TEMA 10:
Antecedentes
Desde el antiguo Egipto, la medicina ya estaba especializada, había
médicos para los ojos, médicos encargados de los dientes, de la cabeza, de las
enfermedades abdominales y de las dolencias cuyo origen era más bien incierto,
tal y como indica Heródoto en su Historia (XI, 84) . Así, se aseguraban
de que hubiera médicos distribuidos por todo el país. Gracias a los testimonios
de diferentes autores griegos, sobre todo el que acabamos de mencionar y
Estrabón, sin mencionar la traducción contemporánea de nueve papiros y diversos
fragmentos que versan sobre la ciencia médica, tenemos constancia de los
avances que giraban en torno a la medicina egipcia.
Parece ser que los procesos terapéuticos egipcios estuvieron
estrictamente ligados a los místicos rituales mágicos, que gozaban de un
importante nivel de prestigio desde mucho tiempo atrás. El primer médico más
antiguo conocido en Egipto fue el odontólogo Hesy-Ra, alrededor del
tercer milenio a. C. Destacaron igualmente otro dentista llamado Ni-ahkh
Sekhme y su ayudante Menkaoureakh, “hombre de dientes”, alrededor
del año 1600 a. C. En efecto, la odontología fue, con gran seguridad, la
especialidad médica más antigua y, además, avanzada, y es que los propios dientes
de las momias que conservamos nos lo ratifican.
Por otra parte, la farmacología también pertenece al ámbito del
conocimiento egipcio y abordaba el diagnóstico de las enfermedades, a partir de
la descripción de los síntomas, y los remedios para paliarlas. Según ellos, el
hombre es un ser que nace sano y las enfermedades son dolencias posteriores que
vienen de fuera y se introducen en el cuerpo, ya sea por medio de parásitos,
vientos, alimentos en mal estado o espíritus malignos y divinidades.
Por otra parte, la cirugía era una práctica reservada a los
sacerdotes, los mismos que compaginaban ambos oficios, manteniendo, como
señalábamos líneas más arriba, la magia y la ciencia vinculadas. A sus curas
acompañaban invocaciones a los distintos dioses.
En lo que atañe a la civilización griega, en las tablillas
micénicas puede leerse en silabario Lineal B el término I-JA-TE, es
decir, “médico”. En los tiempos de Homero se hacía distinción entre Ieter
e Ieros. El primer término hace referencia al sanador por la gracia de
los dioses, mientras que el segundo se corresponde con el sanador que ejerce
como tal gracias a una educación previamente adquirida. Ya en una etapa
posterior del mundo griego antiguo se denominaría ἰατρεία al arte
médico, que estaba ejercido por el ἰατρός. Y es que este vocablo deriva del
verbo ἰατρεύω, el cual significa “ser médico”.
Además, tenemos que tener en cuenta que la medicina griega también
estaba ligada a la mitología, de tal manera que eran los dioses quienes
inspiraban al ἰατρός. Asclepio, hijo de Febo Apolo, fue el principal
dios griego de la medicina y de los remedios curativos. Con la devoción hacia
este en sus templos se originó el verdadero estudio de la salud.
Entrando ya en materia, fue el gran interés que los griegos mostraron
por el cuerpo humano y, en especial, el
empeño que prestaron al bienestar físico de los atletas: dietas, entrenamiento,
fisioterapia -donde resaltan los masajes y la hidroterapia- y la cura de
dolencias específicas por médicos expertos lo que propició el inicio de una
visión racional y científica de la medicina griega. En eta misma línea, entre los años 600 a. C. y 200 d. C., la medicina
en el Mundo Antiguo occidental se puede dividir en ocho etapas:
·
La
etapa presocrática, que se corresponde con el inicio del amor por la physis,
la natualreza, y su investigación por parte de los physiológoi. Los
presocráticos tenían como objetivo encontrar una explicación al origen y la
formación del universo, tal y como hemos observado en temas anteriores. Dentro
de este concepto de mundo entra también el ser humano, pues este es un microcosmos.
Durante esta primera etapa, el conocimiento médico se haciendo cada vez más
técnico y racional, dado que anteriormente se trataba de una disciplina
totalmente empírica.
·
En
segundo lugar destacamos la etapa hipocrática. Ya a partir del año 500 a. C.,
se afianza y se enriquece el saber
médico de los filósofos presocráticos. Además, surgen además las escuelas, como
la de Cos, de donde procede Hipócrates
·
Una etapa que se sitúa a caballo entre hipocráticos y alejandrinos,
durante la cual se desarrollan las principales corrientes de la filosofía
griega. Por un lado tenemos a Platón con su Academia, por otro, a Aristóteles
con el Liceo y a Zenón de Citio con los sucesores de la Stoa. Y es que
no podemos olvidarnos de que la medicina todavía forma parte de la filosofía.
·
Etapa
de alejandrinos y empíricos, con los que vemos de qué manera se desarrollan las
ciencias en la ciudad de Alejandría. Era un momento en el que además aparecen
médicos muy reputados, tales como Herófilo de Calcedonia y Erístrato de Ceos. Asimismo,
se intenta crear una nueva medicina científica, a fin de rivalizar con los
antiguos conocimientos griegos. No obstante, frente este nuevo modelo los
empíricos se mostraron contrarios.
·
A
partir de esta quinta etapa, entramos en el tema que nos ocupa en cuestión: la
penetración de la medicina griega en Roma, si tenemos en cuenta que el primer
médico que llegó a la ciudad fue Arcagato de Esparta, en el año 219 a. C.,
aunque su fama no fue muy afortunada debido a sus métodos, la navaja y la
cauterización, lo cual le hizo ganar el apelativo de el Verdugo. Por otra parte, la medicina local era muy
rudimentaria y el carácter conservador y antiheleno de los romanos dificultó la
entrada de la ciencia griega, como vimos en otros ámbitos de la ciencia
anteriormente con Catón. Aun así, el crecimiento de la ciudad, tanto en el
terreno económico como político, así como el prestigio del que gozaba la
ciencia griega entre las personalidades más importantes de la época y el deseo
de los sabios por obtener beneficios y buena reputación favoreció finalmente la
entrada fluida del saber griego.
Asimismo, a esta etapa pertenecieron
ilustres médicos, como Herófilo, Erasístrato y Asclepíades, quien se dedicó a
crear una nueva medicina. Con él surge en Roma el ars medica, concepto
que nos muestra que nos encontramos ante el acontecimiento más importante de la
historia universal de la medicina, pues a partir de este punto podemos hablar
de la auténtica medicina.
·
Por
otra parte destacamos una etapa que se caracteriza por el desarrollo y
diversificación de la medicina griega en el Imperio Romano. Y es que, tras la
expansión de la medicina helenística en Roma, los romanos la fueron adoptando
como suya, es decir, que este arte se romanizó, sobre todo en autores como
Celso, Cicerón, César o Celio Aurelio. Este acontecimiento fue posible gracias
a varios factores:
Por un lado, la escuela metódica, de
la cual formó parte Asclepíades de Prusa. Su idea de salud giraba en torno a la
dieta y a la acción terapéutica proporcionada por los ejercicios físicos. El
punto más alto de la romanización de la medicina lo encontramos con los
fundadores de esta escuela: Temisón de Laodicea y su discípulo Tesalio de
Tralles, en la que se consideraba que, ante una afección, el cuerpo completo
enferma. Para ellos no existía fuerza natural de recuperación alguna y el
paciente debía prestar su colaboración para que la terapia asignada por el
médico fuera efectiva. Asimismo, la concepción atomista también entró en juego
en esta escuela, ya que, según ellos, la curación se obtenía mediante el
movimiento normal de los átomos, el cual se daba con los masajes, el ejercicio,
irrigaciones, etc. Cabe destacar que la dietética metodista, en caso de
enfermedad, consistía principalmente en el ayuno.
Otros factores fueron los enciclopedistas
y los farmacólogos. Y es que hemos visto que hay diferentes autores que
recopilaron los conocimientos, no solo los concernientes a la medicina, sino también
la de toda la ciencia natural, tanto la aprendida por los griegos como la
propia. Ejemplo de estos son Marco
Terencio Varrón, Celso y Plinio el Viejo con su Naturalis historia. Por su
parte, la farmacología, representada sobre todo por el griego Dioscórides,
también se afianzó.
A mediados del siglo I d. C. surgió la
escuela pneumática, cuyo mayor representante fue Galeno, quien, como ya hemos
visto, fue médico de los emperadores Marco Aurelio, Cómodo y Septimio Severo. A
él se le debe una síntesis que recopila todo el saber médico del que se tenía
constancia hasta entonces. Según nos cuentan sus tratados, las enfermedades se
explican, desde un punto de vista general, a partir de las alteraciones de los
humores del cuerpo y sus cualidades: pituita (fría y húmeda), sangre (caliente
y húmeda), bilis amarilla (caliente y seca) y bilis negra (fría y seca). De
esta manera, los signos de las enfermedades le permitieron establecer un grupo
de diagnóstico para reconocerlas y un pronóstico para anticiparse a su
evolución. Su modo de tratarlas fue utilizar muchos medicamentos y aquello que
cause el efecto contrario, es decir, si el mal era de causa caliente, debía ser
aplicado un remedio terapéutico frío.
Por su parte, la escuela ecléctica
de Cornelio Celso fue otro factor que propició la romanización de la medicina. Esta
escuela se caracterizaba por rechazar la división del arte médica en distintas
doctrinas y, abogando, pues, por su unificación, pues consideraba que todas
tienen teorías y conocimientos acertados, como afirmaba Celso (V): omnes
medicinae partes ita innexae sunt, ut ex toto separari non possint. Este
autor creía que el cuerpo humano poseía una fuerza curativa natural. Así, su consejo a la hora de evitar una enfermedad
se basaba en vivir la vida de acuerdo con las leyes naturales. Asimismo, fue el
primero que indicó las formas correctas para la aplicación de la hidroterapia,
como veremos en el siguiente tema. Los médicos de esta escuela orientaban su
profesión en torno a la dietética, el tratamiento con fármacos y la cirugía.
Celso aconsejaba a los sanos con las siguientes premisas: ejercicio asiduo,
hidroterapia, ya sea baños tibios y masajes con aceite, o lavados, chorros,
envolturas y bebidas, todo con agua fría. Cabe mencionar otras personalidades
que firmaron parte de esta escuela, como el caso de Pedacio Dioscórides
Anazarbeo, el cual escribió un tratado De materia medica, en la que
llevó a cabo la descripción de ,as de quinientas plantas con sus
correspondientes funciones curativas. Esta obra fue consultada incluso hasta el
siglo XVIII. Sin embargo, Dioscórides abogaba por el mínimo empleo de
medicamentos y porque estos fueran sencillos. Prefería, pues, los tratamientos
externos, como las unturas y cataplasmas, aunque ello no quita que haya
recogido toda la información disponible en su época sobre la farmacología.
·
La
penúltima etapa tuvo como protagonista a Galeno. Del mimso modo que Hipócrates,
Galeno representó el culmen des saber médico a lo largo y ancho de sus ramas.
·
Finalmente,
destacamos una tapa posgaléncia. Y es que, tras Galeno, el desarrollo de la
medicina grecorromana se paraliza, ya que, a partir de ese momento, a excepción
de ejemplos como Celio Aureliano, apenas surgen figuras importantes.
La medicina en Roma
A estas alturas, nos hemos percatado de que la ciencia en Roma no
destacó tanto como la que se desarrolló en Grecia. Ello es debido a que,
mientras en Grecia se buscaba dar sentido a la existencia del mundo y del ser
humano y su función en este, la ciencia romana tendía a buscar el valor
práctico de la vida y del medio en el que se desarrolla. Por esta causa, Roma
se desarrolló con un avance imparable en disciplinas como el derecho, la
Ingeniería, las ciencias políticas, la arquitectura, la economía y la administración.
No obstante, el estudio de la historia sí tenía un peso más considerable,
porque conocerla les otorgaba lecciones de conducta, tal y como señalaba
Cicerón en su De oratore (II, 36). Esto, como es lógico, no tenía en
cuenta la menor o mayor calidad que tuviera, ya que por todos es sabido que la
historia puede ser manipulada desde muchos puntos de vista.
Ahora bien, los romanos no se llevan todo el mérito de lo que
desarrollaron, ya que también asimilaban los conocimientos útiles de las
culturas sobre las que se imponían. El contacto con el mundo griego tras la
ocupación de Grecia, que estaba para aquel entonces en manos de Macedonia, en
el año 146 a. C., provocó, entre muchas otras consecuencias, el surgimiento de
autores que recopilaron y adaptaron el saber griego. Este conocimiento fue
reconocido inmediatamente como superior por muchos, aunque ya hemos visto que
también había individuos que se posicionaron en contra de este hecho.
Por otra parte, los cuidados personales en Roma, antes de su
helenización, eran muy simples y giraban en torno a vigilar la dieta, llevar
una vida moderada y realizar ejercicio físico de forma habitual. De este modo,
la primitiva medicina de la que hicieron uso los romanos era una medicina
basada en el conocimiento popular. Ellos y sus familias se curaban a sí mismos
y estos remedios populares, como los cantos épicos, pasaban de generación en
generación, sin necesidad de crear una ciencia específica para ello. Dentro de
estos remedios cabe destacar el vino. Esta bebida tomó una gran importancia en
la medicina precientífica romana debido a sus capacidades para contraatacar el
hambre, la debilidad, el agotamiento, etcétera, y su origen agrícola lo hacía
asequible en una sociedad rural.
Los romanos tomaron de los etruscos, cuyos tratamientos provenían
directamente de los griegos, el saber básico de la higiene pública y el drenaje
de los pantanos a fin de evitar la difusión de mosquitos que pudieran
transmitir la malaria. En el territorio de la Toscana, lugar en el que nació
esta civilización, abundaban fuentes y edificios termales que los romanos
convirtieron después en termas para el tratamiento balneoterapéutico.
En definitiva, la medicina de Roma destaca sobre todo por una
primeriza técnica proveniente de Grecia y transmitida por los etruscos, los valetudinaria,
es decir, hospitales militares que surgieron en Roma durante la República.
Estos se encontraban en las casas de los patricios o en las de los mismos
médicos y allí se llevaban a los militares heridos o que habían caído enfermos
durante la campaña para que fueran atendidos, siempre y cuando la batalla se desarrollase
cerca de la ciudad. Si no fuera así, los hospitales se establecían dentro del
campamento militar o castra, normalmente a lo largo de las fronteras.
Esta zona de atención médica estaba dividida en una sala para heridos y otra
para enfermos.
Finalmente, hemos de mencionar una oleada de médicos griegos que se
establecieron y llevaron a cabo su profesión en Roma, entre los siglos III y II
a. C. La medicina en la ciudad se enseñaba de forma privada y, durante la etapa
del Imperio, los médicos, que eran sobre todo de origen griego y judío, estaban
exentos de pagar impuestos y de realizar el servicio militar.
Por su parte, la filosofía y la ciencia médica siguieron guardando
una estrecha vinculación en Roma. Filósofos romanos como Séneca no pudieron
evitar el interés por lograr el bienestar corporal, en tanto en cuanto sugería
en sus Epistoale (100, 123) que la comida debe calmar el hambre,
la bebida debe saciar la sed, y que las ansias de procrear deben estar dentro
de unos límites adecuados. Anima a aprender a valernos de nuestro propio cuerpo,
a aumentar nuestra moderación en la satisfacción de los placeres y mantener los
goces dentro de unos límites, a buscar la satisfacción de nuestras necesidades
naturales a través de medios fácilmente alcanzables. Sugiere que las
enfermedades son castigos por desnaturalizar nuestra vida y por tener gustos
superfluos como la riqueza o la voluptuosidad y que la desmesura en la
alimentación nos trae enfermedades y la fiebre.
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