jueves, 30 de junio de 2016

Catón y Varrón. La trascendencia de sus obras

TEMA 8

Catón

·         Vida

A la hora de buscar información biográfica de Catón, es muy importante consultar las fuentes que nos proporciona Plutarco en la visión paralela que le da con respecto a Aristóteles, así como un tratado ciceroniano que versa sobre la vejez: Cato Maior vel de senectute y un vestigio que nos ha llegado de Cornelio Nepote. Asimismo, Tito Livio nos aporta datos acerca de otros acontecimientos históricos junto con otra biografía, esta vez anónima, que lleva por título De viris illustribus.
Sabemos, en definitiva, gracias a estas fuentes, que Catón procedía de una familia humilde en Túsculo. Cicerón (De senectute, 55) y Plutarco (Cato maior, II, 1-3) hablan, por otro lado, de una hacienda  pobre que había heredado de su padre en la Sabina. No obstante, tan solo hay que observar su cognomen: Cato, que en la lengua sabina significa “precavido” o “astuto”, para darnos cuenta de la capacidad que tuvo de aprovechar la oportunidad de alistarse a la temprana edad de dieciocho años a las órdenes, bien de Quinto Fabio Máximo o bien de Marco Claudio Marcelo. Lo que sí se sabe con exactitud es que, ya entre los años 214-210, está acompañado de este último en Sicilia en calidad de tribuno militar, tal y como cuenta Nepote (Catón, I, 2). Después de eso, volvió a su hacienda y se dedicó a la labranza y a la abogacía hasta que un allegado suyo, Lucio Valerio Flaco, le ofreció trasladarse a Roma (Nepote, Cato, I, 1), eso sí, antes del 204, pues en este año fue cuando participó, nuevamente como tribuno militar, en la jornada del río Metauro, lugar en donde, según los testimonios de Nepote en su obra ya citada (I, 2), Asdrúbal terminaría perdiendo la vida.
Por lo que respecta a su estancia en Roma, Plutarco (III, 5) señala que estecó lazos con Quinto Fabio Máximo, un personaje que gozaba de un gran prestigio en lo referente al combate contra Publio Cornelio Escipión ante la peligrosidad de este en sus intenciones políticas. Tal fue la influencia del amigo de nuestro autor, que, tras la muerte de aquel, seguiría con su misión hasta lograr vencer al Africano. Y es que hemos de tener en cuenta que en ese momento Roma estaba entre dos posturas contrarias en relación a la política exterior. Por un lado, encontramos a los patricios que estaban a favor de un imperialismo y del favorecimiento a intereses espurios, además de defender un sentimiento filoheleno. Por otro, estaban los que se mostraban contrarios a esta corrupción y ambición moral y personal. De este modo, Catón, una vez que fue nombrado cuestor en el año 204 (Cicerón, De senectute 4, 10) y con el fin de mantener bajo vigilancia a Escipión, se traslada a Sicilia, y de ahí, como indica Livio (XXIX, 19), a África.
Por otro lado, no tenemos mucha información sobre su papel como edil dela plebe durante los años que van del 202 al 199 a. C., pero está claro que la amistad que sostuvo con Valerio Flaco fue decisiva para lograr su ascenso en la administración, puesto que al año siguiente Nepote (I, 4), Livio (XXXII, 8, 5-8) y Plutarco (VI, 2) nos señalan que desempeñó el cargo de pretor en Cerdeña, donde dio a conocer su lado humilde, austero y honesto, en tanto en cuanto redujo sus gastos personales y fue contra la usura y los publicanos, como afirma Livio (XXXII, 27, 3).
Una vez que terminó su etapa como pretor, regresó a Roma en el año 195 y ganó las elecciones, por lo que fue nombrado cónsul junto con su amigo Valerio Flaco. Esta etapa se corresponde con su tarea como orador, aunque no logró la derogación dela lex Oppia. Sin embargo, el éxito lo obtuvo en la Hispania Citerior, en donde logra derrotar el enemigo durante la campaña. Esto propició que pudiera desplazarse a la Hispania Ulterior, donde fracasa en intento de tomar la ciudad de Segontia. Aun así, en sus discursos alude muchas veces a sus éxitos en esta campaña (cf. De triumpho ad populum), así como en sus Origines. Cuando vuelve a Roma, a finales del 194, se decreta su triunfo, aunque tuvo que defender su actuación como cónsul ante los ataques de los partidarios de Escipión, tal y como indica Nepote (Cato III).
En lo referente a su vida amorosa, sabemos que después de dejar su cargo de consulado, contrajo matrimonio con una joven que pertenecía a la aristocracia, llamada Licinia Tercia, la misma que le concedió un hijo, Marco Porcio Catón Liciniano (Plutarco, XX, 2). El padre se preocupó en educarlo en las armas y, junto a un esclavo docto en el terreno de las matemáticas, en las letras. Tenemos conciencia, gracias a Plutarco (XX, 7) de unos Commentarii de historia y un libro Ad Marcum filii, ambas obras dedicadas a su hijo. No obstante, su hijo, muy diferente a él en el ámbito de la literatura, fue más brillante en la guerra, precisamente en la campaña contra los lígures del año 173 y, más tarde, en Macedonia bajo las órdenes de Emilio Paulo. También debemos destacar que se casó con la hija de este en el 160.
Por otra parte, tras la victoria del partido de Escipión a finales del año 194, Catón, junto a su inseparable Valerio Flaco, se agrega como tribuno militar o legado consular (Livio, XXXVI, 17, 1; Cicerón, De senectute, 32). Tiene como misión visitar diferentes ciudades de Grecia para conseguir enemistarlas con la figura de Antíoco, entre las que destacan Atenas y Tesalia. Gracias a sus dotes oratorias, consigue que el rey huya tras la inminente victoria. Más adelante, al no conseguir ostentar el cargo de censor, se sitúa en contra de dos partidarios de Escipión: Quinto Minucio Termo y Marco Fulvio Nobilior, ambos cónsules. Su campaña llegaría a su fin en el año 184, el mismo en el que Catón, con el auxilio de dos tribunos de la plebe, acusa al hermano del Africano, Lucio Cornelio Escipión, de haberse agenciado la tercera parte de los talentos correspondientes con la indemnización de la guerra impuesta a Antíoco. Las grandes dotes retóricas de nuestro autor le permitieron alejar de la vida pública a los personajes que hemos mencionado, hasta el punto de obtener la censura, como informa Livio (XXXVIII, 54-57), en el año 184.
No obstante, no debemos dejar de lado una serie de convulsiones sociales que acontecieron entre la lucha contra los Escipiones y el ascenso a la censura de Catón, como la difusión de un culto mistérico relacionado con ceremonias báquicas y órficas que suponían un peligro moral e insurgente, el cual fue objeto de una severa represión, como señalan Livio (XXXIX, 8-19) y Cicerón (De legibus, II, 15, 37).
Sin duda, su papel como censor destacó por el hecho de que innovó, si bien acompañaba sus decisiones con un discurso que las justificaba (Livio XXXIX, 42, 6). Es el caso, por ejemplo, de la expulsión de siete miembros del jurado a causa de ser indignos a su puesto (Plutarco, XVI, 4), le quitó el caballo a Escipión el Asiático, amonestó a los agricultores que descuidaban sus labores (Gelio, IV, 12), ordenó la construcción de cloacas para la ciudad, así como su limpieza (Livio, XXXIX, 44, 5), mandó edificar una basílica que llevaría su nombre (Livio, XXXIX, 44, 6), entre otras decretos que nos muestran a un Catón que iba tras la regeneración de la vida pública y delos usos privados, de ahí que se erigiera una estatua en su honor en el templo de la Salud, como testimonia Plutarco (XIX, 4). Aunque, por otro lado, sus decisiones afectaron a numerosas personas, siempre logró salir victorioso de las acusaciones.
Tras acabar su cargo, siguió interviniendo, esta vez como senador durante treinta años hasta su muerte, en asuntos concernientes con la política interior, el derecho y la moral, por ejemplo, en asuntos como la expansión del imperio por el Mediterráneo. Asimismo, sin dejar de lado en algún momento su vida política y oratoria, se dedicó a llevar a cabo negocios en el terreno de la agricultura y de la náutica junto a su liberto Quinción, que le aportaron bastantes ganancias, así como el comercio de esclavos, práctica que tuvo que defender ante el censor que desempeñaba su cargo entre los años 154 y 153, saliendo airoso nuevamente, a sus ochenta años, con el argumento de que debía toda su fortuna a la austeridad y al ahorro, como señalan Plutarco (XV, 4) y Livio (XXXIX, 40, 11).
Finalmente, sobre la vida de nuestro personaje, sabemos que dedicó sus últimos años, no solamente a la política, como hemos visto, sino también a la literatura. Hemos visto que, ya desde el nacimiento de su vástago, emprendió la tarea de escribir pequeños tratados de índole enciclopédica para la instrucción de este, pero no tenemos datos concernientes a la cronología del resto de sus trabajos. En el otoño del año 150, a los ochenta y cinco años, muere Catón, cuya máscara de cera fue depositada en senado, según el testimonio de Valerio Máximo (VIII, 15, 2).

·         Obra

A pesar de que tenemos abundantes noticias acerca de la producción literaria de Catón, también es cierto que muchas nos han llegado de modo fragmentario, por lo que es muy complicado obtener datos claros concernientes a su cronología, su carácter o su extensión. Aun así, sabemos, como hemos mencionado líneas más arriba, que sus pequeños tratados dedicados a la formación de su hijo son fechables entre los años 185 y 180 a. C. Se basa en la instrucción de su vástago siguiendo las tradiciones romanas.
Por otro lado existen fragmentos de un Commentarius, que no son más que unos apuntes que versan sobre una serie de remedios medicinales caseros a los que el propio autor hace referencia en otra obra: Ad Marcum filium, la cual, a su vez, ha sido mencionada con diferentes títulos. Se trata de un conjunto de libros que también están dirigidos a la formación de su hijo que giran en torno al ámbito de la medicina, la agricultura y el arte de la persuasión o retórica. Sin duda, como señala Alfonso García-Toraño Martínez (p. 20), se trata de un tratado que gozó de una gran difusión en su tiempo, concebida además como la primera enciclopedia romana entre los años 180 y 175.
Además, hay fragmentos también de una carta de Catón a su primogénito Licinio tras la batalla de Pidna, posterior al 168. Se muestra el importante papel que desempeñó su hijo y se piensa que no fue una única carta la que escribió, sino que se trata de una entre varias (A. García-Toraño Martínez, p. 20).
Más numerosos son los fragmentos que pertenecen a los discursos (casi doscientos en torno a ochenta títulos) que fueron pronunciados por Catón desde su adolescencia hasta unas semanas previas a su muerte, como señala en su biografía Cornelio Nepote (3, 2). Tal fue la trascendencia de estos que hasta el propio Cicerón los tuvo en cuenta para su labor oratoria, como él mismo indica en el Brutus (65).
Asimismo, tenemos noticias de tres tratados que se inundaban en un terreno concreto a modo de monografías. Uno de ellos, el que trataremos en mayor profundidad por el hecho de girar en torno a la agricultura, práctica central de nuestro tercer bloque, es el único que nos ha llegado completo a nuestros días. De los dos restantes, De re militari y  los Commentarii iuris civilis, que ni siquiera poseen una autoría segura, tan solo conservamos unos pocos fragmentos y una cronología incierta, así como lo es una obra de carácter didáctico acerca de las conductas morales que lleva por título Carmen de moribus, la cual es tratado por algunos estudiosos como trabajo poético, como señala A. García-Toraño Martínez (p. 21). De forma fragmentaria también nos han llegado una serie de sentencias bajo diferentes títulos: Dicta, Sententiae o Apophthegmata. Estas máximas son extracciones de los discursos de Catón, llevadas a cabo no solo por el propio autor sino por otros de la talla de Polibio entre otros.
Finalmente, de sus Origines, trabajo mencionado líneas más arriba, igualmente conservamos fragmentos. Se trata de una obra de temática histórica que estaba dividida en siete libros y que versaba, concretamente, sobre la historia de Roma desde su fundación hasta la época de Catón, teniendo en cuenta sus correspondientes lagunas. Cabe destacar que este fue el primer trabajo historiográfico redactado en latín para la que el autor dedicó una gran cantidad de tiempo a la hora de su composición.
Así pues, como hemos podido ver, nos encontramos ante un autor que cultivó diferentes temas, partiendo de la didáctica y la historia, pasando por la retórica, el derecho, la medicina, la agricultura y la táctica militar.

·         El tratado De agri cultura

En este punto pasaremos a ver, más profundamente y de manera concreta, la obra que ocupa nuestro interés, en tanto en cuanto trata la agricultura. No es más ni menos que el tratado De agri cultura, la cual es destacable por diferentes motivos, entre los cuales se encuentra el hecho de que fue la primera composición escrita en prosa y en latín que nos ha llegado íntegra, el de ser la única fuente en la que se hace alusión a la construcción de prensas y molinos de aceite, así como del horno de cal, de recetas de cocina y dietéticas, contratos jurídicos, ritos y conjuros agrarios y, finalmente, un testimonio muy valioso en lo que respecta a la introducción de la agricultura primitiva de los pueblos itálicos en la economía del mercado romano.
Hay diferentes versiones a la hora de establecer un título. Por su parte, Gelio y Varrón lo conocieron bajo el de De agricultura (III, 14, 17 y De re rustica, I, 2, 28, respectivamente), aunque el primero de esos dos también hace alusiones a esta misma obra con el de De re rustica (X, 26, 8) al igual que Cicerón, el cual la da a conocer en su Cato Maior vel de senectute como De rebus rusticis (54).
Acerca de su datación, no existe una idea común, pero muchos estudiosos la sitúan en torno a los últimos años de vida de Catón, pues en el prefacio se hace alusión a hechos que tuvieron lugar durante la segunda Guerra Púnica (A. García-Toraño Martínez, p. 22). Además, si tenemos en cuenta que el propio Plinio hace mención de la obra catoniana en su Naturalis historia  (XXIX, 14) y en otros capítulos relacionados con la medicina, podemos concluir en que el tratado fue compuesto alrededor del año 164 a. C.
Por lo que respecta al contenido, vemos que contiene hasta ciento sesenta y dos capítulos a los cuales antecede un prefacio a modo de introducción. No es más ni menos que una obra de carácter didáctico en el que se hace uso de abundantes preceptos cuyos destinatarios eran todos aquellos que tenían una hacienda agrícola en propiedad. Catón no solo se dirige al patrón o al amo de las tierras, sino también al esclavo a lo largo de toda la composición. Asimismo, a pesar del título que lleva la obra, tan solo la tercera parte de ella versa sobre la agricultura, mientras que trata también la producción del aceite y del vino atendiendo el cultivo del cereal y la crianza del ganado, así como comparte diferentes recetas culinarias y pequeños remedios caseros medicinales, como sosteníamos líneas más arriba.
Desde el prefacio de su tratado, Catón muestra su personalidad, si bien alude a diversas maneras de ganarse la vida partiendo de argumentos basados en principios éticos en contraposición a los económicos, y en lo honesto frente a los riesgos en el mercado, y es que concluye con que la agricultura es una práctica que encierra consigo un mérito en tanto en cuanto se trata de una fuente de ingresos respetables y seguros.
Por otra parte, en referencia a las fuentes de las que bebió Catón, hemos de destacar que su conocimiento de la lengua griega le facilitó el acceso a otras obras y autores griegos que propiciaron que su tratado gozara de un contenido bastante amplio y completo. Y es que nuestro autor empezó a aprender la lengua propia de Grecia desde el comienzo de su vida política en Sicilia, teniendo en cuenta además que pronunció un discurso completamente en griego en la ciudad de Atenas, tal y como indica Plutarco (XII, 5), y que poseía un esclavo proveniente de esta nacionalidad. El propio Cicerón hace referencia a la posibilidad que tuvo Catón de comprender de manera perfecta a Nearco durante su viaje a Tarento (De senectute, 12, 39). Tuvo como puntos de referencia en el terreno de la medicina, de la retórica y, sobre todo, en el de la historiografía a autores griegos como Tucídides, Polibio, Jenofonte o Demóstenes. Además, cita en sus obras a personalidades como Temístocles, Epaminondas, Pericles y Leónidas, como señala Plutarco (VIII, 14). Esto significa que, aunque Catón concebía al pueblo griego como servil, altanero en el campo intelectual y corrupto entre otras cosas, ello no reprimió que tomara de esta cultura todo aquello de cuanto podía obtener provecho.
Por otro lado, en lo que atañe a las fuentes itálicas, no cabe duda de que se sirvió de agricultores como Minio Percenio de Nola y de los Manlios, seguramente a través de la oralidad, como señala A. García-Toraño Martínez (p. 33), aparte de tener nociones de trabajos griegos que daban especial énfasis a la botánica y a las técnicas agrícolas. Asimismo, es destacable el hecho de que, en relación al léxico que encontramos en sus alusiones a la medicina, la agricultura, los sistemas mecánicos, las medidas y la cocina, utiliza términos griegos. Así, observamos ejemplos como encytum, epityrum, dyspepsia, stranguria, trochilea o drachma en muchos de los capítulos, aunque a veces latiniza las palabras que toma prestadas del griego, como el caso de veratrum o laserpicium, en los capítulos 114 y 116 respectivamente. Sin embargo, no podemos concluir que estos términos fueron acuñados por Catón, pues es posible que hubieran entrado ya a formar parte de la lengua latina mucho antes, a través de la literatura contemporánea al autor o vía oral.
Por otro lado, es posible establecer unas fuentes no griegas si tomamos como modelo catoniano a Magón el cartaginés, además de la tradición agronómica púnica. Por su parte, la obra de Magón giraba en torno a los cultivos especializados del Mediterráneo como el vino o el aceite, a los cuales les da mucha importancia el autor que nos ocupa. Es más, el mismo Plutarco (XXVII, 1) afirma que Catón acudió al senado con unos higos que procedían de la tierra de Cartago, lo cual hace posible esta teoría que vincula el De agri cultura con la obra de Magón. Además, tienen en común ese carácter enciclopédico y el tratamiento a diversos temas.
Finalmente, antes de pasar a la estructura de la obra propiamente dicha y a su contenido, hemos de dar importancia al valor socio-económico que tuvo la obra catoniana en su época. Y es que la II Guerra Púnica trajo consigo una serie de consecuencias para Roma, si bien se llevó a cabo la expropiación de fincas y cambios de propiedad, así como la adjudicación de un gran número de esclavos, de ganado y de riquezas, lo cual produjo un cambio notabilísimo en la agricultura romana tal que las haciendas rústicas se transformaron en dimensiones, cultivos y estructura de producción. Por tanto, la obra de Catón a la que hacemos referencia es todo un testimonio no solo del modelo púnico en lo que a concepción agrícola se refiere, sino también de las condiciones en las que se desenvolvía la agricultura en la región del Lacio y de la Campania.
En resumidas cuentas, este tratado refleja el paso del policultivo al monocultivo especializado que posibilita la entrada de la economía del mercado cuya evolución y desarrollo lo plasmarán más adelante autores que veremos en este y en el siguiente tema: Varón y Columela.

Selección de textos extraídos del tratado

·         Deberes del pater familias (II)

[2] Pater familias, ubi ad villam venit, ubi larem familiarem salutavit, fundum eodem die, si potest, circumeat; si non eodem die, at postridie. Ubi cognovit quo modo fundus cultus siet, opera quaeque facta infectaque sient, postridie eius diei vilicum vocet, roget quid operis siet factum, quid restet, satisne temperi opera sient confecta, possitne quae reliqua sient conficere, et quid factum vini, frumenti aliarumque rerum omnium. Ubi ea cognovit, rationem inire oportet operarum, dierum. Si ei opus non apparet, dicit vilicus sedulo se fecisse, servos non valuisse, tempestates malas fuisse, servos aufugisse, opus publicum effecisse. Ubi eas aliasque causas multas dixit, ad rationem operum operarumque revoca. Cum tempestates pluviae fuerint, quae opera per imbrem fieri potuerint: dolia lavari, picari, villam purgari, frumentum transferri, stercus foras efferri, stercilinum fieri, semen purgari, funes sarciri, novos fieri, centones, cuculiones familiam oportuisse sibi sarcire; per ferias potuisse fossas veteres tergeri, viam publicam muniri, vepres recidi, hortum fodiri, pratum purgari, virgas vinciri, spinas runcari, expinsi far, munditias fieri; cum servi aegrotarint, cibaria tanta dari non oportuisse. Ubi cognita aequo animo sient quae reliqua opera sient, curari uti perficiantur. Rationes putare argentariam, frumentariam, pabuli causa quae parata sunt; rationem vinariam, oleariam, quid venerit, quid exactum siet, quid reliquum siet, quid siet quod veneat; quae satis accipiunda sient, satis accipiantur; reliqua quae sient, uti compareant. Si quid desit in annum, uti paretur; quae supersint, uti veneant; quae opus sient locato, locentur; quae opera fieri velit et quae locari velit, uti imperet et ea scripta relinquat. Pecus consideret. Auctionem uti faciat: vendat oleum, si pretium habeat; vinum, frumentum quod supersit, vendat; boves vetulos, armenta delicula, oves deliculas, lanam, pelles, plostrum vetus, ferramenta vetera, servum senem, servum morbosum, et si quid aliud supersit, vendat. Patrem familias vendacem, non emacem esse oportet.

·         Lugares en donde sembrar los cultivos (VI)
[6] Agrum quibus locis conseras, sic observari oportet. Ubi ager crassus et laetus est sine arboribus, eum agrum frumentarium esse oportet. Idem ager si nebulosus est, rapa, raphanos, milium, panicum, id maxime seri oportet. In agro crasso et caldo oleam conditivam, radium maiorem, Sallentinam, orcitem, poseam, Sergianam, Colminianam, albicerem, quam earum in iis locis optimam dicent esse, eam maxime serito. Hoc genus oleae in XXV aut in XXX pedes conserito. Ager oleto conserundo, qui in ventum favonium spectabit et soli ostentus erit, alius bonus nullus erit. Qui ager frigidior et macrior erit, ibi oleam Licinianam seri oportet. Si in loco crasso aut calido severis, hostus nequam erit et ferundo arbor peribit et muscus ruber molestus erit. Circum coronas et circum vias ulmos serito et partim populos, uti frondem ovibus et bubus habeas, et materies, siquo opus sit, parata erit. Sicubi in iis locis ripae aut locus umectus erit, ibi cacumina populorum serito et harundinetum. Id hoc modo serito: bipalio vortito, ibi oculos harundinis pedes ternos alium ab alio serito. Ibi corrudam serito, unde asparagi fiant. Nam convenit harundinetum cum corruda, eo quia foditur et incenditur et umbram per tempus habet. Salicem Graecam circum harundinetum serito, uti siet qui vineam alliges.
Vineam quo in agro seri oporteat, sic observato. Qui locus vino optimus dicetur esse et ostentus soli, Aminnium minusculum et geminum eugeneum, helvolum minusculum conserito. Qui locus crassus erit aut nebulosior, ibi Aminnium maius aut Murgentinum, Apicium, Lucanum serito. Ceterae vites, miscellae maxime, in quemvis agrum conveniunt.
·         Cómo hacer vino griego (XXIV)

[24] Vinum Graecum hoc modo fieri oportet. Uvas Apicias percoctas bene legito. Ubi delegeris, is eius musti culleum aquae marinae veteris Q. II indito vel salis puri modium; eum in fiscella suspendito sinitoque cum musto distabescat. Si helvolum vinum facere voles, dimidium helvoli, dimidium Apicii vini indito, defruti veteris partem tricesimam addito. Quidquid vini defrutabis, partem tricesimam defruti addito.

·         Llevar a cabo la siembra (XXVII)

[27] Sementim facito, ocinum, viciam, faenum Graecum, fabam, ervum, pabulum bubus. Alteram et tertiam pabuli sationem facito. Deinde alias fruges serito. Scrobes in vervacto oleis, ulmis, vitibus, ficis; simul cum semine serito. Si erit locus siccus, tum oleas per sementim serito, et quae ante satae erunt, teneras tum supputato et arbores ablaqueato.

·         El cuidado de la viña (XXXIII)

[33] Viniam sic facito uti curetur. Vitem bene nodatam deligato recte, fluxuosa uti ne sit, susum vorsum semper ducito, quod eius poteris. Vinarios custodesque recte relinquito. Quam altissimam viniam facito alligatoque recte, dum ne nimium constringas. Hoc modo eam curato. Capita vitium per sementiam ablaqueato. Vineam putatam circumfodito, arare incipito, ultro citroque sulcos perpetuos ducito. Vites teneras quam primum propagato, sic occato; veteres quam minimum castrato, potius, si opus erit, deicito biennioque post praecidito. Vitem novellam resicari tum erit tempus, ubi valebit. Si vinea a vite calva erit, sulcos interponito ibique viveradicem serito, umbram ab sulcis removeto crebroque fodito. In vinea vetere serito ocinum, si macra erit (quod granum capiat ne serito), et circum capita addito stercus, paleas, vinaceas, aliquid horum, quo rectius valeat. Ubi vinea frondere coeperit, pampinato. Vineas novellas alligato crebro, ne caules praefringantur, et quae iam in perticam ibit, eius pampinos teneros alligato leviter corrigitoque, uti recte spectent. Ubi uva varia fieri coperit, vites subligato, pampinato uvasque expellito, circum capita sarito. Salictum suo tempore caedito, glubito arteque alligato. Librum conservato, cum opus erit in vinea, ex eo in aquam coicito, alligato. Viminae, unde corbulae fiant, conservato.

·         Las cosas que son dañinas para el cultivo (XXXVII)
[37] Quae mala in segete sint. Si cariosam terram tractes. Cicer, quod vellitur et quod salsum est, eo malum est. Hordeum, faenum Graecum, ervum, haec omnia segetem exsugunt et omnia quae vellentur. Nucleos in segetem ne indideris.
Quae segetem stercorent fruges: lupinum, faba, vicia. Stercus unde facias: stramenta, lupinum, paleas, fabalia, acus, frondem iligneam, querneam. Ex segeti vellito ebulum, cicutam et circum salicta herbam altam uvamque; eam substernito ovibus bubusque, frondem putidam. Partem de nucleis succernito et in lacum coicito, eo aquam addito, permisceto rutro bene; inde lutum circum oleas ablaqueatas addito, nucleos conbustos item addito. Vitis si macra erit, sarmenta sua concidito minute et ibidem inarato aut infodito. Per hiemem lucubratione haec facito: ridicas et palos, quos pridie in tecto posueris, siccos dolato, faculas facito, stercus egerito. Nisi intermestri lunaque dimidiata tum ne tangas materiem. Quam effodies aut praecides abs terra, diebus VII proximis, quibus luna plena fuerit, optime eximetur. Omnino caveto nequam materiem doles neu caedas neu tangas, si potes, nisi siccam neu gelidam neu rorulentam. Frumenta face bis sarias runcesque avenamque destringas. De vinea et arboribus putatis sarmenta degere et fascinam face et vitis et ligna in cacuminum ficulna et codicillos domino in acervum conpone.
·         Zanjas y hoyos para la vid (XLIII)

[43] Sulcos, si locus aquosus erit, alveatos esse oportet, latos summos pedes tres, altos pedes quattuor, infimum latum P. I et palmum. Eos lapide consternito; si lapis non erit, perticis saligneis viridibus controversus conlatis consternito; si pertica non erit, sarmentis conligatis. Postea scrobes facito altos P. III S, latos P. IIII, et facito de scrobe aqua in sulcum defluat: ita oleas serito. Vitibus sulcos et propagines ne minus P. II S quoquo versus facito. Si voles vinea cito crescat et olea, quam severis, semel in mense sulcos et circum capita oleaginea quot mensibus, usque donec trimae erunt, fodere oportet. Eodem modo ceteras arbores procurato.

·         Cómo hacer el aceite verde (LXV)

[65] Oleum viride sic facito. Oleam quam primum ex terra tollito. Si inquinata erit, lavito a foliis et stercore purgato. Postridie aut post diem tertium, quam lecta erit, facito. Olea ubi nigra erit, stringito. Quam acerbissima olea oleum facies, tam oleum optimum erit. Domino de matura olea oleum fieri maxime expediet. Si gelicidia erunt, cum oleam coges, triduum atque quatriduum post oleum facito. Eam oleam, si voles, sale spargito. Quam calidissimum torcularium et cellam habeto.

·         Deberes del capataz (CXLII)

[142] Vilici officia quae sunt, quae dominus praecepit, ea omnia quae in fundo fieri oportet quaeque emi pararique oportet, quo modoque cibaria, vestimenta familiae dari oportet, eadem uti curet faciatque moneo dominoque dicto audiens sit. Hoc amplius, quo modo vilicam uti oportet et quo modo eae imperari oportet, uti adventu domini quae opus sunt parentur curenturque diligenter.

·         Cómo medir el vino a los compradores (CLIV)

[154] Vinum emptoribus sine molestia quo modo admetiaris. Labrum culleare illae rei facito. Id habeat ad summum ansas IIII, uti transferri possitur. Id imum pertundito; ea fistulam subdito, uti opturarier recte possit; et ad summum, qua fini culleum capiet, pertundito. Id in suggestu inter dolia positum habeto, uti in culleum de dolio vinum salire possit. Id inpleto, postea obturato.


Varrón

·         Vida

Sobre la vida de Marco Terencio Varrón tenemos abundantes noticias. Sabemos que nació en la antigua Seate, una región de la sabina, en el año 116 a. C, en el seno de una familia acomodada, y es que familiares suyos como Cayo Terencio Varrón llegó a ser cónsul. Dada la cuna de la que procedía y como hicieron intelectuales de su época de la talla de Cicerón, Horacio, Virgilio u Ovidio, tuvo la oportunidad de estudiar en Roma. Gelio (XVI, 8, 2) y el Brutus ciceroniano (56, 205) señalan que se formó con maestros como Accio, poeta y gramático, y con un orador y seguidor de la filosofía estoica: Elio Estilón. Además mantenía un vínculo con el círculo cultural dirigido por Lutacio Cátulo, el precursor de los poetae novi.
Tales fueron las dotes como escritor de Varrón, que ya en el 85 a. C. había publicado una obra dedicada a Accio: De antiquitate litterarum, la cual ya nos permite trazar una línea hacia una de las ramas que más interesaba a nuestro autor: la lengua. Tal y como era de esperar, tras finalizar su etapa formativa en la ciudad de Roma, se traslada a Atenas, donde pudo establecer lazos con el propio Cicerón y con el quinto director dela Academia: Antíoco de Ascalona. Sin embargo, detrás de esas intenciones de completar su educación en Grecia también se hallaban causas políticas, si bien, en esos momentos, como señalan Veleyo Patérculo (II, 23) o Plutarco (Sila, 22), la dictadura de Sila les había impulsado a buscar aires nuevos y diferentes a los de la Urbs.
Más adelante, en el 78 a. C. participa en la guerra de Dalmacia como legado de Cosconio. Es en esta ocasión cuando comienza su amistad con Pompeyo, para el cual Varrón compone la Ephemeris navalis, ya que aquel general tenía como misión ir contra la insurrección de Sertorio en Hispania. En esta ocasión, el autor que nos ocupa desempeñaría el mismo papel de legado, aunque esta vez el de Pompeyo, así lo confirman las monedas que se acuñaron en el territorio hispano (años 76-75 a. C.). En el 71 a. C., Varrón regresa a Roma, momento en el que se había nombrado cónsul a Pompeyo para el año siguiente, junto con Marco Lucino Craso, los mismos que llevaron a cabo la anulación y abolición de las reformas de Sila. Nuestro autor escribe otra obra a su amigo: el Isagogicum, que no era más que una fuente de consejos acerca del modo de desempeñar el cargo de cónsul en relación con el Senado. Volviendo a ser nombrado legado de Pompeyo, intervino en la guerra contra los piratas ilíricos, tras la cual, según cuenta Plinio el Viejo en su Naturalis historia (XVI, 7), recibió una distinción que muy pocas veces se otorgaba: la corona navalis.
A lo largo de su vida política, aparte de actuar como legado, pudo desempeñar las labores del tribuno de la plebe, como indica Gelio (XIII, 12, 6) y, más tarde, ocupó la edilidad, como expone Vitrubio en su tratado De architectura (II, 8, 9). No obstante, a pesar de la estrecha relación de amistad que había entre él y Pompeyo, un acontecimiento hizo que estos lazos de unión se fueran desatando: la firma del triunvirato entre aquel, César y Craso. Y es que, teniendo en cuenta su origen sabino, Varrón era amante de las tradiciones antiguas, amigo del orden y del respeto a las leyes. Tal fue el disgusto de nuestro autor, que una de sus fábulas menipeas ponía en ridículo el poder de aquellos tres hombres, con el título de Τρικάρανος, es decir, el monstruo de tres cabezas. Sin embargo, esto no impidió que en el año 59 a. C. se le nombrara vigintivir ad agros dividendos Campanos, cargo por el cual le encargaban la organización de una colonia en Capua, como señala Plinio en su obra ya citada (VII, 176). Esto hacía efectiva la lex Iulia agraria.
Por otra parte, cuando Varrón se ve en la encrucijada de escoger entre el bando de César o el de Pompeyo, una vez muerto Craso, decide ser partidario del segundo, el cual lo envía al frente de dos legiones que tenían el deber de proteger la defensa de la Hispania ulterior hasta la Lusitania, según el testimonio del propio César en su De bello civil (I, 38).
Tras la derrota de Farsalia en el año 48 a. C., por orden de Antonio se le confiscan las tierras a Varrón de Casinum, las cuales, gracias a la intervención de César, le fueron devueltas. Esto se debe, no solo a que nuestro autor se hubiera rendido anteriormente en Córdoba, sino también a la obra que este le había dedicado a aquel, ni más ni menos que los dieciséis libros de las Antiquitates rerum divinarum un año más tarde, justo cuando el dictador ostentaba el cargo de Pontifex Maximus. Asimismo, aparte de restituirle las tierras, César encargó a Varrón la organización de la primera biblioteca pública que vería la luz en Roma, de la cuál nuestro autor sería el director. Así, mediante la recopilación de material bibliográfico y su catalogación, se dotaría de un enorme fondo de conocimiento en la ciudad. Sin embargo, esta empresa no logra llevarse a cabo, y es que aconteció, en el 43 a. C. el asesinato del dictador.
A raíz de esto, así como a causa de su riqueza y de su pasada relación de amistad con Pompeyo, Marco Antonio es, esta vez, quien confisca nuevamente las tierras a Varrón y le añada a la lista de proscritos, según el testimonio de Cicerón en sus Philippicae (II, 40-41), pero logra salvar su vida gracias a la intervención de un amigo que compartía con el difunto César, Quinto Fufio Caleno, tal y como señala Apiano en sus Bella civilia (IV, 47), manteniéndolo oculto en su propia casa. No obstante, al año siguiente (42 a. C.) Octaviano decreta una amnistía tras la batalla de Filipos que hacen que la paz y la calma volvieran a Varrón, el cual se dedicó desde ese mismo instante a su labor investigadora durante los quince últimos años que le restaban de vida, alternando su residencia entre las villas de Casinum y de Tusculum, según el propio testimonio del autor en sus Res rusticae: ut Varro hic fecit noster sub Casino (III, 4, 2) y nam quem fundum in Tusculano emit hic Varro a M. Pupio Pisone (III, 13, 1).
Como últimos hechos dignos de mencionar, Varrón, tras ver imposibilitada su labor como director de la primera biblioteca de Roma, pudo ver un busto que se erigió en su honor en la que fundó Asinio Polión, así lo expresa Plinio en su obra ya citada (VII, 115), y esto es muy destacable porque era la primera vez en la historia que se le otorgaba ese honor a un escritor que aún estuviera vivo.
Murió el mismo año en el que Octavio recibió el título de Augusto, en el 27 a. C. Autores como Valerio Máximo le dedica unas elocuentes palabras: Terentius autem Varro humanae uitae expleto spatio non annis, quibus saeculi tempus aequauit, quam stilo uiuacior fuit: in eodem enim lectulo et spiritus eius et egregiorum operum cursus extinctus est (VIII, 7, 3). Por su parte, Plinio nos permite hacernos una imagen de cómo fue su entierro, fiel a rituales propios del pitagorismo, doctrina filosófica por la cual Varrón había sentido cierta atracción en los últimos años de su existencia: en un sarcófago de arcilla, entre hojas de mirto, de olivo y de álamo negro (XXXV, 160).

·         Obra

A lo largo de la Antigüedad clásica, personajes como Cicerón llegó a escribir muchas obras por las cuales podríamos referirnos a él como autor elocuente, pero, sin lugar a dudas, Varrón es el escritor sabio por antonomasia. Y es que el propio Agustín de Hipona se sorprendía sobremanera ante el hecho de que una persona como aquella no solo hubiera tanto tiempo para leer muchos libros, sino incluso para dedicarse a escribir, si bien su producción literaria fue muy abundante y de diferentes índoles, y así lo expresó el doctor de la Iglesia en su De civitate Dei (VI, 2). Por otro lado, otros autores le dedicaron algunos calificativos en sus obras, como el caso de Plutarco en su Romulus (12): “el hombre de más lectura de los romanos”, en griego, ἄνδρα Ῥωμαίων ἐνἱστορίᾳ βυβλιακώτατον; o de Cicerón en sus Epistulae ad Atticum (XIII, 18, 2), refiriéndose a aquel como hombre polígrafo: ego interea admonitu tuo perfeci sane argutulos libros ad Varronem sed tamen exspecto quid ad ea quae scripsi ad te, primum qui intellexeris eum desiderare a me cum ipse homo polugrafw/tatojnumquam me lacessisset. Y es que gracias a testimonios de esos autores podemos hacernos a la idea de una labor literaria que giraba en torno a los cincuenta o sesenta títulos en seiscientos volúmenes. No obstante, a pesar de todo lo que compuso, solamente nos ha llegado hasta nuestros días una pequeñísima parte: una gran parte de una obra dedicada a la lengua latina (De lingua Latina), fragmentos indirectos que apuntan a lo famosas y consideradas que fueron las composiciones varronianas, y, finalmente, y muy importante para el bloque que nos ocupa, el único tratado que conservamos íntegro del autor, el cual debemos a San Jerónimo, ni más ni menos que Rerum rusticarum libri III.
Sin embargo, veamos las noticias que tenemos acerca de las obras que no nos han llegado de Varrón. Entre ellas encontramos un grupo que se corresponde con las que tienen una finalidad artística. En primer lugar, las Saturae Menippeae, cuya pérdida es bastante lamentable, pues en ellas el autor habría mostrado, sin duda, sus grandes dotes de creación literaria. Solamente se conservan unos seiscientos fragmentos y alrededor de noventa y cinco títulos, todo ello transmitido por personalidades como San Jerónimo y por Nonio Marcelo en su Doctrina compendiosa. La sátira mejor conservada lleva por nombre Las Euménides y, en general, han adoptado el sobrenombre de “menipeas” por el hecho de que se remontan al filósofo cínico griego Menipo de Gádara, perteneciente a los siglos IV y III a. C., lo que ocurre es que Varrón no se limita a traducir al autor griego, sino que lo adapta a una estructura prosimétrica, es decir, alternando el verso y la prosa. Podemos entrever a lo largo de las composiciones esa añoranza al pasado frente al presente que vivió Varrón, repleta de corrupción política y ostentación. Destaca además la predicación de una moral desde el punto de la vista no solo del humor sino también de la erudición, pero sin dar lugar a ataques personales. Tal fue el influjo de esta obra, que, según L. A. Martínez Miguel (2000, p. 29) afirma que “beben en la menipea varroniana, aunque no podamos valorar exactamente en qué grado lo hacen, obras como la Apocolocyntosis de Séneca, de Petronio el Satyricon, Las bodas de Mercurio y Filosofía de Marciano Capela o la Consolación de la Filosofía de Boecio”.
Por otra parte, y dentro de estas obras con finalidad artística, tenemos a los Λογιστορικῶν libri XXVI, en la que habría habido una combinación de realidad histórica con una reflexión filosófica, es decir, una fusión de historia y logos. Nos han llegado noticias también de obras retóricas, concretamente de veintidós libros de Orationes y tres de Suasiones, así como una Laudatio Porciae. Dignos de mención son, en el campo de la poesía propiamente dicha, Poematum libri X y cuatro libros de Saturae, con una clara influencia de Lucilio. Asimismo, son destacables sus Pseudotragoediarum libri VI, una serie de parodias de índole trágica y filosófica cuyo eje temático se centraba en los mitos o tragedias, como era común entre los cínicos.
En segundo lugar, observamos otro grupo que abarca las obras de tipología didáctica. Aquí observaremos el carácter enciclopédico y práctico propio de la producción del autor. Debemos incluir una de las obras más representativas, los Disciplinarum libri IX, que fueron la base del canon medieval de las artes liberales, vigente durante casi quince siglos en el plano europeo. Vemos de qué manera agrupaba Varrón estas artes en nueve apartados, uno por libro: gramática, dialéctica, retórica, geometría, aritmética, astronomía, música, medicina y arquitectura. Aun así, trató en trabajos más pequeños, las diferentes disciplinas por separado. De esta manera, contemplamos los de temática geográfica, los de medicina, derecho o filosofía. En esta última rama del saber se basan su De philosophia o De forma philosophiae libri VIII. Finalmente, dentro de este conjunto, el carácter didáctico se palpa en el Isagogicum ad Pompeium, citado líneas más arriba; en los ocho libros de Epistolicae quaestiones y en el tratad de agricultura que analizaremos un poco más detenidamente en el siguiente apartado.
Otro grupo lo forman obras de temática lingüística y/o literaria, y es que Varrón, por un lado, se interesó en gran manera en aspectos del ámbito teatral, de ahí que compusiera obras como De descriptionibus libri III, en los que probablemente se dedicaría a estudiar los elementos que formaban parte de las comedias; De actis scaenicis libri III, De personis libri III, De scaenicis originibus libri III o De scaenicis actionibus libri III. Dedicó, concretamente, trabajos a autores como Plauto (Quaestionem Plautinarum libri V y De comoediis Plautiniis). Gracias a estos estudios, se pudo concluir en que, de las 130 obras cómicas atribuidas al comediógrafo, por lo menos 21 eran verdaderas, un hecho que hizo posible que llegaran hasta nuestros días, aunque de manera fragmentaria. Asimismo, llevó a cabo el estudio de otros géneros, como el de la biografía, visible en De poetis; otras son De bibliothecis libri III, De lectionibus libri III o De compositione saturarum, la misma en la que abordaría un género muy importante para él y su producción literaria: la sátira. Sin embargo, dentro de los estudios literarios de Varrón, la obra que más destaca es la que abarca los Imaginum libri XV, y es que se trata de una colección de setecientos retratos de personajes célebres, tanto griegos como romanos, agrupados de siete en siete. Finalmente, dentro de este grupo no podemos dejar de lado a una de las dos obras que nos han llegado, aunque en este caso incompleta, a la actualidad: De lingua Latina, obra que, originariamente, ocupaba veinticinco libros, así como otros trabajos que abordaban la analogía del lenguaje (De similitudinem verborum libri III), su anomalía (De utilitate sermonis libri IV), los problemas ortográficos (De antiquitate litterarum), entre otros muchos referentes al origen del latín, al estilo, etc.
Por último, debemos mencionar un último grupo al que pertenecen obras relacionadas con la antigüedad, cuya máxima representante sería la colección de cuarenta y un libros de las Antiquitates, las cuales se dividían en dos partes, una que hablaba de los asuntos de los hombres mortales y otra de los dioses. Además, hemos de tener en cuenta el De vita populi Romani, en la que Varrón expone la historia cultural de la ciudad de Roma. Encontramos otros títulos entre los cuales podemos mencionar De familiis troianis, Rerum urbanarum libri III, De Pompeio libri III o De sua vita libri III, entre otros.

·         Rerum rusticarum libri III 

En este último punto teórico pasaremos a analizar de manera concreta la obra que aborda el tercer bloque en el que nos encontramos. Siguiendo la afirmación de L. A. Hernández Miguel (2000, p. 22), en español se suele traducir como Economía rural o simplemente Agricultura. Su año de publicación gira en torno al 37 a. C., algo tardía si tenemos en cuenta que Varrón contaba en ese momento con ochenta años y al mismo tiempo estaba llevando a cabo la redacción de las Disciplinae. El mismo Hernández Miguel, en el mismo pasaje de su libro, señala que hay estudiosos que afirman que este tratado de agricultura varroniano no es más que la unión de tres composiciones en una sola, para los cuales había dedicado muchos más años de manera independiente. Estos tres trabajos serían De agricultura, De re pecuaria  y De villaticis pastionibus, los cuales, aunque se establecieran en una sola composición, aún siguen dando la impresión de que pertenecen a un todo incompleto.
De todos modos, no cabe duda de que tiene un carácter autobiográfico y el objetivo de entretener a los terratenientes que tenían las mismas inquietudes que el autor. Destaca su estructura dialogada, como si de una obra aristotélica se tratase, pues los interlocutores están en torno al propio Varrón, que se corresponde con el sujeto que establece el hilo conductor de la conversación. Además, no solo personalidades griegas usaron este método, sino que el propio Cicerón lo empleó en muchos de sus tratados, por lo que se puede pensar que el Reatino hubiera decidido parodiar al Arpinate.
Así pues, la obra está formada por tres libros, a los cuales antecede un proemio en el que se plasmaba una dedicatoria, así como la época, la ocasión y el marco espacial donde transcurre la acción. Todos estos campos difieren de un libro a otro, al igual que los interlocutores que hacen acto de presencia en cada parte. Varrón deja claro cuál es la causa de la composición de su tratado desde el principio (I, 1-4), y es que fue su esposa Fundania la que adquirió una finca, por lo que su trabajo literario serviría como ayuda a sus labores agrícolas en ella. No obstante, lo que reafirma nuestra teoría acerca de la discontinuidad a la hora de la redacción de los otros dos libros es que, en el segundo y en el tercero, no se hace alusión alguna a Fundania, y los temas que se tratan rebasan la idea de esa simple parcela de tierra dela que hablábamos.
En lo que a contenidos se refiere, el libro I está dedicado a la agricultura propiamente dicha, sin dejar de alabar la fertilidad de la tierra italiana. El momento en el que transcurre la acción gira en torno a la fiesta invernal de la siembra en el templo de Telus, concretamente entre los años 59 y 57 a. C. Se nos muestra a un Varrón que espera junto con su suegro Gayo Fndanio y sus amigos Gayo Agrio, Publio Agrasio, Gayo Licinio Estolón y Gneo Tremelio Escrofa al encargado del templo. Pone de manifiesto que dentro de la agricultura no se puede contemplar la ganadería, y la discusión continúa acerca de la primera disciplina. Sin embargo, la escena se ve interrumpida por la funesta noticia del asesinato del encargado del templo de Telus, lo cual da por finalizado este primer libro.
Por lo que respecta a libro II, aunque su promeio ofrece una laguna que no deja ver claramente el lugar ni las circunstancias en las que transcurre el diálogo, se puede concluir que está dedicado a Turranio Níger, amigo del autor que nos ocupa en un marco temporal que se puede situar en torno al año 67 a. C. Sin embargo, no cabe duda de que se corresponde con una época festiva, ya que se alude a unos pasteles sagrados y a unos sacrificios. En este caso, los interlocutores que acompañan a Varrón son Tremelio, Escrofa, Ático, Cosinio, Murrio, Vaccio y Quinto Lucieno, si bien hemos de tener en cuenta que nombres como el segundo o el penúltimo hacen referencia a animales (scrofa significa “cerda”, mientras que vacca es “vaca”). Y es que, como es de esperar por lo que acabamos de comentar, este libro está consagrado a la ganadería, un total de once capítulos que podemos dividir en tres según aborde el ganado menor, el mayor o los animales improductivos, como son el gato o el perro. Destaca una composición en la que cada individuo tiene, en cada intervención, un papel informativo acerca del tema en cuestión. Tal y como sucedía en el libro I, al final de este, irrumpe otro personaje, en esta ocasión un liberto de Vítulo, con el fin de invitar a los participantes del diálogo a una fiesta que organizaba su amo. Hemos de exponer una serie de incoherencias que se hay entre el proemio y el contenido del libro II, y es que, a pesar de que se afirme que la ganadería y la agricultura no se pueden unir en una sola disciplina, el autor señala que un terrateniente debe conocer ambas. Por otro lado, aun sabiendo que esta segunda parte se encargaría de tratar el tema de la cría de ganado, en el contenido del mismo se ataca a esta misma (II, Praef, 1-3). Esto es más que suficiente para demostrar que la introducción y lo que viene luego no son contemporáneos.
Finalmente, en relación con el contenido de la obra, el tercer libro transcurre en el mismo momento de las elecciones a edil, que se correspondían con los años que van del 60 al 50 a. C., en la Villa Pública, la cual se encontraba en el Campo de Marte. La dedicatoria, en este último caso, va dirigida a un amigo y vecino de la Sabina de Varrón llamado Pinnio. El eje temático gira en torno a la cría de animales que guardaban, de una u otra forma, relación con la granja, entiéndase peces, caracoles o pájaros. A diferencia del segundo libro, la composición aborda también la economía rural, así como diferentes técnicas. Aparte de Varrón, son interlocutores en el diálogo tres personajes que no habían aparecido antes: Lucio Cornelio Mérula, el cual, si tenemos en cuenta su cognomen (merula, es decir, “mirlo”), sabremos a qué hace referencia en su intervención: a las aves; en segundo lugar, Apio Claudio Pulcro el Augur, quien se encarga de hablar de los cotos de caza; los viveros de peces, finalmente, son tratados por el senador Quinto Axio. Asimismo, hay personajes secundarios que no intervienen a lo largo del tercer libro que tienen nombres relacionados con las aves, lo cual muestra ese humor que estaba presenta en la producción varroniana. Antes de concluir esta última parte del tratado de agricultura, se alude al ganador de las elecciones y sus felicitaciones. Destacan pasajes en los que el propio autor habla de la pajarera que poseía Varrón en su finca de Casinum (III, 5, 9-17), así como la exposición de las abejas (III, 16, 4-9).
Finalmente, hemos de hablar de las fuentes que influyeron en la redacción, y es el propio autor el que afirma que fueron su propia experiencia, los libros y la oralidad. No cabe duda lo asequible que era para Varrón la posibilidad de observar sus tierras, así como las dotes como ingeniero agrícola que había demostrado tener en el momento del reparto de fincas en Campania. Por otro lado, al principio del tratado aporta un listado de unos cincuenta autores griegos, ni uno solo latino, con sus respectivas obras. Los que mayor presencia tenían eran Aristóteles, y su Investigación sobre los animales y la Generación de los animales; y Teofrasto (Historia de las plantas y Orígenes de las plantas).
Selección de textos extraídos del tratado

·         Fundania, contenido y circunstancias de la obra (I, 1)
Otium si essem consecutus, Fundania, commodius tibi haec scriberem, quae nunc, ut potero, exponam cogitans esse properandum, quod, ut dicitur, si est homo bulla, eo magis senex. Annus enim octogesimus admonet me ut sarcinas conligam, antequam proficiscar e vita. Quare, quoniam emisti fundum, quem bene colendo fructuosum cum facere velis, meque ut id mihi habeam curare roges, experiar; et non solum, ut ipse quoad vivam, quid fieri oporteat ut te moneam, sed etiam post mortem. Neque patiar Sibyllam non solum cecinisse quae, dum viveret, prodessent hominibus, sed etiam quae cum perisset ipsa, et id etiam ignotissimis quoque hominibus; ad cuius libros tot annis post publice solemus redire, cum desideramus, quid faciendum sit nobis ex aliquo portento: me, ne dum vivo quidem, necessariis meis quod prosit facere. Quocirca scribam tibi tres libros indices, ad quos revertare, siqua in re quaeres, quem ad modum quidque te in colendo oporteat facere. Et quoniam, ut aiunt, dei facientes adiuvant, prius invocabo eos, nec, ut Homerus et Ennius, Musas, sed duodecim deos Consentis; neque tamen eos urbanos, quorum imagines ad forum auratae stant, sex mares et feminae totidem, sed illos XII deos, qui maxime agricolarum duces sunt. Primum, qui omnis fructos agri culturae caelo et terra continent, Iovem et Tellurem: itaque, quod ii parentes, magni dicuntur, Iuppiter pater appellatur, Tellus terra mater. Secundo Solem et Lunam, quorum tempora observantur, cum quaedam seruntur et conduntur. Tertio Cererem et Liberum, quod horum fructus maxime necessari ad victum: ab his enim cibus et potio venit e fundo. Quarto Robigum ac Floram, quibus propitiis neque robigo frumenta atque arbores corrumpit, neque non tempestive florent. Itaque publice Robigo feriae Robigalia, Florae ludi Floralia instituti. Item adveneror Minervam et Venerem, quarum unius procuratio oliveti, alterius hortorum; quo nomine rustica Vinalia instituta. Nec non etiam precor Lympham ac Bonum Eventum, quoniam sine aqua omnis arida ac misera agri cultura, sine successu ac bono eventu frustratio est, non cultura. Iis igitur deis ad venerationem advocatis ego referam sermones eos quos de agri cultura habuimus nuper, ex quibus quid te facere oporteat animadvertere poteris. in quis quae non inerunt et quaeres, indicabo a quibus scriptoribus repetas et Graecis et nostris.
Qui Graece scripserunt dispersim alius de alia re, sunt plus quinquaginta. Hi sunt, quos tu habere in consilio poteris, cum quid consulere voles, Hieron Siculus et Attalus Philometor: de philosophis Democritus physicus, Xenophon Socraticus, Aristoteles et Theophrastus peripatetici, Archytas Pythagoreus: item Amphilochus Atheniensis, Anaxipolis Thasius, Apollodorus Lemnius, Aristophanes Mallotes, Antigonus Cymaeus, Agathocles Chius, Apollonius Pergamenus, Aristandros Atheniensis, Bacchius Milesius, Bion Soleus, Chaeresteus et Chaereas Athenienses, Diodorus Prieneus, Dion Colophonius, Diophanes Nicaeensis, Epigenes Rhodios, Euagon Thasius, Euphronii duo, unus Atheniensis, alter Amphipolites, Hegesias Maronites, Menandri duo, unus Prieneus, alter Heracleotes, Nicesius Maronites, Pythion Rhodius. De reliquis, quorum quae fuerit patria non accepi, sunt Androtion, Aeschrion, Aristomenes, Athenagoras, Crates, Dadis, Dionysios, Euphiton, Euphorion, Eubulus, Lysimachus, Mnaseas, Menestratus, Plentiphanes, Persis, Theophilus. Hi quos dixi omnes soluta oratione scripserunt; easdem res etiam quidam versibus, ut Hesiodus Ascraeus, Menecrates Ephesius. Hos nobilitate Mago Carthaginiensis praeteriit, poenica lingua qui res dispersas comprendit libris XXIIX, quos Cassius Dionysius Uticensis vertit libris XX ac Graeca lingua Sextilio praetori misit: in quae volumina de Graecis libris eorum quos dixi adiecit non pauca et de Magonis dempsit instar librorum VIII. Hosce ipsos utiliter ad VI libros redegit Diophanes in Bithynia et misit Deiotaro regi. Quo brevius de ea re conor tribus libris exponere, uno de agri cultura, altero de re pecuaria, tertio de villaticis pastionibus, hoc libro circumcisis rebus, quae non arbitror pertinere ad agri culturam. Itaque prius ostendam, quae secerni oporteat ab ea, tum de his rebus dicam sequens naturales divisiones. Ea erunt ex radicibus trinis, et quae ipse in meis fundis colendo animadverti, et quae legi, et quae a peritis audii.
·         La fertilidad de Italia (I, 2)

Cum consedissemus, Agrasius, Vos, qui multas perambulastis terras, ecquam cultiorem Italia vidistis? inquit. Ego vero, Agrius, nullam arbitror esse quae tam tota sit culta. Primum cum orbis terrae divisus sit in duas partes ab Eratosthene maxume secundum naturam, ad meridiem versus et ad septemtriones, et sine dubio quoniam salubrior pars septemtrionalis est quam meridiana, et quae salubriora illa fructuosiora, dicendum utique Italiam magis etiam fuisse opportunam ad colendum quam Asiam, primum quod est in Europa, secundo quod haec temperatior pars quam interior. Nam intus paene sempiternae hiemes, neque mirum, quod sunt regiones inter circulum septemtrionalem et inter cardinem caeli, ubi sol etiam sex mensibus continuis non videtur. Itaque in oceano in ea parte ne navigari quidem posse dicunt propter mare congelatum. Fundanius, Em ubi tu quicquam nasci putes posse aut coli natum. Verum enim est illud Pacuvi, sol si perpetuo sit aut nox, flammeo vapore aut frigore terrae fructos omnis interire. Ego hic, ubi nox et dies modice redit et abit, tamen aestivo die, si non diffinderem meo insiticio somno meridie, vivere non possum. Illic in semenstri die aut nocte quem ad modum quicquam seri aut alescere aut meti possit? Contra quid in Italia utensile non modo non nascitur, sed etiam non egregium fit? Quod far conferam Campano? Quod triticum Apulo? Quod vinum Falerno? Quod oleum Venafro? Non arboribus consita Italia, ut tota pomarium videatur? An Phrygia magis vitibus cooperta, quam Homerus appellat ampeloessan, quam haec? Aut tritico Argos, quod idem poeta polupuron? In qua terra iugerum unum denos et quinos denos culleos fert vini, quot quaedam in Italia regiones? An non M. Cato scribit in libro Originum sic: 'ager Gallicus Romanus vocatur, qui viritim cis Ariminum datus est ultra agrum Picentium.

·         Alabanza al campesino antiguo (II, Praef.)

Viri magni nostri maiores non sine causa praeponebant rusticos Romanos urbanis. Ut ruri enim qui in villa vivunt ignaviores, quam qui in agro uersantur in aliquo opere faciendo, sic qui in oppido sederent, quam qui rura colerent, desidiosiores putabant. Itaque annum ita diviserunt, ut nonis modo diebus urbanas res usurparent, reliquis septem ut rura colerent. Quod dum servaverunt institutum, utrumque sunt consecuti, ut et cultura agros fecundissimos haberent et ipsi valetudine firmiores essent, ac ne Graecorum urbana desiderarent gymnasia. Quae nunc vix satis singula sunt, nec putant se habere villam, si non multis vocabulis retinniat Graecis, quom vocent particulatim loca, procoetona, palaestram, apodyterion, peristylon, ornithona, peripteron, oporothecen. Igitur quod nunc intra murum fere patres familiae correpserunt relictis falce et aratro et manus movere maluerunt in theatro ac circo, quam in segetibus ac vinetis, frumentum locamus qui nobis advehat, qui saturi fiamus ex Africa et Sardinia, et navibus vindemiam condimus ex insula Coa et Chia.

·         Descripción de la pajarera de Casinum (III, 5)

Cum habeam sub oppido Casino flumen, quod per villam fluat, liquidum et altum marginibus lapideis, latum pedes quinquaginta septem, et e villa in villam pontibus transeatur, longum pedes DCCCCL derectum ab insula, quae est in imo fluvio, ubi confluit altera amnis, ad summum flumen, ubi est museum, circum huius ripas ambulatio sub dio pedes lata denos, ab hac est in agrum versus ornithonis locus ex duabus partibus dextra et sinistra maceriis altis conclusus. Inter quas locus qui est ornithonis deformatus ad tabulae litterariae speciem cum capitulo, forma qua est quadrata, patet in latitudinem pedes XLVIII, in longitudinem pedes LXXII; qua ad capitulum rutundum est, pedes XXVII. Ad haec, ita ut in margine quasi infimo tabulae descripta sit, ambulatio, ab ornithone plumula, in qua media sunt caveae, qua introitus in aream est. In limine, in lateribus dextra et sinistra porticus sunt primoribus columnis lapideis, pro mediis arbusculis humilibus ordinatae, cum a summa macerie ad epistylium tecta porticus sit rete cannabina et ab epistylio ad stylobaten. Hae sunt avibus omnigenus oppletae, quibus cibus ministratur per retem et aqua rivolo tenui affluit. Secundum stylobatis interiorem partem dextra et sinistra ad summam aream quadratam e medio diversae duae non latae oblongae sunt piscinae ad porticus versus. Inter eas piscinas tantummodo accessus semita in tholum, qui est ultra rutundus columnatus, ut est in aede Catuli, si pro parietibus feceris columnas. Extra eas columnas est silva manu sata grandibus arboribus, ut infima perluceat, tota saepta maceriis altis. Intra tholi columnas exteriores lapideas et totidem interiores ex abiete tenues locus est pedes quinque latus. Inter columnas exteriores pro pariete reticuli e nervis sunt, ut prospici in silvam possit et quae ibi sunt videri neque avis ea transire. Intra interiores columnas pro pariete rete aviarium est obiectum. Inter has et exteriores gradatim substructum ut theatridion avium, mutuli crebri in omnibus columnis impositi, sedilia avium. Intra retem aves sunt omnigenus, maxime cantrices, ut lusciniolae ac merulae, quibus aqua ministratur per canaliculum, cibus obicitur sub retem. Subter columnarum stylobaten est lapis a falere pedem et dodrantem alta; ipsum falere ad duo pedes altum a stagno, latum ad quinque, ut in culcitas et columellas convivae pedibus circumire possint. Infimo intra falere est stagnum cum margine pedali et insula in medio parva.

·         Vida de las abejas (III, 16)
Primum apes nascuntur partim ex apibus, partim ex bubulo corpore putrefacto. Itaque Archelaus in epigrammate ait eas ese boos phthimenes peplanemena tekna, ídem hippon men sphekes genea, moschon de melissai.
Apes non sunt solitaria natura, ut aquilae, sed ut homines. Quod si in hoc faciunt etiam graculi, at non idem, quod hic societas operis et aedificiorum, quod illic non est, hic ratio atque ars, ab his opus facere discunt, ab his aedificare, ab his cibaria condere. Tria enim harum: cibus, domus, opus, neque idem quod cera cibus, nec quod mel, nec quod domus. Non in favo sex angulis cella, totidem quot habet ipsa pedes? Quod geometrae hexagonon fieri in orbi rutundo ostendunt, ut plurimum loci includatur. Foris pascuntur, intus opus faciunt, quod dulcissimum quod est, et deis et hominibus est acceptum, quod favus venit in altaria et mel ad principia convivi et in secundam mensam administratur. Haec ut hominum civitates, quod hic est et rex et imperium et societas. Secuntur omnia pura. Itaque nulla harum adsidit in loco inquinato aut eo qui male oleat, neque etiam in eo qui bona olet unguenta. Itaque iis unctus qui accessit, pungunt, non, ut muscae, ligurriunt, quod nemo has videt, ut illas, in carne aut sanguine aut adipe. Ideo modo considunt in eis quorum sapor dulcis. Minime malefica, quod nullius opus vellicans facit deterius, neque ignava, ut non, qui eius conetur disturbare, resistat; neque tamen nescia suae imbecillitatis. Quae cum causa Musarum esse dicuntur volucres, quod et, si quando displicatae sunt, cymbalis et plausibus numero redducunt in locum unum; et ut his dis Helicona atque Olympon adtribuerunt homines, sic his floridos et incultos natura adtribuit montes. 

BIBLIOGRAFÍA

The Latin Library: recurso en línea con dirección http://www.thelatinlibrary.com/. Todos los textos en latín han sido tomados de esta página.
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