TEMA 8
Catón
·
Vida
A la hora de buscar información biográfica de Catón, es muy importante
consultar las fuentes que nos proporciona Plutarco en la visión paralela que le
da con respecto a Aristóteles, así como un tratado ciceroniano que versa sobre
la vejez: Cato Maior vel de senectute y un vestigio que nos ha llegado
de Cornelio Nepote. Asimismo, Tito Livio nos aporta datos acerca de otros
acontecimientos históricos junto con otra biografía, esta vez anónima, que
lleva por título De viris illustribus.
Sabemos, en definitiva, gracias a estas fuentes, que Catón procedía de
una familia humilde en Túsculo. Cicerón (De senectute, 55) y Plutarco (Cato
maior, II, 1-3) hablan, por otro lado, de una hacienda pobre que había heredado de su padre en la
Sabina. No obstante, tan solo hay que observar su cognomen: Cato,
que en la lengua sabina significa “precavido” o “astuto”, para darnos cuenta de
la capacidad que tuvo de aprovechar la oportunidad de alistarse a la temprana
edad de dieciocho años a las órdenes, bien de Quinto Fabio Máximo o bien de
Marco Claudio Marcelo. Lo que sí se sabe con exactitud es que, ya entre los
años 214-210, está acompañado de este último en Sicilia en calidad de tribuno
militar, tal y como cuenta Nepote (Catón, I, 2). Después de eso, volvió
a su hacienda y se dedicó a la labranza y a la abogacía hasta que un allegado
suyo, Lucio Valerio Flaco, le ofreció trasladarse a Roma (Nepote, Cato,
I, 1), eso sí, antes del 204, pues en este año fue cuando participó, nuevamente
como tribuno militar, en la jornada del río Metauro, lugar en donde, según los
testimonios de Nepote en su obra ya citada (I, 2), Asdrúbal terminaría
perdiendo la vida.
Por lo que respecta a su estancia en Roma, Plutarco (III, 5) señala
que estecó lazos con Quinto Fabio Máximo, un personaje que gozaba de un gran
prestigio en lo referente al combate contra Publio Cornelio Escipión ante la
peligrosidad de este en sus intenciones políticas. Tal fue la influencia del
amigo de nuestro autor, que, tras la muerte de aquel, seguiría con su misión hasta
lograr vencer al Africano. Y es que hemos de tener en cuenta que en ese momento
Roma estaba entre dos posturas contrarias en relación a la política exterior.
Por un lado, encontramos a los patricios que estaban a favor de un imperialismo
y del favorecimiento a intereses espurios, además de defender un sentimiento
filoheleno. Por otro, estaban los que se mostraban contrarios a esta corrupción
y ambición moral y personal. De este modo, Catón, una vez que fue nombrado
cuestor en el año 204 (Cicerón, De senectute 4, 10) y con el fin de
mantener bajo vigilancia a Escipión, se traslada a Sicilia, y de ahí, como
indica Livio (XXIX, 19), a África.
Por otro lado, no tenemos mucha información sobre su papel como edil
dela plebe durante los años que van del 202 al 199 a. C., pero está claro que
la amistad que sostuvo con Valerio Flaco fue decisiva para lograr su ascenso en
la administración, puesto que al año siguiente Nepote (I, 4), Livio (XXXII, 8,
5-8) y Plutarco (VI, 2) nos señalan que desempeñó el cargo de pretor en
Cerdeña, donde dio a conocer su lado humilde, austero y honesto, en tanto en
cuanto redujo sus gastos personales y fue contra la usura y los publicanos,
como afirma Livio (XXXII, 27, 3).
Una vez que terminó su etapa como pretor, regresó a Roma en el año 195
y ganó las elecciones, por lo que fue nombrado cónsul junto con su amigo
Valerio Flaco. Esta etapa se corresponde con su tarea como orador, aunque no
logró la derogación dela lex Oppia. Sin embargo, el éxito lo obtuvo en
la Hispania Citerior, en donde logra derrotar el enemigo durante la campaña.
Esto propició que pudiera desplazarse a la Hispania Ulterior, donde fracasa en
intento de tomar la ciudad de Segontia. Aun así, en sus discursos alude muchas
veces a sus éxitos en esta campaña (cf. De triumpho ad populum), así
como en sus Origines. Cuando vuelve a Roma, a finales del 194, se
decreta su triunfo, aunque tuvo que defender su actuación como cónsul ante los
ataques de los partidarios de Escipión, tal y como indica Nepote (Cato
III).
En lo referente a su vida amorosa, sabemos que después de dejar su
cargo de consulado, contrajo matrimonio con una joven que pertenecía a la
aristocracia, llamada Licinia Tercia, la misma que le concedió un hijo, Marco
Porcio Catón Liciniano (Plutarco, XX, 2). El padre se preocupó en educarlo en
las armas y, junto a un esclavo docto en el terreno de las matemáticas, en las
letras. Tenemos conciencia, gracias a Plutarco (XX, 7) de unos Commentarii
de historia y un libro Ad Marcum filii, ambas obras dedicadas a su
hijo. No obstante, su hijo, muy diferente a él en el ámbito de la literatura,
fue más brillante en la guerra, precisamente en la campaña contra los lígures
del año 173 y, más tarde, en Macedonia bajo las órdenes de Emilio Paulo.
También debemos destacar que se casó con la hija de este en el 160.
Por otra parte, tras la victoria del partido de Escipión a finales del
año 194, Catón, junto a su inseparable Valerio Flaco, se agrega como tribuno
militar o legado consular (Livio, XXXVI, 17, 1; Cicerón, De senectute, 32).
Tiene como misión visitar diferentes ciudades de Grecia para conseguir
enemistarlas con la figura de Antíoco, entre las que destacan Atenas y Tesalia.
Gracias a sus dotes oratorias, consigue que el rey huya tras la inminente
victoria. Más adelante, al no conseguir ostentar el cargo de censor, se sitúa
en contra de dos partidarios de Escipión: Quinto Minucio Termo y Marco Fulvio
Nobilior, ambos cónsules. Su campaña llegaría a su fin en el año 184, el mismo
en el que Catón, con el auxilio de dos tribunos de la plebe, acusa al hermano
del Africano, Lucio Cornelio Escipión, de haberse agenciado la tercera parte de
los talentos correspondientes con la indemnización de la guerra impuesta a
Antíoco. Las grandes dotes retóricas de nuestro autor le permitieron alejar de
la vida pública a los personajes que hemos mencionado, hasta el punto de
obtener la censura, como informa Livio (XXXVIII, 54-57), en el año 184.
No obstante, no debemos dejar de lado una serie de convulsiones
sociales que acontecieron entre la lucha contra los Escipiones y el ascenso a
la censura de Catón, como la difusión de un culto mistérico relacionado con
ceremonias báquicas y órficas que suponían un peligro moral e insurgente, el
cual fue objeto de una severa represión, como señalan Livio (XXXIX, 8-19) y
Cicerón (De legibus, II, 15, 37).
Sin duda, su papel como censor destacó por el hecho de que innovó, si
bien acompañaba sus decisiones con un discurso que las justificaba (Livio
XXXIX, 42, 6). Es el caso, por ejemplo, de la expulsión de siete miembros del
jurado a causa de ser indignos a su puesto (Plutarco, XVI, 4), le quitó el
caballo a Escipión el Asiático, amonestó a los agricultores que descuidaban sus
labores (Gelio, IV, 12), ordenó la construcción de cloacas para la ciudad, así
como su limpieza (Livio, XXXIX, 44, 5), mandó edificar una basílica que
llevaría su nombre (Livio, XXXIX, 44, 6), entre otras decretos que nos muestran
a un Catón que iba tras la regeneración de la vida pública y delos usos
privados, de ahí que se erigiera una estatua en su honor en el templo de la
Salud, como testimonia Plutarco (XIX, 4). Aunque, por otro lado, sus decisiones
afectaron a numerosas personas, siempre logró salir victorioso de las
acusaciones.
Tras acabar su cargo, siguió interviniendo, esta vez como senador
durante treinta años hasta su muerte, en asuntos concernientes con la política
interior, el derecho y la moral, por ejemplo, en asuntos como la expansión del
imperio por el Mediterráneo. Asimismo, sin dejar de lado en algún momento su
vida política y oratoria, se dedicó a llevar a cabo negocios en el terreno de
la agricultura y de la náutica junto a su liberto Quinción, que le aportaron
bastantes ganancias, así como el comercio de esclavos, práctica que tuvo que
defender ante el censor que desempeñaba su cargo entre los años 154 y 153,
saliendo airoso nuevamente, a sus ochenta años, con el argumento de que debía
toda su fortuna a la austeridad y al ahorro, como señalan Plutarco (XV, 4) y
Livio (XXXIX, 40, 11).
Finalmente, sobre la vida de nuestro personaje, sabemos que dedicó sus
últimos años, no solamente a la política, como hemos visto, sino también a la
literatura. Hemos visto que, ya desde el nacimiento de su vástago, emprendió la
tarea de escribir pequeños tratados de índole enciclopédica para la instrucción
de este, pero no tenemos datos concernientes a la cronología del resto de sus
trabajos. En el otoño del año 150, a los ochenta y cinco años, muere Catón,
cuya máscara de cera fue depositada en senado, según el testimonio de Valerio
Máximo (VIII, 15, 2).
·
Obra
A pesar de que tenemos abundantes noticias acerca de la producción
literaria de Catón, también es cierto que muchas nos han llegado de modo
fragmentario, por lo que es muy complicado obtener datos claros concernientes a
su cronología, su carácter o su extensión. Aun así, sabemos, como hemos
mencionado líneas más arriba, que sus pequeños tratados dedicados a la
formación de su hijo son fechables entre los años 185 y 180 a. C. Se basa en la
instrucción de su vástago siguiendo las tradiciones romanas.
Por otro lado existen fragmentos de un Commentarius, que no son
más que unos apuntes que versan sobre una serie de remedios medicinales caseros
a los que el propio autor hace referencia en otra obra: Ad Marcum filium,
la cual, a su vez, ha sido mencionada con diferentes títulos. Se trata de un
conjunto de libros que también están dirigidos a la formación de su hijo que
giran en torno al ámbito de la medicina, la agricultura y el arte de la
persuasión o retórica. Sin duda, como señala Alfonso García-Toraño Martínez (p.
20), se trata de un tratado que gozó de una gran difusión en su tiempo,
concebida además como la primera enciclopedia romana entre los años 180 y 175.
Además, hay fragmentos también de una carta de Catón a su primogénito
Licinio tras la batalla de Pidna, posterior al 168. Se muestra el importante
papel que desempeñó su hijo y se piensa que no fue una única carta la que
escribió, sino que se trata de una entre varias (A. García-Toraño Martínez, p.
20).
Más numerosos son los fragmentos que pertenecen a los discursos (casi
doscientos en torno a ochenta títulos) que fueron pronunciados por Catón desde
su adolescencia hasta unas semanas previas a su muerte, como señala en su
biografía Cornelio Nepote (3, 2). Tal fue la trascendencia de estos que hasta
el propio Cicerón los tuvo en cuenta para su labor oratoria, como él mismo
indica en el Brutus (65).
Asimismo, tenemos noticias de tres tratados que se inundaban en un
terreno concreto a modo de monografías. Uno de ellos, el que trataremos en
mayor profundidad por el hecho de girar en torno a la agricultura, práctica
central de nuestro tercer bloque, es el único que nos ha llegado completo a
nuestros días. De los dos restantes, De re militari y los Commentarii iuris civilis, que ni
siquiera poseen una autoría segura, tan solo conservamos unos pocos fragmentos
y una cronología incierta, así como lo es una obra de carácter didáctico acerca
de las conductas morales que lleva por título Carmen de moribus, la cual
es tratado por algunos estudiosos como trabajo poético, como señala A.
García-Toraño Martínez (p. 21). De forma fragmentaria también nos han llegado
una serie de sentencias bajo diferentes títulos: Dicta, Sententiae o Apophthegmata.
Estas máximas son extracciones de los discursos de Catón, llevadas a cabo no
solo por el propio autor sino por otros de la talla de Polibio entre otros.
Finalmente, de sus Origines, trabajo mencionado líneas más
arriba, igualmente conservamos fragmentos. Se trata de una obra de temática
histórica que estaba dividida en siete libros y que versaba, concretamente,
sobre la historia de Roma desde su fundación hasta la época de Catón, teniendo
en cuenta sus correspondientes lagunas. Cabe destacar que este fue el primer
trabajo historiográfico redactado en latín para la que el autor dedicó una gran
cantidad de tiempo a la hora de su composición.
Así pues, como hemos podido ver, nos encontramos ante un autor que
cultivó diferentes temas, partiendo de la didáctica y la historia, pasando por
la retórica, el derecho, la medicina, la agricultura y la táctica militar.
·
El tratado De agri cultura
En este punto pasaremos a ver, más profundamente y de manera concreta,
la obra que ocupa nuestro interés, en tanto en cuanto trata la agricultura. No
es más ni menos que el tratado De agri cultura, la cual es destacable
por diferentes motivos, entre los cuales se encuentra el hecho de que fue la
primera composición escrita en prosa y en latín que nos ha llegado íntegra, el
de ser la única fuente en la que se hace alusión a la construcción de prensas y
molinos de aceite, así como del horno de cal, de recetas de cocina y
dietéticas, contratos jurídicos, ritos y conjuros agrarios y, finalmente, un
testimonio muy valioso en lo que respecta a la introducción de la agricultura
primitiva de los pueblos itálicos en la economía del mercado romano.
Hay diferentes versiones a la hora de establecer un título. Por su
parte, Gelio y Varrón lo conocieron bajo el de De agricultura (III, 14,
17 y De re rustica, I, 2, 28, respectivamente), aunque el primero de
esos dos también hace alusiones a esta misma obra con el de De re rustica
(X, 26, 8) al igual que Cicerón, el cual la da a conocer en su Cato Maior
vel de senectute como De rebus rusticis (54).
Acerca de su datación, no existe una idea común, pero muchos
estudiosos la sitúan en torno a los últimos años de vida de Catón, pues en el
prefacio se hace alusión a hechos que tuvieron lugar durante la segunda Guerra
Púnica (A. García-Toraño Martínez, p. 22). Además, si tenemos en cuenta que el
propio Plinio hace mención de la obra catoniana en su Naturalis historia (XXIX, 14) y en otros capítulos relacionados
con la medicina, podemos concluir en que el tratado fue compuesto alrededor del
año 164 a. C.
Por lo que respecta al contenido, vemos que contiene hasta ciento
sesenta y dos capítulos a los cuales antecede un prefacio a modo de introducción.
No es más ni menos que una obra de carácter didáctico en el que se hace uso de
abundantes preceptos cuyos destinatarios eran todos aquellos que tenían una
hacienda agrícola en propiedad. Catón no solo se dirige al patrón o al amo de
las tierras, sino también al esclavo a lo largo de toda la composición.
Asimismo, a pesar del título que lleva la obra, tan solo la tercera parte de
ella versa sobre la agricultura, mientras que trata también la producción del
aceite y del vino atendiendo el cultivo del cereal y la crianza del ganado, así
como comparte diferentes recetas culinarias y pequeños remedios caseros
medicinales, como sosteníamos líneas más arriba.
Desde el prefacio de su tratado, Catón muestra su personalidad, si
bien alude a diversas maneras de ganarse la vida partiendo de argumentos
basados en principios éticos en contraposición a los económicos, y en lo
honesto frente a los riesgos en el mercado, y es que concluye con que la
agricultura es una práctica que encierra consigo un mérito en tanto en cuanto
se trata de una fuente de ingresos respetables y seguros.
Por otra parte, en referencia a las fuentes de las que bebió Catón,
hemos de destacar que su conocimiento de la lengua griega le facilitó el acceso
a otras obras y autores griegos que propiciaron que su tratado gozara de un
contenido bastante amplio y completo. Y es que nuestro autor empezó a aprender
la lengua propia de Grecia desde el comienzo de su vida política en Sicilia,
teniendo en cuenta además que pronunció un discurso completamente en griego en
la ciudad de Atenas, tal y como indica Plutarco (XII, 5), y que poseía un
esclavo proveniente de esta nacionalidad. El propio Cicerón hace referencia a
la posibilidad que tuvo Catón de comprender de manera perfecta a Nearco durante
su viaje a Tarento (De senectute, 12, 39). Tuvo como puntos de
referencia en el terreno de la medicina, de la retórica y, sobre todo, en el de
la historiografía a autores griegos como Tucídides, Polibio, Jenofonte o
Demóstenes. Además, cita en sus obras a personalidades como Temístocles,
Epaminondas, Pericles y Leónidas, como señala Plutarco (VIII, 14). Esto
significa que, aunque Catón concebía al pueblo griego como servil, altanero en
el campo intelectual y corrupto entre otras cosas, ello no reprimió que tomara
de esta cultura todo aquello de cuanto podía obtener provecho.
Por otro lado, en lo que atañe a las fuentes itálicas, no cabe duda de
que se sirvió de agricultores como Minio Percenio de Nola y de los Manlios,
seguramente a través de la oralidad, como señala A. García-Toraño Martínez (p.
33), aparte de tener nociones de trabajos griegos que daban especial énfasis a
la botánica y a las técnicas agrícolas. Asimismo, es destacable el hecho de
que, en relación al léxico que encontramos en sus alusiones a la medicina, la
agricultura, los sistemas mecánicos, las medidas y la cocina, utiliza términos
griegos. Así, observamos ejemplos como encytum, epityrum, dyspepsia,
stranguria, trochilea o drachma en muchos de los capítulos, aunque a
veces latiniza las palabras que toma prestadas del griego, como el caso de veratrum
o laserpicium, en los capítulos 114 y 116 respectivamente. Sin embargo,
no podemos concluir que estos términos fueron acuñados por Catón, pues es
posible que hubieran entrado ya a formar parte de la lengua latina mucho antes,
a través de la literatura contemporánea al autor o vía oral.
Por otro lado, es posible establecer unas fuentes no griegas si
tomamos como modelo catoniano a Magón el cartaginés, además de la tradición
agronómica púnica. Por su parte, la obra de Magón giraba en torno a los
cultivos especializados del Mediterráneo como el vino o el aceite, a los cuales
les da mucha importancia el autor que nos ocupa. Es más, el mismo Plutarco
(XXVII, 1) afirma que Catón acudió al senado con unos higos que procedían de la
tierra de Cartago, lo cual hace posible esta teoría que vincula el De agri
cultura con la obra de Magón. Además, tienen en común ese carácter
enciclopédico y el tratamiento a diversos temas.
Finalmente, antes de pasar a la estructura de la obra propiamente
dicha y a su contenido, hemos de dar importancia al valor socio-económico que
tuvo la obra catoniana en su época. Y es que la II Guerra Púnica trajo consigo
una serie de consecuencias para Roma, si bien se llevó a cabo la expropiación
de fincas y cambios de propiedad, así como la adjudicación de un gran número de
esclavos, de ganado y de riquezas, lo cual produjo un cambio notabilísimo en la
agricultura romana tal que las haciendas rústicas se transformaron en
dimensiones, cultivos y estructura de producción. Por tanto, la obra de Catón a
la que hacemos referencia es todo un testimonio no solo del modelo púnico en lo
que a concepción agrícola se refiere, sino también de las condiciones en las que
se desenvolvía la agricultura en la región del Lacio y de la Campania.
En resumidas cuentas, este tratado refleja el paso del policultivo al
monocultivo especializado que posibilita la entrada de la economía del mercado
cuya evolución y desarrollo lo plasmarán más adelante autores que veremos en
este y en el siguiente tema: Varón y Columela.
Selección de textos extraídos del tratado
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Deberes del pater familias (II)
[2] Pater familias, ubi ad villam
venit, ubi larem familiarem salutavit, fundum eodem die, si potest, circumeat;
si non eodem die, at postridie. Ubi cognovit quo modo fundus cultus siet, opera
quaeque facta infectaque sient, postridie eius diei vilicum vocet, roget quid
operis siet factum, quid restet, satisne temperi opera sient confecta, possitne
quae reliqua sient conficere, et quid factum vini, frumenti aliarumque rerum
omnium. Ubi ea cognovit, rationem inire oportet operarum, dierum. Si ei opus
non apparet, dicit vilicus sedulo se fecisse, servos non valuisse, tempestates
malas fuisse, servos aufugisse, opus publicum effecisse. Ubi eas aliasque
causas multas dixit, ad rationem operum operarumque revoca. Cum tempestates
pluviae fuerint, quae opera per imbrem fieri potuerint: dolia lavari, picari,
villam purgari, frumentum transferri, stercus foras efferri, stercilinum fieri,
semen purgari, funes sarciri, novos fieri, centones, cuculiones familiam
oportuisse sibi sarcire; per ferias potuisse fossas veteres tergeri, viam
publicam muniri, vepres recidi, hortum fodiri, pratum purgari, virgas vinciri,
spinas runcari, expinsi far, munditias fieri; cum servi aegrotarint, cibaria
tanta dari non oportuisse. Ubi cognita aequo animo sient quae reliqua opera
sient, curari uti perficiantur. Rationes putare argentariam, frumentariam,
pabuli causa quae parata sunt; rationem vinariam, oleariam, quid venerit, quid
exactum siet, quid reliquum siet, quid siet quod veneat; quae satis accipiunda
sient, satis accipiantur; reliqua quae sient, uti compareant. Si quid desit in
annum, uti paretur; quae supersint, uti veneant; quae opus sient locato,
locentur; quae opera fieri velit et quae locari velit, uti imperet et ea
scripta relinquat. Pecus consideret. Auctionem uti faciat: vendat oleum, si
pretium habeat; vinum, frumentum quod supersit, vendat; boves vetulos, armenta
delicula, oves deliculas, lanam, pelles, plostrum vetus, ferramenta vetera,
servum senem, servum morbosum, et si quid aliud supersit, vendat. Patrem
familias vendacem, non emacem esse oportet.
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Lugares en donde sembrar los cultivos
(VI)
[6] Agrum quibus locis conseras, sic observari oportet. Ubi ager
crassus et laetus est sine arboribus, eum agrum frumentarium esse oportet. Idem
ager si nebulosus est, rapa, raphanos, milium, panicum, id maxime seri oportet.
In agro crasso et caldo oleam conditivam, radium maiorem, Sallentinam, orcitem,
poseam, Sergianam, Colminianam, albicerem, quam earum in iis locis optimam
dicent esse, eam maxime serito. Hoc genus oleae in XXV aut in XXX pedes
conserito. Ager oleto conserundo, qui in ventum favonium spectabit et soli
ostentus erit, alius bonus nullus erit. Qui ager frigidior et macrior erit, ibi
oleam Licinianam seri oportet. Si in loco crasso aut calido severis, hostus
nequam erit et ferundo arbor peribit et muscus ruber molestus erit. Circum
coronas et circum vias ulmos serito et partim populos, uti frondem ovibus et
bubus habeas, et materies, siquo opus sit, parata erit. Sicubi in iis locis
ripae aut locus umectus erit, ibi cacumina populorum serito et harundinetum. Id
hoc modo serito: bipalio vortito, ibi oculos harundinis pedes ternos alium ab
alio serito. Ibi corrudam serito, unde asparagi fiant. Nam convenit
harundinetum cum corruda, eo quia foditur et incenditur et umbram per tempus
habet. Salicem Graecam circum harundinetum serito, uti siet qui vineam alliges.
Vineam quo in agro seri oporteat, sic observato. Qui locus vino
optimus dicetur esse et ostentus soli, Aminnium minusculum et geminum eugeneum,
helvolum minusculum conserito. Qui locus crassus erit aut nebulosior, ibi
Aminnium maius aut Murgentinum, Apicium, Lucanum serito. Ceterae vites,
miscellae maxime, in quemvis agrum conveniunt.
·
Cómo hacer vino griego (XXIV)
[24] Vinum Graecum hoc modo fieri
oportet. Uvas Apicias percoctas bene legito. Ubi delegeris, is eius musti
culleum aquae marinae veteris Q. II indito vel salis puri modium; eum in
fiscella suspendito sinitoque cum musto distabescat. Si helvolum vinum facere
voles, dimidium helvoli, dimidium Apicii vini indito, defruti veteris partem
tricesimam addito. Quidquid vini defrutabis, partem tricesimam defruti addito.
·
Llevar a cabo la siembra (XXVII)
[27] Sementim facito, ocinum,
viciam, faenum Graecum, fabam, ervum, pabulum bubus. Alteram et tertiam pabuli
sationem facito. Deinde alias fruges serito. Scrobes in vervacto oleis, ulmis, vitibus,
ficis; simul cum semine serito. Si erit locus siccus, tum oleas per sementim
serito, et quae ante satae erunt, teneras tum supputato et arbores ablaqueato.
·
El cuidado de la viña (XXXIII)
[33] Viniam sic facito uti curetur.
Vitem bene nodatam deligato recte, fluxuosa uti ne sit, susum vorsum semper
ducito, quod eius poteris. Vinarios custodesque recte relinquito. Quam
altissimam viniam facito alligatoque recte, dum ne nimium constringas. Hoc modo
eam curato. Capita vitium per sementiam ablaqueato. Vineam putatam
circumfodito, arare incipito, ultro citroque sulcos perpetuos ducito. Vites
teneras quam primum propagato, sic occato; veteres quam minimum castrato,
potius, si opus erit, deicito biennioque post praecidito. Vitem novellam
resicari tum erit tempus, ubi valebit. Si vinea a vite calva erit, sulcos
interponito ibique viveradicem serito, umbram ab sulcis removeto crebroque
fodito. In vinea vetere serito ocinum, si macra erit (quod granum capiat ne
serito), et circum capita addito stercus, paleas, vinaceas, aliquid horum, quo
rectius valeat. Ubi vinea frondere coeperit, pampinato. Vineas novellas
alligato crebro, ne caules praefringantur, et quae iam in perticam ibit, eius
pampinos teneros alligato leviter corrigitoque, uti recte spectent. Ubi uva
varia fieri coperit, vites subligato, pampinato uvasque expellito, circum
capita sarito. Salictum suo tempore caedito, glubito arteque alligato. Librum
conservato, cum opus erit in vinea, ex eo in aquam coicito, alligato. Viminae,
unde corbulae fiant, conservato.
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Las cosas que son dañinas para el cultivo
(XXXVII)
[37] Quae mala in segete sint. Si cariosam terram tractes.
Cicer, quod vellitur et quod salsum est, eo malum est. Hordeum, faenum Graecum,
ervum, haec omnia segetem exsugunt et omnia quae vellentur. Nucleos in segetem
ne indideris.
Quae segetem stercorent fruges: lupinum, faba, vicia. Stercus
unde facias: stramenta, lupinum, paleas, fabalia, acus, frondem iligneam,
querneam. Ex segeti vellito ebulum, cicutam et circum salicta herbam altam
uvamque; eam substernito ovibus bubusque, frondem putidam. Partem de nucleis
succernito et in lacum coicito, eo aquam addito, permisceto rutro bene; inde
lutum circum oleas ablaqueatas addito, nucleos conbustos item addito. Vitis si
macra erit, sarmenta sua concidito minute et ibidem inarato aut infodito. Per
hiemem lucubratione haec facito: ridicas et palos, quos pridie in tecto
posueris, siccos dolato, faculas facito, stercus egerito. Nisi intermestri lunaque
dimidiata tum ne tangas materiem. Quam effodies aut praecides abs terra, diebus
VII proximis, quibus luna plena fuerit, optime eximetur. Omnino caveto nequam
materiem doles neu caedas neu tangas, si potes, nisi siccam neu gelidam neu
rorulentam. Frumenta face bis sarias runcesque avenamque destringas. De vinea
et arboribus putatis sarmenta degere et fascinam face et vitis et ligna in
cacuminum ficulna et codicillos domino in acervum conpone.
·
Zanjas y hoyos para la vid (XLIII)
[43] Sulcos, si locus aquosus erit,
alveatos esse oportet, latos summos pedes tres, altos pedes quattuor, infimum
latum P. I et palmum. Eos lapide consternito; si lapis non erit, perticis
saligneis viridibus controversus conlatis consternito; si pertica non erit,
sarmentis conligatis. Postea scrobes facito altos P. III S, latos P. IIII, et
facito de scrobe aqua in sulcum defluat: ita oleas serito. Vitibus sulcos et
propagines ne minus P. II S quoquo versus facito. Si voles vinea cito crescat
et olea, quam severis, semel in mense sulcos et circum capita oleaginea quot
mensibus, usque donec trimae erunt, fodere oportet. Eodem modo ceteras arbores
procurato.
·
Cómo hacer el aceite verde (LXV)
[65] Oleum viride sic facito. Oleam
quam primum ex terra tollito. Si inquinata erit, lavito a foliis et stercore
purgato. Postridie aut post diem tertium, quam lecta erit, facito. Olea ubi
nigra erit, stringito. Quam acerbissima olea oleum facies, tam oleum optimum
erit. Domino de matura olea oleum fieri maxime expediet. Si gelicidia erunt,
cum oleam coges, triduum atque quatriduum post oleum facito. Eam oleam, si
voles, sale spargito. Quam calidissimum torcularium et cellam habeto.
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Deberes del capataz (CXLII)
[142] Vilici officia quae sunt, quae
dominus praecepit, ea omnia quae in fundo fieri oportet quaeque emi pararique
oportet, quo modoque cibaria, vestimenta familiae dari oportet, eadem uti curet
faciatque moneo dominoque dicto audiens sit. Hoc amplius, quo modo vilicam uti
oportet et quo modo eae imperari oportet, uti adventu domini quae opus sunt
parentur curenturque diligenter.
·
Cómo medir el vino a los compradores
(CLIV)
[154] Vinum emptoribus sine molestia
quo modo admetiaris. Labrum culleare illae rei facito. Id habeat ad summum
ansas IIII, uti transferri possitur. Id imum pertundito; ea fistulam subdito,
uti opturarier recte possit; et ad summum, qua fini culleum capiet, pertundito.
Id in suggestu inter dolia positum habeto, uti in culleum de dolio vinum salire
possit. Id inpleto, postea obturato.
Varrón
·
Vida
Sobre la vida de Marco Terencio Varrón tenemos abundantes noticias.
Sabemos que nació en la antigua Seate, una región de la sabina, en el año 116
a. C, en el seno de una familia acomodada, y es que familiares suyos como Cayo
Terencio Varrón llegó a ser cónsul. Dada la cuna de la que procedía y como
hicieron intelectuales de su época de la talla de Cicerón, Horacio, Virgilio u
Ovidio, tuvo la oportunidad de estudiar en Roma. Gelio (XVI, 8, 2) y el Brutus
ciceroniano (56, 205) señalan que se formó con maestros como Accio, poeta y
gramático, y con un orador y seguidor de la filosofía estoica: Elio Estilón.
Además mantenía un vínculo con el círculo cultural dirigido por Lutacio Cátulo,
el precursor de los poetae novi.
Tales fueron las dotes como escritor de Varrón, que ya en el 85 a. C.
había publicado una obra dedicada a Accio: De antiquitate litterarum, la
cual ya nos permite trazar una línea hacia una de las ramas que más interesaba
a nuestro autor: la lengua. Tal y como era de esperar, tras finalizar su etapa
formativa en la ciudad de Roma, se traslada a Atenas, donde pudo establecer
lazos con el propio Cicerón y con el quinto director dela Academia: Antíoco de
Ascalona. Sin embargo, detrás de esas intenciones de completar su educación en
Grecia también se hallaban causas políticas, si bien, en esos momentos, como
señalan Veleyo Patérculo (II, 23) o Plutarco (Sila, 22), la dictadura de
Sila les había impulsado a buscar aires nuevos y diferentes a los de la Urbs.
Más adelante, en el 78 a. C. participa en la guerra de Dalmacia como
legado de Cosconio. Es en esta ocasión cuando comienza su amistad con Pompeyo,
para el cual Varrón compone la Ephemeris navalis, ya que aquel general
tenía como misión ir contra la insurrección de Sertorio en Hispania. En esta
ocasión, el autor que nos ocupa desempeñaría el mismo papel de legado, aunque
esta vez el de Pompeyo, así lo confirman las monedas que se acuñaron en el territorio
hispano (años 76-75 a. C.). En el 71 a. C., Varrón regresa a Roma, momento en
el que se había nombrado cónsul a Pompeyo para el año siguiente, junto con
Marco Lucino Craso, los mismos que llevaron a cabo la anulación y abolición de
las reformas de Sila. Nuestro autor escribe otra obra a su amigo: el Isagogicum,
que no era más que una fuente de consejos acerca del modo de desempeñar el
cargo de cónsul en relación con el Senado. Volviendo a ser nombrado legado de
Pompeyo, intervino en la guerra contra los piratas ilíricos, tras la cual,
según cuenta Plinio el Viejo en su Naturalis historia (XVI, 7), recibió
una distinción que muy pocas veces se otorgaba: la corona navalis.
A lo largo de su vida política, aparte de actuar como legado, pudo
desempeñar las labores del tribuno de la plebe, como indica Gelio (XIII, 12, 6)
y, más tarde, ocupó la edilidad, como expone Vitrubio en su tratado De
architectura (II, 8, 9). No obstante, a pesar de la estrecha relación de
amistad que había entre él y Pompeyo, un acontecimiento hizo que estos lazos de
unión se fueran desatando: la firma del triunvirato entre aquel, César y Craso.
Y es que, teniendo en cuenta su origen sabino, Varrón era amante de las
tradiciones antiguas, amigo del orden y del respeto a las leyes. Tal fue el
disgusto de nuestro autor, que una de sus fábulas menipeas ponía en ridículo el
poder de aquellos tres hombres, con el título de Τρικάρανος, es decir,
el monstruo de tres cabezas. Sin embargo, esto no impidió que en el año 59 a.
C. se le nombrara vigintivir ad agros dividendos Campanos, cargo por el
cual le encargaban la organización de una colonia en Capua, como señala Plinio
en su obra ya citada (VII, 176). Esto hacía efectiva la lex Iulia agraria.
Por otra parte, cuando Varrón se ve en la encrucijada de escoger entre
el bando de César o el de Pompeyo, una vez muerto Craso, decide ser partidario
del segundo, el cual lo envía al frente de dos legiones que tenían el deber de
proteger la defensa de la Hispania ulterior hasta la Lusitania, según el
testimonio del propio César en su De bello civil (I, 38).
Tras la derrota de Farsalia en el año 48 a. C., por orden de Antonio
se le confiscan las tierras a Varrón de Casinum, las cuales, gracias a
la intervención de César, le fueron devueltas. Esto se debe, no solo a que
nuestro autor se hubiera rendido anteriormente en Córdoba, sino también a la
obra que este le había dedicado a aquel, ni más ni menos que los dieciséis
libros de las Antiquitates rerum divinarum un año más tarde, justo
cuando el dictador ostentaba el cargo de Pontifex Maximus. Asimismo,
aparte de restituirle las tierras, César encargó a Varrón la organización de la
primera biblioteca pública que vería la luz en Roma, de la cuál nuestro autor
sería el director. Así, mediante la recopilación de material bibliográfico y su
catalogación, se dotaría de un enorme fondo de conocimiento en la ciudad. Sin
embargo, esta empresa no logra llevarse a cabo, y es que aconteció, en el 43 a.
C. el asesinato del dictador.
A raíz de esto, así como a causa de su riqueza y de su pasada relación
de amistad con Pompeyo, Marco Antonio es, esta vez, quien confisca nuevamente
las tierras a Varrón y le añada a la lista de proscritos, según el testimonio
de Cicerón en sus Philippicae (II, 40-41), pero logra salvar su vida
gracias a la intervención de un amigo que compartía con el difunto César,
Quinto Fufio Caleno, tal y como señala Apiano en sus Bella civilia (IV,
47), manteniéndolo oculto en su propia casa. No obstante, al año siguiente (42
a. C.) Octaviano decreta una amnistía tras la batalla de Filipos que hacen que
la paz y la calma volvieran a Varrón, el cual se dedicó desde ese mismo
instante a su labor investigadora durante los quince últimos años que le
restaban de vida, alternando su residencia entre las villas de Casinum y
de Tusculum, según el propio testimonio del autor en sus Res rusticae:
ut Varro hic fecit noster sub Casino (III, 4, 2) y nam quem fundum in Tusculano emit hic Varro a M.
Pupio Pisone (III, 13, 1).
Como últimos hechos dignos de mencionar, Varrón, tras ver
imposibilitada su labor como director de la primera biblioteca de Roma, pudo
ver un busto que se erigió en su honor en la que fundó Asinio Polión, así lo
expresa Plinio en su obra ya citada (VII, 115), y esto es muy destacable porque
era la primera vez en la historia que se le otorgaba ese honor a un escritor
que aún estuviera vivo.
Murió el mismo año en el que Octavio recibió el título de Augusto, en
el 27 a. C. Autores como Valerio Máximo le dedica unas elocuentes palabras: Terentius autem Varro humanae uitae expleto spatio
non annis, quibus saeculi tempus aequauit, quam stilo uiuacior fuit: in eodem
enim lectulo et spiritus eius et egregiorum operum cursus extinctus est (VIII, 7, 3). Por su parte, Plinio nos permite
hacernos una imagen de cómo fue su entierro, fiel a rituales propios del
pitagorismo, doctrina filosófica por la cual Varrón había sentido cierta
atracción en los últimos años de su existencia: en un sarcófago de arcilla,
entre hojas de mirto, de olivo y de álamo negro (XXXV, 160).
·
Obra
A lo largo de la Antigüedad clásica, personajes como Cicerón llegó a
escribir muchas obras por las cuales podríamos referirnos a él como autor
elocuente, pero, sin lugar a dudas, Varrón es el escritor sabio por
antonomasia. Y es que el propio Agustín de Hipona se sorprendía sobremanera
ante el hecho de que una persona como aquella no solo hubiera tanto tiempo para
leer muchos libros, sino incluso para dedicarse a escribir, si bien su
producción literaria fue muy abundante y de diferentes índoles, y así lo
expresó el doctor de la Iglesia en su De civitate Dei (VI, 2). Por otro
lado, otros autores le dedicaron algunos calificativos en sus obras, como el
caso de Plutarco en su Romulus (12): “el hombre de más lectura de los
romanos”, en griego, ἄνδρα Ῥωμαίων ἐνἱστορίᾳ βυβλιακώτατον; o
de Cicerón en sus Epistulae ad Atticum (XIII, 18, 2), refiriéndose a
aquel como hombre polígrafo: ego interea
admonitu tuo perfeci sane argutulos libros ad Varronem sed tamen exspecto quid
ad ea quae scripsi ad te, primum qui intellexeris eum desiderare a me cum ipse
homo polugrafw/tatojnumquam me
lacessisset. Y es que gracias a
testimonios de esos autores podemos hacernos a la idea de una labor literaria
que giraba en torno a los cincuenta o sesenta títulos en seiscientos volúmenes.
No obstante, a pesar de todo lo que compuso, solamente nos ha llegado hasta
nuestros días una pequeñísima parte: una gran parte de una obra dedicada a la
lengua latina (De lingua Latina), fragmentos indirectos que apuntan a lo
famosas y consideradas que fueron las composiciones varronianas, y, finalmente,
y muy importante para el bloque que nos ocupa, el único tratado que conservamos
íntegro del autor, el cual debemos a San Jerónimo, ni más ni menos que Rerum
rusticarum libri III.
Sin embargo, veamos
las noticias que tenemos acerca de las obras que no nos han llegado de Varrón.
Entre ellas encontramos un grupo que se corresponde con las que tienen una
finalidad artística. En primer lugar, las Saturae Menippeae, cuya
pérdida es bastante lamentable, pues en ellas el autor habría mostrado, sin
duda, sus grandes dotes de creación literaria. Solamente se conservan unos
seiscientos fragmentos y alrededor de noventa y cinco títulos, todo ello
transmitido por personalidades como San Jerónimo y por Nonio Marcelo en su Doctrina
compendiosa. La sátira mejor conservada lleva por nombre Las Euménides
y, en general, han adoptado el sobrenombre de “menipeas” por el hecho de que se
remontan al filósofo cínico griego Menipo de Gádara, perteneciente a los siglos
IV y III a. C., lo que ocurre es que Varrón no se limita a traducir al autor
griego, sino que lo adapta a una estructura prosimétrica, es decir, alternando
el verso y la prosa. Podemos entrever a lo largo de las composiciones esa
añoranza al pasado frente al presente que vivió Varrón, repleta de corrupción
política y ostentación. Destaca además la predicación de una moral desde el
punto de la vista no solo del humor sino también de la erudición, pero sin dar
lugar a ataques personales. Tal fue el influjo de esta obra, que, según L. A.
Martínez Miguel (2000, p. 29) afirma que “beben en la menipea varroniana,
aunque no podamos valorar exactamente en qué grado lo hacen, obras como la Apocolocyntosis
de Séneca, de Petronio el Satyricon, Las bodas de Mercurio y
Filosofía de Marciano Capela o la Consolación de la Filosofía de
Boecio”.
Por otra parte, y
dentro de estas obras con finalidad artística, tenemos a los Λογιστορικῶν
libri XXVI, en la que habría habido una combinación de realidad histórica
con una reflexión filosófica, es decir, una fusión de historia y logos.
Nos han llegado noticias también de obras retóricas, concretamente de veintidós
libros de Orationes y tres de Suasiones, así como una Laudatio
Porciae. Dignos de mención son, en el campo de la poesía propiamente dicha,
Poematum libri X y cuatro libros de Saturae, con una clara
influencia de Lucilio. Asimismo, son destacables sus Pseudotragoediarum
libri VI, una serie de parodias de índole trágica y filosófica cuyo eje
temático se centraba en los mitos o tragedias, como era común entre los
cínicos.
En segundo lugar,
observamos otro grupo que abarca las obras de tipología didáctica. Aquí
observaremos el carácter enciclopédico y práctico propio de la producción del
autor. Debemos incluir una de las obras más representativas, los Disciplinarum
libri IX, que fueron la base del canon medieval de las artes liberales,
vigente durante casi quince siglos en el plano europeo. Vemos de qué manera
agrupaba Varrón estas artes en nueve apartados, uno por libro: gramática,
dialéctica, retórica, geometría, aritmética, astronomía, música, medicina y
arquitectura. Aun así, trató en trabajos más pequeños, las diferentes
disciplinas por separado. De esta manera, contemplamos los de temática
geográfica, los de medicina, derecho o filosofía. En esta última rama del saber
se basan su De philosophia o De forma philosophiae libri VIII. Finalmente, dentro de este conjunto, el carácter didáctico se palpa
en el Isagogicum ad Pompeium, citado líneas más arriba; en los ocho
libros de Epistolicae quaestiones y en el tratad de agricultura que
analizaremos un poco más detenidamente en el siguiente apartado.
Otro grupo lo forman obras de temática lingüística y/o literaria, y es
que Varrón, por un lado, se interesó en gran manera en aspectos del ámbito
teatral, de ahí que compusiera obras como De descriptionibus libri III, en los que
probablemente se dedicaría a estudiar los elementos que formaban parte de las
comedias; De actis scaenicis libri III, De personis libri III, De
scaenicis originibus libri III o De scaenicis actionibus libri III. Dedicó,
concretamente, trabajos a autores como Plauto (Quaestionem Plautinarum libri V y De
comoediis Plautiniis). Gracias a estos estudios, se pudo concluir en que, de las 130 obras
cómicas atribuidas al comediógrafo, por lo menos 21 eran verdaderas, un hecho
que hizo posible que llegaran hasta nuestros días, aunque de manera
fragmentaria. Asimismo, llevó a cabo el estudio de otros géneros, como el de la
biografía, visible en De poetis; otras son De bibliothecis libri III, De lectionibus libri
III o De
compositione saturarum, la misma en la que abordaría un género muy
importante para él y su producción literaria: la sátira. Sin embargo, dentro de
los estudios literarios de Varrón, la obra que más destaca es la que abarca los
Imaginum
libri XV, y es que se trata de una colección de setecientos retratos de
personajes célebres, tanto griegos como romanos, agrupados de siete en siete.
Finalmente, dentro de este grupo no podemos dejar de lado a una de las dos
obras que nos han llegado, aunque en este caso incompleta, a la actualidad: De
lingua Latina, obra que, originariamente, ocupaba veinticinco libros, así como otros
trabajos que abordaban la analogía del lenguaje (De similitudinem verborum libri III), su anomalía (De
utilitate sermonis libri IV), los problemas ortográficos (De
antiquitate litterarum), entre otros muchos referentes al origen del
latín, al estilo, etc.
Por último, debemos mencionar un último grupo al que pertenecen obras
relacionadas con la antigüedad, cuya máxima representante sería la colección de
cuarenta y un libros de las Antiquitates, las cuales se dividían en dos
partes, una que hablaba de los asuntos de los hombres mortales y otra de los
dioses. Además, hemos de tener en cuenta el De vita populi Romani, en la que Varrón
expone la historia cultural de la ciudad de Roma. Encontramos otros títulos
entre los cuales podemos mencionar De familiis troianis, Rerum urbanarum libri III,
De Pompeio libri III o De sua vita libri III, entre otros.
·
Rerum rusticarum libri III
En este último punto teórico pasaremos a
analizar de manera concreta la obra que aborda el tercer bloque en el que nos
encontramos. Siguiendo la afirmación de L. A. Hernández Miguel (2000, p. 22),
en español se suele traducir como Economía rural o simplemente Agricultura.
Su año de publicación gira en torno al 37 a. C., algo tardía si tenemos en
cuenta que Varrón contaba en ese momento con ochenta años y al mismo tiempo
estaba llevando a cabo la redacción de las Disciplinae. El mismo Hernández Miguel, en el mismo
pasaje de su libro, señala que hay estudiosos que afirman que este tratado de
agricultura varroniano no es más que la unión de tres composiciones en una
sola, para los cuales había dedicado muchos más años de manera independiente.
Estos tres trabajos serían De
agricultura, De re pecuaria y De
villaticis pastionibus, los
cuales, aunque se establecieran en una sola composición, aún siguen dando la
impresión de que pertenecen a un todo incompleto.
De todos modos,
no cabe duda de que tiene un carácter autobiográfico y el objetivo de
entretener a los terratenientes que tenían las mismas inquietudes que el autor.
Destaca su estructura dialogada, como si de una obra aristotélica se tratase,
pues los interlocutores están en torno al propio Varrón, que se corresponde con
el sujeto que establece el hilo conductor de la conversación. Además, no solo
personalidades griegas usaron este método, sino que el propio Cicerón lo empleó
en muchos de sus tratados, por lo que se puede pensar que el Reatino hubiera
decidido parodiar al Arpinate.
Así pues, la
obra está formada por tres libros, a los cuales antecede un proemio en el que
se plasmaba una dedicatoria, así como la época, la ocasión y el marco espacial
donde transcurre la acción. Todos estos campos difieren de un libro a otro, al
igual que los interlocutores que hacen acto de presencia en cada parte. Varrón
deja claro cuál es la causa de la composición de su tratado desde el principio
(I, 1-4), y es que fue su esposa Fundania la que adquirió una finca, por lo que
su trabajo literario serviría como ayuda a sus labores agrícolas en ella. No
obstante, lo que reafirma nuestra teoría acerca de la discontinuidad a la hora
de la redacción de los otros dos libros es que, en el segundo y en el tercero,
no se hace alusión alguna a Fundania, y los temas que se tratan rebasan la idea
de esa simple parcela de tierra dela que hablábamos.
En lo que a
contenidos se refiere, el libro I está dedicado a la agricultura propiamente
dicha, sin dejar de alabar la fertilidad de la tierra italiana. El momento en
el que transcurre la acción gira en torno a la fiesta invernal de la siembra en
el templo de Telus, concretamente entre los años 59 y 57 a. C. Se nos muestra a
un Varrón que espera junto con su suegro Gayo Fndanio y sus amigos Gayo Agrio,
Publio Agrasio, Gayo Licinio Estolón y Gneo Tremelio Escrofa al encargado del
templo. Pone de manifiesto que dentro de la agricultura no se puede contemplar
la ganadería, y la discusión continúa acerca de la primera disciplina. Sin
embargo, la escena se ve interrumpida por la funesta noticia del asesinato del
encargado del templo de Telus, lo cual da por finalizado este primer libro.
Por lo que
respecta a libro II, aunque su promeio ofrece una laguna que no deja ver
claramente el lugar ni las circunstancias en las que transcurre el diálogo, se
puede concluir que está dedicado a Turranio Níger, amigo del autor que nos
ocupa en un marco temporal que se puede situar en torno al año 67 a. C. Sin
embargo, no cabe duda de que se corresponde con una época festiva, ya que se
alude a unos pasteles sagrados y a unos sacrificios. En este caso, los
interlocutores que acompañan a Varrón son Tremelio, Escrofa, Ático, Cosinio,
Murrio, Vaccio y Quinto Lucieno, si bien hemos de tener en cuenta que nombres
como el segundo o el penúltimo hacen referencia a animales (scrofa significa “cerda”, mientras que vacca es “vaca”). Y es que, como es de esperar
por lo que acabamos de comentar, este libro está consagrado a la ganadería, un
total de once capítulos que podemos dividir en tres según aborde el ganado
menor, el mayor o los animales improductivos, como son el gato o el perro.
Destaca una composición en la que cada individuo tiene, en cada intervención,
un papel informativo acerca del tema en cuestión. Tal y como sucedía en el
libro I, al final de este, irrumpe otro personaje, en esta ocasión un liberto
de Vítulo, con el fin de invitar a los participantes del diálogo a una fiesta
que organizaba su amo. Hemos de exponer una serie de incoherencias que se hay
entre el proemio y el contenido del libro II, y es que, a pesar de que se
afirme que la ganadería y la agricultura no se pueden unir en una sola
disciplina, el autor señala que un terrateniente debe conocer ambas. Por otro
lado, aun sabiendo que esta segunda parte se encargaría de tratar el tema de la
cría de ganado, en el contenido del mismo se ataca a esta misma (II, Praef, 1-3). Esto es más que suficiente para
demostrar que la introducción y lo que viene luego no son contemporáneos.
Finalmente, en
relación con el contenido de la obra, el tercer libro transcurre en el mismo
momento de las elecciones a edil, que se correspondían con los años que van del
60 al 50 a. C., en la Villa Pública, la cual se encontraba en el Campo de
Marte. La dedicatoria, en este último caso, va dirigida a un amigo y vecino de
la Sabina de Varrón llamado Pinnio. El eje temático gira en torno a la cría de
animales que guardaban, de una u otra forma, relación con la granja, entiéndase
peces, caracoles o pájaros. A diferencia del segundo libro, la composición
aborda también la economía rural, así como diferentes técnicas. Aparte de Varrón,
son interlocutores en el diálogo tres personajes que no habían aparecido antes:
Lucio Cornelio Mérula, el cual, si tenemos en cuenta su cognomen (merula, es decir, “mirlo”), sabremos a qué hace
referencia en su intervención: a las aves; en segundo lugar, Apio Claudio
Pulcro el Augur, quien se encarga de hablar de los cotos de caza; los viveros
de peces, finalmente, son tratados por el senador Quinto Axio. Asimismo, hay
personajes secundarios que no intervienen a lo largo del tercer libro que
tienen nombres relacionados con las aves, lo cual muestra ese humor que estaba
presenta en la producción varroniana. Antes de concluir esta última parte del
tratado de agricultura, se alude al ganador de las elecciones y sus
felicitaciones. Destacan pasajes en los que el propio autor habla de la
pajarera que poseía Varrón en su finca de Casinum (III, 5, 9-17), así como la exposición de
las abejas (III, 16, 4-9).
Finalmente,
hemos de hablar de las fuentes que influyeron en la redacción, y es el propio
autor el que afirma que fueron su propia experiencia, los libros y la oralidad.
No cabe duda lo asequible que era para Varrón la posibilidad de observar sus
tierras, así como las dotes como ingeniero agrícola que había demostrado tener
en el momento del reparto de fincas en Campania. Por otro lado, al principio
del tratado aporta un listado de unos cincuenta autores griegos, ni uno solo
latino, con sus respectivas obras. Los que mayor presencia tenían eran
Aristóteles, y su Investigación sobre los animales y la Generación de los animales; y Teofrasto (Historia de las plantas y Orígenes de las plantas).
Selección de textos extraídos del tratado
·
Fundania, contenido y circunstancias de la obra (I, 1)
Otium si essem consecutus, Fundania, commodius tibi haec scriberem, quae
nunc, ut potero, exponam cogitans esse properandum, quod, ut dicitur, si est
homo bulla, eo magis senex. Annus enim octogesimus admonet me ut sarcinas
conligam, antequam proficiscar e vita. Quare, quoniam emisti fundum, quem bene
colendo fructuosum cum facere velis, meque ut id mihi habeam curare roges,
experiar; et non solum, ut ipse quoad vivam, quid fieri oporteat ut te moneam,
sed etiam post mortem. Neque patiar Sibyllam non solum cecinisse quae, dum
viveret, prodessent hominibus, sed etiam quae cum perisset ipsa, et id etiam
ignotissimis quoque hominibus; ad cuius libros tot annis post publice solemus
redire, cum desideramus, quid faciendum sit nobis ex aliquo portento: me, ne dum
vivo quidem, necessariis meis quod prosit facere. Quocirca scribam tibi tres
libros indices, ad quos revertare, siqua in re quaeres, quem ad modum quidque
te in colendo oporteat facere. Et quoniam, ut aiunt, dei facientes adiuvant,
prius invocabo eos, nec, ut Homerus et Ennius, Musas, sed duodecim deos
Consentis; neque tamen eos urbanos, quorum imagines ad forum auratae stant, sex
mares et feminae totidem, sed illos XII deos, qui maxime agricolarum duces
sunt. Primum, qui omnis fructos agri culturae caelo et terra continent, Iovem
et Tellurem: itaque, quod ii parentes, magni dicuntur, Iuppiter pater
appellatur, Tellus terra mater. Secundo Solem et Lunam, quorum tempora
observantur, cum quaedam seruntur et conduntur. Tertio Cererem et Liberum, quod
horum fructus maxime necessari ad victum: ab his enim cibus et potio venit e
fundo. Quarto Robigum ac Floram, quibus propitiis neque robigo frumenta atque
arbores corrumpit, neque non tempestive florent. Itaque publice Robigo feriae
Robigalia, Florae ludi Floralia instituti. Item adveneror Minervam et Venerem,
quarum unius procuratio oliveti, alterius hortorum; quo nomine rustica Vinalia
instituta. Nec non etiam precor Lympham ac Bonum Eventum, quoniam sine aqua
omnis arida ac misera agri cultura, sine successu ac bono eventu frustratio
est, non cultura. Iis igitur deis ad venerationem advocatis ego referam
sermones eos quos de agri cultura habuimus nuper, ex quibus quid te facere
oporteat animadvertere poteris. in quis quae non inerunt et quaeres, indicabo a
quibus scriptoribus repetas et Graecis et nostris.
Qui Graece scripserunt dispersim alius de alia re, sunt plus quinquaginta.
Hi sunt, quos tu habere in consilio poteris, cum quid consulere voles, Hieron
Siculus et Attalus Philometor: de philosophis Democritus physicus, Xenophon
Socraticus, Aristoteles et Theophrastus peripatetici, Archytas Pythagoreus:
item Amphilochus Atheniensis, Anaxipolis Thasius, Apollodorus Lemnius,
Aristophanes Mallotes, Antigonus Cymaeus, Agathocles Chius, Apollonius
Pergamenus, Aristandros Atheniensis, Bacchius Milesius, Bion Soleus,
Chaeresteus et Chaereas Athenienses, Diodorus Prieneus, Dion Colophonius,
Diophanes Nicaeensis, Epigenes Rhodios, Euagon Thasius, Euphronii duo, unus
Atheniensis, alter Amphipolites, Hegesias Maronites, Menandri duo, unus
Prieneus, alter Heracleotes, Nicesius Maronites, Pythion Rhodius. De reliquis,
quorum quae fuerit patria non accepi, sunt Androtion, Aeschrion, Aristomenes,
Athenagoras, Crates, Dadis, Dionysios, Euphiton, Euphorion, Eubulus,
Lysimachus, Mnaseas, Menestratus, Plentiphanes, Persis, Theophilus. Hi quos
dixi omnes soluta oratione scripserunt; easdem res etiam quidam versibus, ut
Hesiodus Ascraeus, Menecrates Ephesius. Hos nobilitate Mago Carthaginiensis
praeteriit, poenica lingua qui res dispersas comprendit libris XXIIX, quos
Cassius Dionysius Uticensis vertit libris XX ac Graeca lingua Sextilio praetori
misit: in quae volumina de Graecis libris eorum quos dixi adiecit non pauca et
de Magonis dempsit instar librorum VIII. Hosce ipsos utiliter ad VI libros
redegit Diophanes in Bithynia et misit Deiotaro regi. Quo brevius de ea re
conor tribus libris exponere, uno de agri cultura, altero de re pecuaria,
tertio de villaticis pastionibus, hoc libro circumcisis rebus, quae non
arbitror pertinere ad agri culturam. Itaque prius ostendam, quae secerni
oporteat ab ea, tum de his rebus dicam sequens naturales divisiones. Ea erunt
ex radicibus trinis, et quae ipse in meis fundis colendo animadverti, et quae
legi, et quae a peritis audii.
·
La fertilidad de Italia (I, 2)
Cum consedissemus, Agrasius, Vos, qui multas
perambulastis terras, ecquam cultiorem Italia vidistis? inquit. Ego vero,
Agrius, nullam arbitror esse quae tam tota sit culta. Primum cum orbis terrae
divisus sit in duas partes ab Eratosthene maxume secundum naturam, ad meridiem
versus et ad septemtriones, et sine dubio quoniam salubrior pars
septemtrionalis est quam meridiana, et quae salubriora illa fructuosiora,
dicendum utique Italiam magis etiam fuisse opportunam ad colendum quam Asiam,
primum quod est in Europa, secundo quod haec temperatior pars quam interior.
Nam intus paene sempiternae hiemes, neque mirum, quod sunt regiones inter
circulum septemtrionalem et inter cardinem caeli, ubi sol etiam sex mensibus
continuis non videtur. Itaque in oceano in ea parte ne navigari quidem posse
dicunt propter mare congelatum. Fundanius, Em ubi tu quicquam nasci putes posse
aut coli natum. Verum enim est illud Pacuvi, sol si perpetuo sit aut nox,
flammeo vapore aut frigore terrae fructos omnis interire. Ego hic, ubi nox et
dies modice redit et abit, tamen aestivo die, si non diffinderem meo insiticio
somno meridie, vivere non possum. Illic in semenstri die aut nocte quem ad
modum quicquam seri aut alescere aut meti possit? Contra quid in Italia
utensile non modo non nascitur, sed etiam non egregium fit? Quod far conferam
Campano? Quod triticum Apulo? Quod vinum Falerno? Quod oleum Venafro? Non
arboribus consita Italia, ut tota pomarium videatur? An Phrygia magis vitibus
cooperta, quam Homerus appellat ampeloessan, quam haec? Aut tritico Argos, quod
idem poeta polupuron? In qua terra iugerum unum denos et quinos denos culleos
fert vini, quot quaedam in Italia regiones? An non M. Cato scribit in libro
Originum sic: 'ager Gallicus Romanus vocatur, qui viritim cis Ariminum datus
est ultra agrum Picentium.
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Alabanza al campesino antiguo (II, Praef.)
Viri magni nostri maiores non sine causa
praeponebant rusticos Romanos urbanis. Ut ruri enim qui in villa vivunt
ignaviores, quam qui in agro uersantur in aliquo opere faciendo, sic qui in
oppido sederent, quam qui rura colerent, desidiosiores putabant. Itaque annum
ita diviserunt, ut nonis modo diebus urbanas res usurparent, reliquis septem ut
rura colerent. Quod dum servaverunt institutum, utrumque sunt consecuti, ut et
cultura agros fecundissimos haberent et ipsi valetudine firmiores essent, ac ne
Graecorum urbana desiderarent gymnasia. Quae nunc vix satis singula sunt, nec
putant se habere villam, si non multis vocabulis retinniat Graecis, quom vocent
particulatim loca, procoetona, palaestram, apodyterion, peristylon, ornithona,
peripteron, oporothecen. Igitur quod nunc intra murum fere patres familiae
correpserunt relictis falce et aratro et manus movere maluerunt in theatro ac
circo, quam in segetibus ac vinetis, frumentum locamus qui nobis advehat, qui
saturi fiamus ex Africa et Sardinia, et navibus vindemiam condimus ex insula
Coa et Chia.
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Descripción de la pajarera de Casinum (III, 5)
Cum habeam sub oppido Casino flumen, quod per
villam fluat, liquidum et altum marginibus lapideis, latum pedes quinquaginta
septem, et e villa in villam pontibus transeatur, longum pedes DCCCCL derectum
ab insula, quae est in imo fluvio, ubi confluit altera amnis, ad summum flumen,
ubi est museum, circum huius ripas ambulatio sub dio pedes lata denos, ab hac
est in agrum versus ornithonis locus ex duabus partibus dextra et sinistra
maceriis altis conclusus. Inter quas locus qui est ornithonis deformatus ad
tabulae litterariae speciem cum capitulo, forma qua est quadrata, patet in latitudinem
pedes XLVIII, in longitudinem pedes LXXII; qua ad capitulum rutundum est, pedes
XXVII. Ad haec, ita ut in margine quasi infimo tabulae descripta sit,
ambulatio, ab ornithone plumula, in qua media sunt caveae, qua introitus in
aream est. In limine, in lateribus dextra et sinistra porticus sunt primoribus
columnis lapideis, pro mediis arbusculis humilibus ordinatae, cum a summa
macerie ad epistylium tecta porticus sit rete cannabina et ab epistylio ad
stylobaten. Hae sunt avibus omnigenus oppletae, quibus cibus ministratur per
retem et aqua rivolo tenui affluit. Secundum stylobatis interiorem partem
dextra et sinistra ad summam aream quadratam e medio diversae duae non latae
oblongae sunt piscinae ad porticus versus. Inter eas piscinas tantummodo accessus
semita in tholum, qui est ultra rutundus columnatus, ut est in aede Catuli, si
pro parietibus feceris columnas. Extra eas columnas est silva manu sata
grandibus arboribus, ut infima perluceat, tota saepta maceriis altis. Intra
tholi columnas exteriores lapideas et totidem interiores ex abiete tenues locus
est pedes quinque latus. Inter columnas exteriores pro pariete reticuli e
nervis sunt, ut prospici in silvam possit et quae ibi sunt videri neque avis ea
transire. Intra interiores columnas pro pariete rete aviarium est obiectum.
Inter has et exteriores gradatim substructum ut theatridion avium, mutuli
crebri in omnibus columnis impositi, sedilia avium. Intra retem aves sunt
omnigenus, maxime cantrices, ut lusciniolae ac merulae, quibus aqua ministratur
per canaliculum, cibus obicitur sub retem. Subter columnarum stylobaten est
lapis a falere pedem et dodrantem alta; ipsum falere ad duo pedes altum a
stagno, latum ad quinque, ut in culcitas et columellas convivae pedibus
circumire possint. Infimo intra falere est stagnum cum margine pedali et insula
in medio parva.
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Vida de las abejas (III, 16)
Primum apes nascuntur partim ex apibus, partim ex bubulo corpore
putrefacto. Itaque Archelaus in epigrammate ait eas ese boos phthimenes
peplanemena tekna, ídem hippon men sphekes genea, moschon de melissai.
Apes non sunt solitaria natura, ut aquilae, sed ut homines. Quod si in hoc
faciunt etiam graculi, at non idem, quod hic societas operis et aedificiorum,
quod illic non est, hic ratio atque ars, ab his opus facere discunt, ab his
aedificare, ab his cibaria condere. Tria enim harum: cibus, domus, opus, neque
idem quod cera cibus, nec quod mel, nec quod domus. Non in favo sex angulis
cella, totidem quot habet ipsa pedes? Quod geometrae hexagonon fieri in orbi rutundo
ostendunt, ut plurimum loci includatur. Foris pascuntur, intus opus faciunt,
quod dulcissimum quod est, et deis et hominibus est acceptum, quod favus venit
in altaria et mel ad principia convivi et in secundam mensam administratur.
Haec ut hominum civitates, quod hic est et rex et imperium et societas.
Secuntur omnia pura. Itaque nulla harum adsidit in loco inquinato aut eo qui
male oleat, neque etiam in eo qui bona olet unguenta. Itaque iis unctus qui
accessit, pungunt, non, ut muscae, ligurriunt, quod nemo has videt, ut illas,
in carne aut sanguine aut adipe. Ideo modo considunt in eis quorum sapor
dulcis. Minime malefica, quod nullius opus vellicans facit deterius, neque
ignava, ut non, qui eius conetur disturbare, resistat; neque tamen nescia suae imbecillitatis.
Quae cum causa Musarum esse dicuntur volucres, quod et, si quando displicatae
sunt, cymbalis et plausibus numero redducunt in locum unum; et ut his dis
Helicona atque Olympon adtribuerunt homines, sic his floridos et incultos
natura adtribuit montes.
BIBLIOGRAFÍA
The Latin Library: recurso en línea con
dirección http://www.thelatinlibrary.com/. Todos los textos en latín han sido
tomados de esta página.
Perseus Digital Library: recurso en línea con dirección http://www.perseus.tufts.edu/hopper/. Todos los textos en griego han sido tomados de esta página.
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