TEMA 12: LA HIDROTERAPIA
Antecedentes
Los antecedentes históricos de la
hidroterapia pueden encontrarse entre los médicos egipcios, como ya hemos
visto, quienes aconsejaban mantener un alimentación saludable, practicar
gimnasia y someterse a esta técnica terapéutica; y entre las mujeres macedonias
con sus costumbres de tomar baños de agua fría tras el parto con el fin de
detener las posibles hemorragias gracias a su efecto vasoconstrictor. Asimismo,
Hipócrates, ya en el siglo IV a. C., consideraba la hidroterapia como un método
terapéutico eficaz que constaba en baños alternantes, agua marina, baños de
vapor y compresas húmedas. Este mismo veía las enfermedades como desequilibrios
del cuerpo y el agua era un instrumento para equilibrarlo, tal y como señalamos
líneas más arriba.
En la época romana fueron
construidas termas públicas, repartidas entre la mayoría de las ciudades. Las
técnicas hidroterapéuticas eran similares a las utilizadas en Grecia, es decir,
la búsqueda del equilibrio corporal. Es interesante mencionar que una de las
aplicaciones más comunes para el tratamiento de las enfermedades reumáticas fue
la aplicación de descargas eléctricas de la raya eléctrica, también llamada pez
torpedo. Incluso el propio médico del emperador romano Claudio, Escribonio
Largo, también aconsejaba esta técnica para tratar la migraña.
¿Qué es la hidroterapia?
Se trata del uso de diferentes
técnicas o formas de aplicación del agua con una finalidad de tipo terapéutica.
Este empleo del agua desde el punto de vista médico es tan antigua como el
hombre, y es que ya era utilizada en los templos consagrados al dios griego de
la medicina, Asclepio, de ahí que los balnearios recibieran el nombre de asclepias.
Concretamente, fue el griego Hipócrates quien estableció las primeras normas
para usar el agua como terapia, es decir, conocer sus propiedades y efectos en
el enfermo. Más tarde, Galeno y Celso demostraron, en su caso en Roma, los
efectos curativos de esta sustancia. Se puso de moda en aquella época porque,
según se cuenta, un reputado médico llamado Antonio Musa salvó al enfermo
emperador Augusto gracias a un procedimiento basado en agua fría no solo bebida
sino también aplicada por todo el cuerpo. Además, también curó al afamado poeta
Horacio, quien padecía una afección en el globo ocular.
Posteriormente, en la Edad Media
cayó en desuso debido a motivos religiosos y se utilizó más la fitoterapia.
Así, esta técnica no resurgió hasta el siglo XIX de la mano de Vincenz Prießnitz,
al cual se le llama padre de la medicina alternativa.
Sin embargo, no es el agua en sí la
que produce efectos terapéuticos, sino su capacidad de almacenar y transmitir
estímulos térmicos, bien frío, bien calor, a nuestro cuerpo. La capacidad que
tiene el agua para almacenar el calor es muy considerable, y también conduce la
temperatura incluso mejor que el aire. Por lo tanto, si aplicamos agua caliente
a una persona, aumentará su temperatura y su riego sanguíneo. Por el contrario,
la aplicación de agua fría produce vasoconstricción, con su consecuente
disminución del riego sanguíneo.
A lo largo de la Antigüedad no había
no se conocía una distinción entre los diferentes tipos de aguas, tal y como la
conocemos hoy en día. Sin embargo, las nociones de los antiguos en hidrología
dejaron constancia de que sí se sabía sin problema alguno que hay aguas más
suaves que otras, con más sales y con
diversos elementos químicos y peculiaridades. Así pues, el estudio de
los escritos de los antiguos permite establecer una clasificación hidrológica
del siguiente modo:
·
Las
aguas vitriólicas, que son corrosivas debido a su contenido de sulfato de zinc.
·
Aguas
ferruginosas, con un importante contenido de hierro.
·
Aguas
sulfurosas, que están también dentro de la clasificación actual.
·
Las
aguas bituminosas son las que contienen sustancias como betún o alquitrán.
·
Aguas
aluminosas. Son aguas que contienen óxido de aluminio.
·
Finalmente,
las aguas salinas y/o nitrosas. Es destacable que muchos autores, entre los
cuales debemos mencionar a Celso, que las mencionaron, aunque la distinción entre
ambas es difícil: destilat
autem de capite interdum in nares, quod leve est; interdum in fauces, quod
peius est (IV, 5).
Por su parte, Tales de Mileto decía que el agua daba origen a todo
y más tarde surgieron filósofos que defendieron que el fuego era el elemento
principal del mundo. Después surgió la teoría de que los elementos principales
son el aire, el fuego y la tierra. Así pues, la trascendencia del agua llevó a
Vitruvio a dedicar el octavo libro de su De Architectura a las
cualidades de esta, las formas de obtener la de mejor calidad y sus usos. La idea
general que expresaba este autor para obtener el agua era explotar los
manantiales donde este líquido preciado brota hacia el exterior o mediante
obras donde la ingeniería entra en juego, desde cavar simples hoyos hasta
llevar a cabo auténticos desafíos arquitectónicos. No nos pararemos a mencionar
todos los lugares donde, según Vitruvio, se puede conseguir agua ni todas sus
cualidades, sino que nos referiremos solamente los más destacables. Para esto
hemos de establecer una diferencia entre lugares donde se halla una excelente
agua de forma escasa y lugares donde se halla de forma abundante:
·
Lugares
con agua escasa de gran calidad:
§ Tierra negra. Las gotas estancadas fruto de las lluvias del
invierno.
§ Terrenos de grava. Poseen vetas de agua muy suave.
§ Entre rocas ricas en sílice, como el granito y el cuarzo.
·
Lugares
con agua abundante de gran calidad:
§ Terrenos de arena gruesa y tierra rojiza. Poseen vetas permanentes,
sobre todo entre piedras rojas.
§ Faldas de los montes. En forma de manantiales.
§ Entre valles boscosos.
Uno de los indicadores naturales de la presencia de agua en el
terreno es la vegetación, como sugiere Vitruvio (VIII, 1, 3): signa autem,
quibus terrarum generibus supra scriptum est, ea invenientur nascentia: tenuis
iuncus, salix erratica, alnus, vitex, harundo, hedera aliaque, quae eiusmodi
sunt, quae non possunt nasci per se sine umore.
Por otra parte, es lógico que estos yacimientos deben ser
completamente naturales, sin que tales plantas hayan sido cultivadas. En este
caso, el agua, según el testimonio del autor que hemos mencionado, ha de ser
extraída preferiblemente en las zonas donde no haya una exposición directa al
sol. Por esta misma razón, el agua de las llanuras no goza de la mejor calidad,
y por ello también los manantiales de las zonas con menos luminosidad poseen
agua de gran calidad, ya que están orientados en sentido opuesto al curso del
sol (Vitruvio, De architectura, VIII, 1, 6)
Vitruvio dedicó, además, un capítulo para hablar concretamente del
agua que se obtenía a partir de la lluvia. El ciclo del agua ya se podía
encontrar en sus escritos, lo cual es un claro ejemplo de que la ciencia de
aquella época concuerda en muchos aspectos con las teorías científicas
actuales. Así, el agua de la lluvia que cae en las montañas, al igual que el
agua de la nieve fundida, alimenta sus salutíferos manantiales y sus ríos. En
definitiva, la mejor agua, según él, es la que procede de las fuentes o
manantiales montañosos orientados hacia el sur y poco expuestos a la luz solar,
a menos que el recorrido del agua pase por zonas ricas
en azufre, metales pesados, alquitrán, etc.
En el campo de la salud, gracias al testimonio de Vitruvio,
poseemos la clasificación que empleó este autor para los tipos de agua,
atendiendo a los beneficios para la salud, es la siguiente
·
Aguas
sulfurosas, útiles para tratar enfermedades de tipo nervioso.
·
Aguas
aluminosas, para tratar la parálisis de las extremidades.
·
Aguas
bituminosas, las que eran usadas para tratar las enfermedades internas gracias
a su efecto purgante tras ser ingeridas, algo completamente desaconsejado en la
actualidad.
Por otro lado, y al margen de la ingesta de agua, podemos dividir
la hidroterapia en dos vertientes: la balneoterapia, donde son usadas aguas
minero-medicinales, y la talasoterapia, donde la empleada es el agua del mar.
Las técnicas para llevar a cabo este tipo de terapia también varían: destacan
los baños calientes, los cuales pueden ser parciales o totales, y sus efectos
son ideales para la relajación de la musculatura y para tratar cólicos renales
e insomnio. Al igual que estos, los baños fríos también pueden ser totales o
parciales, y su función va desde la activación de la irrigación sanguínea hasta
la producción de calor reactivo pasando por la disminución de la temperatura
corporal. El agua fría produce una excitación fuerte en la sensibilidad
periférica de forma centrípeta hacia las áreas corticales del cerebro, lo cual
causa actos reflejos en la periferia y en los vasos sanguíneos de la superficie
dérmica. Ello se traduce en una sensación de reanimación, pues regulariza las
funciones nerviosas. Por lo contrario, el agua caliente está asociada a la
relajación muscular y a la limpieza de la piel.
La sociedad romana pasó por una época en la que destacaban los
baños fríos y, posteriormente, por una época en la que los baños calientes eran
la moda, tal y como señala Villavicencio Vargas en su Manual de hidroterapia.
Otro tipo de baños, también muy presentes en nuestros días, es la aplicación de
vapor de agua, ideal para la eliminación de toxinas, el agotamiento físico y
problemas con las vías respiratorias.
Asimismo, una práctica usual desde la Antigüedad ha sido realizar
envolturas, lo que consiste en envolver una parte o todo el cuerpo con piel, un
paño de lino o una manta de lana. Las envolturas frías tienen la función de
absorber el calor, si se vuelven a mojar cuando se calienta el cuerpo, producir
calor, si se quita al empezar a sudar, y provocar sudor si se dejan. En cuanto
a las envolturas calientes, han sido poco utilizadas.
Otra parte importante de la hidroterapia es también la de los
lavados. Este sistema funciona mediante la aplicación de una suave fricción en
la superficie cutánea con un paño o toalla, previamente humedecida con agua
fría, por las partes del cuerpo, según las necesidades: por todo el cuerpo para
casos de enfermedades infecciosas o la fiebre; por el tronco y los brazos para
afecciones en el aparato respiratorio; por las extremidades inferiores y la cintura
para obtener efectos sedantes. Para aplicar esta técnica, el cuerpo ha de estar
caliente antes de recibirla y calentarse después. No se ha de mojar la ropa o
la cama del paciente, y la habitación ha de tener una temperatura adecuada para
que surta efecto. La causa del éxito es debida a que favorece la eliminación de
toxinas, activa el sistema respiratorio y el sistema circulatorio. El lavado
debe ser aplicado después de las envolturas.
Aprovechando el estímulo mecánico del agua a una distancia,
temperatura y presión adecuada a lo largo de todo el cuerpo, los chorros de
agua ayudan a lidiar con problemas circulatorios, con el estrés y con
contracturas. A pesar de todo, las contraindicaciones para cada uno de los
métodos terapéuticos no han de ser tomados a la ligera si se desea realmente
obtener beneficios para la salud. Con ello nos referimos a que hay una serie de
requisitos a la hora de someterse a cualquier tratamiento. Entre otras cosas,
el paciente no debe tomar un baño caliente si padece hipotensión, pues la
relajación producida por el agua caliente empeoraría este problema. Igualmente,
si el paciente padece del sistema circulatorio, un baño con agua fría solo
agravaría su afección.
La hidroterapia en Roma
Tal y como señalamos unas líneas más arriba, las termas en Roma fueron introducidas en los
espacios públicos. Ahora bien, el desarrollo de estas se debe mayormente a los
médicos jonios. En Roma, fueron establecidas en el siglo III a. C. Las
construcciones termales más antiguas de la península itálica eran las de Capua,
las Termas Centrales de Cumas y las Estabianas de Pompeya. A partir de estas,
la posterior diseminación de edificios termales tuvo lugar en todo el Imperio.
Concretamente, la palabra thermae proviene del griego θερμός,
que significa “caliente”. Así se llamaba en un principio, en Roma, a los
lugares donde había aguas calientes naturales. Los baños, tanto públicos como
privados, recibían el nombre de balneum, balineum o balnea. Más tarde,
tras el levantamiento de los baños de Agripa en Roma en el siglo I a. C., los
cuales fueron el primer gran complejo termal abierto al público, se adoptó el
término thermae para designar a los grandes baños públicos. Eran grandes
obras de la arquitectura adornadas con mármoles, pinturas, mosaicos y
esculturas. En general, eran lugares para practicar gimnasia y tomar baños con
agua a distintas temperaturas. Aparte, ofrecían una serie de servicios que
variaba de un establecimiento a otro: vestuarios, letrinas, piscinas cubiertas
o descubiertas para nadar, salas de masaje, tiendas, bibliotecas, altares e
incluso zonas habilitadas para la tertulia, donde los asistentes debatían sobre
filosofía y comían y tomaban vino. Por eso mismo, más que un lugar de higiene y
salud, era también un lugar de ocio. Destacaba la cella unctaria, donde
los usuarios podían darse aceites, perfumes y ungüentos; la schola, lo
correspondiente a una sala de espera; y el vestibulum, la entrada.
El recorrido usual en las termas era realizar primero ejercicios
físicos, luego introducirse en una sala donde había que darse un baño a
temperatura ambiente, el frigidarium, después el individuo debía bañarse
con agua templada en una sala llamada tepidarium y, a continuación, con
agua caliente en una sala llamada caldarium. Finalmente, tras la sala
caliente, se pasaba a un sudatorium, donde se aplicaba vapor húmedo, es
decir, vapor que arrastra partículas de agua no volatilizadas, o a un laconicum,
que debe su nombre a los lacedemonios, pues estos practicaban muy a menudo
estos tipos de baños. Se trataba de lo siguiente:
se exponía uno al calor del vapor seco, o sea, el vapor sobrecalentado cuya
temperatura es mayor y su densidad es menor ya que el porcentaje gaseoso es muy
superior. Para refrescarse ante tal temperatura, en estas salas calientes yacía
una pila de agua fría llamada labrum. Para completar el ciclo, el
bañista debía repetir el recorrido en sentido contrario, es decir, primero el caldarium,
luego el tepidarium y después el frigidarium, y, por último, se
iba hacia los vestuarios (apodyteria). Había termas donde estas tres
habitaciones principales estaban repetidas, pero en las más pequeñas era
necesario pasar por las mismas salas. La función de este recorrido a la inversa
era cerrar los poros con el agua fría después de haberlos abierto en la zona
caliente.
Desde el punto de vista administrativo, las termas podían ser
estatales o municipales. La entrada podía ser gratuita o tener un precio muy
asequible. También había termas privadas, cuya entrada solía ser más cara,
según las características que ofertaba y según la gente para la que estaba
destinado su disfrute. Hombres y mujeres podían acceder a ellas, pero era muy
común que se establecieran rangos horarios para cada sexo o que las salas
estuvieran duplicadas para que, así, hombres y mujeres tuvieran su espacio propio
y no las compartieran.
Ahora llegamos al punto que realmente nos interesa en nuestra
empresa: las termas medicinales. La estructura era similar a la de las
anteriores, salvo que estas otras estaban adaptadas para servir como tratamiento
médico para todo tipo de enfermedades, en especial las de tipo nervioso y
circulatorio. Las primeras termas empleadas con esta finalidad fueron descritas
por Vitruvio en su obra ya citada (II, 6, 2)
En definitiva, las termas medicinales se caracterizaban por poseer
una cámara central circular cubierta por una cúpula cuyo centro albergaba un
orificio, el oculus, que permitía el paso de la luz y del aire,
regulados por un escudo sujetado a los muros. En el centro se encontraba una
piscina cuya agua de manantial, o bien surgía ahí mismo, o bien era
transportada mediante canalizaciones. La cámara central solía estar rodeada por
salas más pequeñas con piscinas o bañeras.
Por su parte, Asclepíades de Prusa empleaba tratamientos de
curación por inmersión en el agua del manantial, por exposición al vapor de la
fuente y por ingestión del agua de la misma. Para el tratamiento por inmersión
se necesita, pues, una piscina. Para el tratamiento con vapor es preciso un laconicum
cubierto con una de las mencionadas cúpulas con un orificio regulable para así
controlar el vapor. Por lo tanto, debido a las capacidades terapéuticas del laconicum,
este fue adoptado por las demás termas que servían simplemente como baños públicos
mientras que las termas que ya desde sus orígenes habían sido medicinales, como
las de Aquae Sulis, se convirtieron en complejos termales que servían
tanto como baños públicos como lugar de tratamiento terapéutico.
Esta técnica del vapor fue enteramente tratada por los médicos en
la época de Octavio Augusto. Se estableció un sistema donde la alternancia de
frío y calor tras la sudoración desintoxicaba el cuerpo y ayudaba a combatir
los problemas circulatorios y nerviosos, como así lo indicaba Celso II, 17).
Tal y como sugiere G. Mora (pp. 128-129), Galeno también dejó sus
consejos para aquel que se sometiera a la hidroterapia en las termas:
·
Sudar
mediante dos opciones: ejercicio o estancia en el laconicum. Con esto,
se expulsaría los malos humores y se purificaría la piel.
·
Darse
un baño de agua caliente y frotar la piel y exfoliarla con una almohaza larga
de metal llamada strigilis.
·
Tomar
un baño de agua fría por inmersión para que se active la circulación.
·
Masajes
con aceite y unciones de ungüento.
Selección de textos
·
Las fuentes cargadas de salud (Plinio, Naturalis
historia, XXXI, 2, 4)
Emicant benigne passimque in plurimis terris alibi frigidae, alibi
calidae, alibi iunctae, sicut in tarbellis aquitanica gente et in pyrenaeis
montibus tenui intervallo discernente, alibi tepidae, egelidae, atque auxilia
morborum profitentes et e cunctis animalibus hominum tantum causa erumpentes
augent numerum deorum nominibus variis urbesque condunt, sicut puteolos in
campania, statiellas in liguria, sextias in narbonensi provincia. nusquam tamen
largius quam in baiano sinu nec pluribus auxiliandi generibus: aliae sulpuris
vi, aliae aluminis, aliae salis, aliae nitri, aliae bituminis, nonnullae etiam
acida salsave mixtura, vapore ipso aliquae prosunt, tantaque est vis, ut
balneas calefaciant ac frigidam etiam in soliis fervere cogant. quae in baiano
posidianae vocantur, nomine accepto a claudii caesaris liberto, 31 obsonia
quoque percocunt.
·
Beber agua (Celso, De medicina, I,
3; Vitrubio, De architectura,
VIII, 3, 19; y Plinio, Naturalis historia, XXVIII, 14, 55,
respectivamente)
Post haec omnibus fatigatis aptum est cibum sumere, eoque umido
uti, aqua vel certe diluta potione esse contentos, maximeque ea, quae moveat
urinam. Illud quoque nosse oportet, quod ex labore sudanti frigida potio
perniciosissima est atque etiam, cum sudor se remisit, itinere fatigatis
inutilis. A balineo quoque venientibus Asclepiades inutilem eam iudicavit; quod
in iis verum est, quibus alvus facile nec tuto resolvitur quique facile
inhorrescunt; perpetuum in omnibus non est, cum potius naturale sit potione
aestuantem stomachum refrigerari, frigentem calefieri. Quod ita praecipio, ut
tamen fatear, ne ex hac quidem causa sudanti adhuc frigidum bibendum esse.
Solet etiam prodesse post varium cibum frequentesque dilutas potiones vomitus,
et postero die longa quies, deinde modica exercitatio. Si adsidua fatigatio
urguet, in vicem modo aquam, modo vinum bibendum est, raro balineo utendum.
Est autem aquae frigidae genus nitrosum, uti Pinnae Vestinae, Cutiliis
aliisque locis similibus, quae potionibus depurgat per alvumque transeundo
etiam strumarum minuit tumores. ubi vero aurum, argentum, ferrum, aes, plumbum
reliquaeque res earum similes fodiuntur, fontes inveniuntur copiosi, sed hi
maxime sunt vitiosi. habent enim, uti aquae calidae sulphur alumen bitumen,
faecem, quae, per potiones cum in corpus iniit et per venas permanando nervos
attingit et artus, eos durat inflando. igitur nervi inflatione turgentes e
longitudine contrahuntur et ita aut nervicos aut podagricos efficiunt homines,
ideo quod ex durissimis et spissioribus rigidissimisque rebus intinctas habent
venarum raritates.
Sol quoque, remediorum maximum, ab ipso sibi praestari potest,
sicuti linteorum strigiliumque vehementia. perfundere caput calida ante
balnearum vaporationem et postea frigida saluberrimum intellegitur; item
praesumere cibis et interponere frigidam eiusdemque potu somnos antecedere et,
si libeat, interrumpere. notandum nullum animal aliud calidos potus sequi,
ideoque non esse naturales.
·
El
ciclo del agua (Vitruvio, De architectura, VIII, 2, 6).
Primumque in India Ganges et Indus ab Caucaso monte oriuntur; Syria
Tigris et Euphrates; Asiae item, Ponto Borysthenes, Hypanis, Tanais; Colchis
Phasis; Gallia Rhodanus; Celtica Rhenus; citra Alpis Timavos et Padus; Italia
Tiberis; Maurusia, quam nostri Mauretaniam appellant, ex monte Atlante Dyris
·
Los baños (Celso, De medicina, II, 17; y (Plinio, Naturalis
historia. XXXI, 32, 60, respectivamente)
At balnei duplex usus est: nam modo discussis febribus initium cibi
plenioris vinique firmioris valetudinis facit, modo ipsam febrem tollit;
fereque adhibetur, ubi summam cutem relaxari evocarique corruptum umorem et
habitum corporis mutari expedit. Antiqui timidius eo utebantur, Asclepiades
audacius. Neque terrere autem ea res, si tempestiva est, debet: ante tempus
nocet. Quisquis febre liberatus est, simulatque ea uno die non accessit, eo,
qui proximus est post tempus accessionis, tuto lavari potest. At si circumitum
habere ea febris solita est, sic ut tertio quartove die revertatur,
quandocumque non accessit, balneum tutum est. Manentibus vero adhuc febribus,
si eae sunt quae lentae lenesque iam diu male habent, recte medicina ista
temptatur, cum eo tamen, ne praecordia dura sint neve ea tumeant, neve lingua
aspera sit, neve aut in medio corpore aut in capite dolor ullus sit, neve tum
febris increscat.
Plerique in gloria ducunt plurimis horis perpeti calorem earum,
quod est inimicissimum, namque paulo diutius quam balineis uti oportet ac
postea frigida dulci, nec sine oleo discedentes, quod vulgus alienum
arbitratur, idcirco non alibi corporibus magis obnoxiis, quippe et vastitate
odoris capita replentur et frigore infestantur sudantia, reliqua corporum parte
mersa
·
Los lavados (Celso, De medicina, III, 9)
Nonnumquam etiam lentae febres sine ulla remissione corpus tenent,
ac neque cibo neque remedio locus est. In hoc casu medici cura esse debet, ut
morbum mutet; fortasse enim curationi oportunior fiet. Saepe igitur ex aqua
frigida, cui oleum sit adiectum, corpus eius pertractandum est, quoniam
interdum sic evenit, ut horror oriatur et fiat initium quoddam novi motus exque
eo, cum magis corpus incaluit, sequatur etiam remissio. In his frictio quoque
ex oleo et sale salubris videtur.
·
Las primeras termas (Vitrubio, De architectura, II, 6, 2)
Ardores autem esse in his locis etiam haec res potest indicare,
quod in montibus Cumanorum Baianis sunt loca sudationibus excavata, in quibus
vapor fervidus ab imo nascens ignis vehementia perforat eam terram per eamque
manando in his locis oritur et ita sudationum egregias efficit utilitates. non
minus etiam memorantur antiquitus crevisse ardores et abundavisse sub Vesuvio
monte et inde evomuisse circa agros flammam. ideoque tunc quae spongia sive pumex
Pompeianus vocatur excocto ex alio genere lapidis in hanc redacta esse videtur
generis qualitatem.
·
El frío y el calor para problemas
circulatorios y nerviosos (Celso, II, 17)
Sudor etiam duobus modis elicitur, aut sicco calore aut balneo.
Siccus calor est et harenae calidae et Laconici et clibani et quarundam
naturalium sudationum, ubi terra profusus calidus vapor aedificio includitur,
sicut super Baias in murtetis habemus. Praeter haec sole quoque et
exercitatione mouetur. Utiliaque haec genera sunt, quotiens umor intus nocet,
isque digerendus est. Ac neruorum quoque quaedam uitia sic optime curantur.
BIBLIOGRAFÍA
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dirección http://www.thelatinlibrary.com/. Todos los textos en latín han sido
tomados de esta página.
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