómica, Reproducción de los animales. Todo ello, hace que podamos considerar a Aristóteles como fundador de la zoología, anatomía y botánica como disciplinas científicas. En su Fisiognómica, el autor lleva a cabo una relación de los rasgos físicos de los animales con los del hombre, a los que debemos incluir las cualidades y los defectos. A lo largo de su producción, proporciona muchos datos en tanto en cuanto a la nutrición y manejo de los animales, incluso llegando a nombrar enfermedades con sus correspondientes síntomas, si bien tan sólo describe la sangría como modo de paliar alguna de ellas, no todas.
Por su parte, Timócrates realizó un tratado acerca de la epilepsia en el hombre, en la que describe de manera concisa el torneo del carnero, es decir, la centuriosis, haciendo referencia a la opinión, literalmente, de “los expertos”, por lo que podríamos concluir que había médicos para animales.
Por lo que respecta a otras obras perdidas, aunque citadas por otros autores, podemos mencionar a Astrampsico, un mago persa que fue autor de una obra médica en la que hizo una lista de tratamientos para enfermedades de los burros, así como Cteodamas de Acno, de Tesalia, que compuso una obra de equitación, citada por Estéfano de Bizancio.
En definitiva, hemos visto que no hay tratados de medicina animal propiamente dichos que nos hayan llegado a nuestros días, sino, más bien, compilaciones de remedios que pudieron ser fruto de una práctica de carácter empírico, o citas a personas que se dedicaban a la medicina veterinaria. Aun así, entre los temas que hemos visto, destacan el manejo y los cuidados, así como las cuestiones relacionadas con la hipología y la equitación, de tal manera que, no será hasta el siglo IV d.C., cuando lleguemos a estar ante veterinarios en el sentido estricto de la palabra, entre los cuales podemos mencionar a Eumelo, Absirto o Hipócrates.
Los autores latinos más importantes
Como veremos en este punto de nuestro tema, hay un gran número de autores que escribieron obras dedicadas al cuidado de los animales, aunque todos ellos desde diferentes puntos de vista. Sin embargo, para no extendernos en este tema más de lo que debiéramos, abordaremos los más relevantes.
En primer lugar, tenemos que tener en cuenta la obra de Marco Porcio Catón, al cual, como hemos observado, se le incluye, junto con Varrón y Columela como agronomista. Es importante entender que había una clara mezcla entre la medicina propia del hombre y la de los animales, lo cual se mantuvo hasta el siglo IV d. C. En todo caso, el tratado catoniano De agricultura ha llegado hasta nuestros días y, tal y como señalamos líneas más arriba, se trata de la obra en prosa más temprana escrita en latín sobre agricultura a manos de un romano, por lo cual s muy importante en tanto en cuanto nos ofrece una visión panorámica sobre la prevención y el tratamiento de las enfermedades conocidas hasta el siglo II a.C. en el Imperio Romano. Analizando la composición de Catón nos percatamos de que los bueyes y también en ovejas eran muy importantes, junto a la descripción de toda una serie de medidas, a fin de mantener la salud y prevenir la enfermedad de estos animales. Asimismo, destacan los remedios que servían para paliar una enfermedad ya contraída. En ambos casos es clara la utilización de recetas populares, las cuales estaban compuestas a partir de plantas, así como diferentes elementos mágicos y religiosos. Por otro lado, Catón también lleva a cabo una descripción de algunos tratamientos concretos para determinadas enfermedades con algunas connotaciones mágicas, aparte de las típicas ofrendas destinadas a los dioses para evitar enfermedades.
Sin embargo, Catón compone su tratado, no para veterinarios, sino para propietarios que necesiten un manual que les oriente en la gestión y manejo de sus animales.
Por otro lado, otro de los principales agrónomos latinos, como hemos señalado en temas anteriores, fue Marco Terencio Varrón autor de Rerum rusticarum libri III, todo un compendio que contiene el arte del agricultor, los rebaños y la economía rural. Destaca la manera que tiene de mostrar la visión económica de la explotación más rentable de los recursos que ofrece la agricultura y la ganadería, de manera que está dirigido, más bien, a los grandes propietarios en lugar de los pequeños agricultores, ya que atañe a la producción de todo tipo de especies de animales. Ya desde el libro I se hace referencia a la cría de ganado, en el II habla de la labor pastoril, así como de diferentes animales entre los cuales se encuentran ovejas, cabras, cerdos, bueyes, burros, caballos, mulas e incluso perros. Finalmente el libro III trata sobre la cría de otras especies, aves, caracoles, abejas, etc.; pero siempre desde el punto de vista de la obtención de beneficios económicos.
A diferencia que Catón, Varrón nos aporta una obra, fruto de una estructuración pensada antes de ser escrita. Además, su lenguaje es mucho más refinado y es reflejo del uso habitual de quien está acostumbrado a escribir. En la misma línea que aquel, presta más atención a la prevención de problemas mediante el manejo y conservación adecuada de las especies, que la aplicación de pautas médicas para la curación o tratamiento de enfermedades. Por esta razón, estamos refiriéndonos, nuevamente, a un tratado zootécnico y no de un tratado médico, aunque muy sistematizado y ordenado.
Dentro del campo que nos ocupa en este caso, hay que distinguir dos clases de enfermedades: las que, al igual que las del hombre, hacen necesaria la presencia del médico, frente a aquellas que, para su curación, precisan, sin más, los cuidados del pastor. Esta parte abarca otras tres: saber las causas de la enfermedad, los síntomas que las anuncian y el tratamiento que hay que aplicar a cada una. Asimismo es capaz de describir síntomas que indican una enfermedad, como la fiebre, cómo se presenta y cómo tratarla.
Así pues, es posible que nos percatemos de una indiscutible línea argumental entre Catón y Varrón, separada por el tiempo y con diferencias claras a favor de este último en cuanto al estilo literario, la claridad en la exposición y la construcción lógica del contenido. No obstante, vemos que aún sigue siendo más relevante la agricultura frente a la ganadería.
En tercer lugar, Publio Virgilio Marón, más allá de la composición de una obra épica como es la Eneida,  supo plasmar en otra, en sus Geórgicas, un argumento que sienta sus bases en el trabajo del campo y en la cría de los animales. Y es que, como ya sabemos, procedía de Mantua, en donde su familia tenía propiedades en el campo, por lo que tuvo la oportunidad durante su juventud de conocer el sistema de producción que se desarrollaba en las granjas romanas Además, este autor indica que tuvo la posibilidad de curar las enfermedades múltiples y variadas que consumían los establos de Octaviano, con quien discutía sobre caballos y perros.
Por su parte, las Geórgicas es un trabajo de naturaleza didáctica, dividido en cuatro libros, de los cuales el primero y segundo están dedicados a la agricultura, el tercero al ganado y el cuarto a las abejas. Como hemos venido viendo con los dos tratadistas anteriores, el contenido del libro III tiene que ver, más que con la veterinaria como medicina animal, con la zootecnia, la selección y la cría del ganado no solo mayor, sino también el menor. No obstante, cuando se refiere al ganado menor, tiene un apartado dedicado a la lucha contra las enfermedades de las ovejas, aunque breve y que presta a confusión. En este punto de la obra, cita el tratamiento de las úlceras y la aplicación de baños de agua limpia y corriente como medida higiénica ante la sarna, además de algunos remedios mediante ungüentos.
Así pues es evidente que Virgilio, a la hora de explicar estos términos ganaderos, sabía, y además, había vivido todo a lo cual hacía referencia, si bien muestra una indudable capacidad de describir los síntomas que observaba.
En definitiva, hemos contemplado que, a partir de las fuentes textuales se pueden encontrar muchos prosistas y poetas que incluyen en sus textos, desde visiones de la vida rural, hasta consejos en la cría y el manejo de los animales.
Por otra parte, uno de los escritores que se citan a menudo a la hora de tratar el tema de la veterinaria en Roma es Aulo Cornelio Celso, aunque su contribución en este campo no ha llegado a nosotros. Únicamente conservamos, de su Tratado de medicina en ocho libros, la parte que versaba sobre temas como la retórica, el arte militar y la agricultura. A lo largo de los ocho libros, aborda síntomas, enfermedades, remedios y fórmulas, todo ello de manera detallada, dedicando los dos últimos a la cirugía. Sin embargo, esos contenidos guardaban relación con la medicina humana.
Cabe destacar una referencia que hace a los veterinarios en el prefacio del primer libro, simplemente cuando habla de las doctrinas médicas. En este mismo pasaje compara los metodistas con los veterinarios cuando dice que al no poder conocer las sensaciones particulares de los animales, puesto que no hablan, se detienen solamente en los síntomas generales.
Otro autor renombrable en este sentido es Cayo Plinio Segundo, quien compuso, tal y como hemos estudiado, la Naturalis historia. En relación con la veterinaria, es verdad que  se ocupa de los animales en varios de los libros que componen la obra, más concretamente en el libro VIII, dentro del cual incluye los remedios que utilizan los animales para paliar sus dolencias, así como la reproducción de los perros, remedios contra la rabia, y también los caballos, asnos, ovejas, carneros, cabras y cerdos. Además, el libro IX versa sobre los animales acuáticos y el X gira en torno a la historia de los pájaros, teniendo en cuenta también las aves domésticas. Más adelante, en el libro XXVIII, habla de los remedios proporcionados por los animales domésticos, y en el siguiente por los animales salvajes.
Aparte de algunas cuestiones sobre la cría de animales o ciertas enfermedades para las cuales ya había un remedio conocido, Plinio el Viejo ni aporta nada más a la veterinaria. No obstante, destaca su interés hacia la utilización de animales de todo tipo en la farmacopea, algo que aparece en gran medida en su obra.
A partir de aquí veremos dos autores que sobresalieron por sus aportaciones al ámbito de la veterinaria. El primero de ellos es Lucio Junio Moderato Columela, al mismo que hemos analizado en el bloque de correspondiente a la agricultura. Muchos estudiosos afirman que fue un magnifico escritor y un individuo interesado por el conocimiento como pudieron ser también Varrón, Virgilio, entre otros. Sin embargo, han surgido posturas que no lo creen así.
Aun así, su tratado de agricultura nos muestra una práctica agropecuaria que ha llegado incluso a constituir un modelo y paradigma del método científico seguido por la ciencia empírica y, mucho más tarde, sobre este núcleo precursor, los científicos elaboraron el método científico que tanta importancia ha adquirido actualmente. Y es que, sin duda, gracias a que se trataba de un autor que fue copiado innumerables veces hasta el siglo XIX, nos ha llegado su obra de modo más o menos íntegra.
Por otro lado, tenemos que darnos cuenta de que Columela se trata del primero en poner en evidencia la importancia de la medicina veterinaria para el desarrollo de la actividad agroganadera, tal y como indica Mañé Seró (p. 57). En el mismo pasaje señala que el tratado del autor que nos ocupa representa la culminación del saber agrícola y ganadero grecorromano y de toda la Antigüedad, debido a la influencia de los conocimientos cartagineses a partir de la obra de Magón. Del mismo modo, existe una serie de analogías entre la obra de Columela y algunas descripciones semíticas y egipcias sobre las afecciones de los bueyes, aunque el tratamiento de las enfermedades de los animales ha sido el punto más débil de todos los tratados de agricultura y ganadería, no sólo los antiguos y medievales, sino también los más recientes.
Entre otras cosas, gracias al trabajo de Columela es posible conocer la práctica quirúrgica relativamente extensa en la época romana, que no está tan alejada de nuestra práctica actual como pudiéramos creer. Las operaciones que más se describen en todas las especies son la sangría y la castración. Además, Columela recomienda el uso del fuego en las dolencias relativas a los pies, así como para la cauterización como profilaxis antiinfecciosa, teniendo en cuenta que se trataba de un procedimiento repugnante para los romanos, según apunta Mañé Seró (p. 58).
Dentro del tratado en cuestión, nos centramos en los libros VI y VII, ya que tratan, de los bueyes, caballos y mulos por una parte, y por otra, del ganado menor, respectivamente. En este sentido es destacable exposición sistemática que lleva a cabo el autor, el cual, en primer lugar, clasifica al ganado por su importancia en dos grupos, dedicándole un libro a cada uno. Seguidamente, hace referencia a las medidas higiodietéticas y de buen uso por especies, así como a estudiar las distintas patologías. Describe y aporta posibles remediaos, entre otras cosas, para las fracturas cornuales, para las que recomienda la aplicación de un taponamiento con ungüentos; los efectos de las mordeduras y picaduras de animales venenosos, sugiriendo la apertura y la cauterización del abultamiento. Concretamente, el capítulo diecinueve del libro VI trata de la construcción de un potro de contención para grandes animales, con la finalidad de evitar daños al veterinario cuando se quieran administrar remedios, hacer curas, etc., del mismo modo a como lo podríamos hacer hoy mismo. Por otro lado, al referirse a la castración de los becerros cita a Magón el Cartaginés, y no recomienda el corte del cordón testicular sino la emasculación a través de la piel con una caña hendida, método empleado en la actualidad por castradores y propietarios.
Antes de enumerar los aspectos negativos de la obra de Columela, debemos reflexionar acerca de los positivos, los mismos que han sido más o menos utilizados a través de los siglos hasta etapas recientes de la historia veterinaria. Ya en el libro II da unas claras orientaciones sobre cómo se han de cuidar los bueyes después de haberlos desuncido y han dejado de trabajar, consejos muy interesantes para alargar la vida productiva de animales tan imprescindibles para la economía rural y que podrían ser perfectamente válidos aun hoy. Centrándonos en los libros VI y VII, es preciso mencionar el capítulo cinco del primero de ellos, en el que se indican unas medidas muy acertadas de aislamiento para evitar contagios, así como algunos remedios para enfermedades contagiosas. Más adelante trata de la indigestión de los rumiantes con una descripción clara de la sintomatología y tratamiento. De igual modo, el capítulo siguiente trata el dolor de vientre e intestinos con una clara exposición de los síntomas. Siguen capítulos que versan sobre la calentura, la tos, la inapetencia, la sarna, las úlceras del pulmón, las heridas y afecciones oculares, pasaje en el que explica sucintamente los signos de la enfermedad y señala tratamientos médicos ricos en cocimientos, emplastos y brebajes que administra por vía oral o nasal. Curiosamente el capítulo XVI del libro sexto hace mención del tratamiento con sal y puerros molidos para las miasis, y no aconseja la extracción manual de las larvas. Siguen algunos consejos para el tratamiento de vacas, toros y caballos, e incluyen datos como el control de la actividad reproductiva y cómo mejorarla, así como el cálculo de la edad de los caballos a partir del estado de desarrollo de la dentición.
En definitiva, nos encontramos ante un autor muy importante y que marca un hito en la historia de veterinaria.
Finalmente, cabe hablar de Paladio Rutilio Tauro Emiliano, autor que cierra con su Opus agriculturae la tradición de obras agronómicas iniciada en el mundo romano por Catón, tal y como señalamos en el bloque anterior en relación con la agricultura. Sin embargo, más tarde escribiría un resumen sobre medicina veterinaria, además de un poema sobre los injertos. Su tratado de agricultura es, una vez más, un compendio de escritos de agronomía y de construcción de una villa agrícola, dirigidos a un público de nuevos propietarios del siglo IV en adelante. Como vimos, se trata de un compilador de Columela, al que abrevia y reestructura, haciéndolo útil y accesible pero sin aportar nada nuevo. Y es que esto resulta más que evidente en el apartado dedicado a la medicina veterinaria, que no es más que una copia casi literal de Columela, como indica Mañé Seró (p. 63).
Por su parte, Paladio aporta una serie de recomendaciones en relación a la cría y los cuidados de las diferentes especies domésticas de interés zootécnico, haciéndolas coincidir con los distintos meses del año, por lo que recomienda determinados deberes según el tiempo ideal en que se debían realizar. Y así, por ejemplo, en el mes de mayo, que coincide con el libro VI, incluye la castración de los bueyes (VI, 7). Por otro lado, en el libro VII, correspondiente al mes de junio, indica lo que es adecuado para la castración, refiriéndose a lo descrito en el libro anterior.
En relación con su obra de medicina veterinaria, se considera como el libro XIV de su tratado de agricultura y, por ello, continuación del mismo. Sin embargo no goza de la facilidad de lectura de éste. En cuanto a su contenido, en su mayor parte es copia de Columela, con escasos pasajes de otros autores. A diferencia del estilo y organización del tratado de agricultura, aquí Paladio no comienza con un índice de su contenido, pero, una vez analizada la composición, vemos que habla de medicación para los agricultores según los autores griegos y del ganado vacuno; de las enfermedades y tratamientos de las vacas, de la inapetencia, la fiebre, el catarro, las afecciones de las patas y la sarna. Asimismo trata las afecciones en pulmones y cabeza, las lesiones en las patas y otras lesiones y heridas. También hace referencia a las mordeduras de animales, a las enfermedades de los ojos, a las sanguijuelas y las lombrices. • Medicación del ganado equino, del catarro, la sarna, las heridas y otras afecciones de los caballos, así como la medicación de las mulas, de las cabras, de los cerdos y de las ovejas.
En resumidas cuentas, tenemos que darnos cuenta de que estas obras se escriben, no para el veterinario, sino para el pater familias, que es, ni más ni menos que el responsable de la granja romana.

Selección de textos para traducir
  • Sobre las cabras y su medicina (Columela, De re rustica, VII, 7, 1-4)
Atque alia genera pecorum, cum pestilentia vexantur, prius morbo et languoribus macescunt, solae capellae quamvis optimae atque hilares subito concidunt et velut aliqua ruina gregatim prosternantur. Id autem accidere maxime solet ubertate pabuli, quam ob rem, dum adhuc paucas pestis perculit, omnibus sanguis detrahendus nec toto die pascendae, sed mediis quattuor horis intra saepta claudendae. [2] Sin alius languor infestat, poculo medicantur harundinis et albae spinae radicibus, quas cum ferreis pilis diligenter contudimus, admiscemus aquam pluviatilem solamque potandam pecori praebemus. Quod si ea res aegritudinem non depellit, vendenda sunt pecora vel, si neque id contingere potest, ferro necanda saliendaque. Mox interposito spatio conveniet olim gregem reparare, nec tamen ante quam pestilens tempus anni, sive id fuit hiemis, vertatur aestate sive autumnum vere mutetur. [3] Cum vero singulae morbo laborabunt, eadem remedia, quae etiam ovibus, adhibebimus. Nam cum distendetur aqua cutis, quod vitium Graeci vocant hydropa, sub armo pellis leviter incisa perniciosum transmittat umorem, tum factum vulnus pice liquida curetur. [4] Cum effetae loca genitalia tumebunt aut secundae non responderint, defruti sextarius vel, cum id defuerit, boni vini tantundem faucibus infundatur et naturalia ceroto liquido repleantur. Sed ne nunc singula persequar, sicut in ovillo pecore praedictum est, caprino medebimur.
  • Sobre los cerdos y su medicina (VII, 10, 1-4)
Febricitantium signa sunt, cum obstipae sues transversa capita ferunt ac per pascua subito, cum paululum procurrerunt, consistunt et vertigine correptae concidunt. [2] Earum notanda sunt capita, quam in partem proclinent, ut ex diversa parte de auricula sanguinem mittamus. Item sub cauda duobus digitis a clunibus intermissis venam feriamus, quae est in eo loco satis ampla, eamque sarmento prius oportet verberari, deinde ab ictu virgae tumentem ferro rescindi detractoque sanguine conligari saligneo libro vel etiam ulmeo. [3] Quod cum fecerimus, uno aut altero die sub tecto pecudem continebimus et aquam modice calidam quantam volent farinaeque hordeaceae singulos sextarios praebebimus. Strumosis sub lingua sanguis mittendus est, qui cum profluxerit, sale trito cum farina triticea confricari totum os conveniet. Quidam praesentius putant esse remedium, cum per cornum singulis ternos cyathos gari demittunt. Deinde fissas taleas ferularum lineo funiculo religant et ita collo suspendunt, ut strumae ferulis contingantur. [4] Nauseantibus quoque salutaris habetur eburnea scobis sali fricto et fabae minute fresae conmixta ieiunisque prius quam in pascua prodeant obiecta. Solet etiam universum pecus aegrotare, ita ut emacietur nec cibos capiat productumque in pascua medio campo procumbat et quodam veterno pressum somnos aestivo sub sole captet. 
  • La castración de los bueyes (Paladio, Opus agriculturae, VI, 7, 1-4)
Nunc castrandi sunt uituli, sicut Mago dicit, tenera aetate, ut fissa ferula testiculi conprimantur et paulatim confracti resoluantur. Sed hoc luna decrescente uerno uel autumno fieri debere praecepit. Alii ligato ad machinam uitulo duabus angustis regulis stagneis sicut forcipibus ipsos neruos adprehendunt, qui Graece cremasteres dicuntur. [2] His conprehensis tentos testiculos ferro resecant et ita recidunt ut aliquid de his capitibus neruorum suorum dimittatur haerere. Quae res et sanguinis nimietatem prohibet et non omnino iuuencos subducto robore uirilitatis effeminat. Nec admittendum est, quod plerique faciunt, ut statim castratos coire conpellant. Nam certum est ab eis generari, sed ipsos fluxu sanguinis interire. Vulnera uero castraturae cinere sarmentorum et spuma linentur argenti. [3] Castratus abstineatur a potu et cibis pascatur exiguis ac sequenti triduo praebeantur ei tenerae arborum summitates et frutecta mollia et herbae uiridis coma dulciore sagina roris aut fluminis. Pice etiam liquida mixto cinere et modico oleo post triduum uulnera diligenter ungenda sunt. Sed melius genus castrationis sequens usus inuenit. [4] Alligato enim iuuenco atque deiecto testiculi stricta pelle clauduntur atque ibi lignea regula premente deciduntur ignitis securibus uel dolabris uel, quod est melius, formato ad hoc ferramento, ut gladii similitudinem teneat. Ita enim circa ipsam regulam ferri acies ardentis inprimitur unoque ictu et moram doloris beneficia celeritatis absumit et ustis uenis ac pellibus a fluxu sanguinis strictis plagam cicatrix quodammodo cum ipso uulnere nata defendit. 


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